Córdoba, la cuenta pendiente del "Sapito" Coleoni

Deportes 22/11/2019 Por Federico Jelic
"Sapito" sigue escribiendo su historia dorada en Central Córdoba de Santiago del Estero. No obstante, sus pasos por Talleres y Racing no tuvieron el brillo que después consiguió en buena ley.
Coleoni Centra Cordoba © nuevodiario
- El sorprendente Central Córdoba es la mejor performace de Coleoni, con dos ascensos (del Federal C a la Superliga) y ahora finalista de la Copa Argentina. Foto: gentileza

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Venerado en Santiago del Estero. Excelentemente conceptuado en Tandil. Resucitador en Formosa. Motivo de ilusión en Salta...  Gustavo Coleoni fue gestando un perfil de entrenador motivador, encontrando refugio lejos de su Córdoba natal, donde por diversas cuestiones del destino, no llegó a ser profeta como en esas tierras nombradas anteriormente.

A pesar de que dirigió en Racing de Nueva Italia en dos ciclos y en Talleres, justo en uno de los momentos más tormentos en el ex Argentino A, más allá de ser un perfil entrañable, cautivante y de buen humor, no contó con más chances de demostrar el mismo potencial que en buena ley se ganó en otras latitudes.

El sorprendente Central Córdoba es un ejemplo: con dos ascensos (del Federal C a la Superliga) y ahora finalista de la Copa Argentina, forzando la pulseada nada menos que contra River, campeón vigente de la Copa Libertadores. Sus hinchas no quieren despertar del sueño.

Su aventura como DT comenzó en 2006 cuando Jorge Petrone junto a Mariano Massena, gerenciador y presidente de Racing en ese entonces, le dieron la posibilidad de conducir al equipo principal. Juan Manuel Ramos ya era historia y la dirigencia optó por darle confianza a quien venía de ser campeón del torneo de la Liga Cordobesa. De hecho, muchos de esos futbolistas tuvieron su debut en ese proceso, que quedó en la orilla de la B Nacional al perder la final por penales a manos del San Martín de Tucumán de Carlos Roldán. De todas maneras, en Córdoba es donde sigue siendo su cuenta pendiente.

De las cinco finales que perdió, la primera fue en su bautismo, con Racing, y después edificó una carrera sacrificada con los vaivenes lógicos. No obstante de a poco se va quitando la etiqueta de “Técnico del ascenso” que tan bien le queda, como para convertirse en un entrenador todo terreno, Primera inclusive. El desafío es consolidarse y encontró en Santiago su lugar en el mundo. ¿Tendrá revancha en Córdoba alguna otra vez?

Coleoni Talleres © Diego Roscop
Coleoni dirigió a Talleres en uno de los momentos más tormentos en el ex Argentino A. Foto: Diego Roscop.




Racing y Talleres, con pasos no muy felices

Coleoni no tuvo la misma suerte en Córdoba que en Tandil, Formosa, Salta o Santiago. De aquella final ante los tucumanos inició un derrotero por todo el Federal A (en ese entonces Argentino A) sin suerte de campeonato pero siempre protagonista, salvo en su segunda etapa en Central Norte. En ese Racing del 2006, potenció juveniles como Matías Manzano, Pablo Azcurra, Matías Cuello, Matías Rinaudo, Carlos De Giorgis, entre otros.  Pero después tras la salida de Petrone y Masena, no acordó condiciones con la nueva dirigencia a cargo de Antonio Ruiz y terminó firmando en Juventud Antoniana, iniciando su periplo por el interior.

En su club de toda la vida, Talleres, apenas fue una experiencia, un tanto fallida. Tomó la drástica decisión de abandonar Central Norte al que mantenía como puntero en la Tercera División, y apenas fue contactado por el Fondo de Inversión ni siquiera titubeó para decidir su mudanza a Córdoba. Dirigir en su casa era la máxima tentación. Ya eran historia Héctor Arzubialde y Héctor Chazarreta, por lo que ocupó ese cargo vacante para asumir la presión que había dejado en el camino a los anteriores.

No pudo ser: tuvo un buen arranque pero en el nonagonal fue goleado en barrio Jardín 5-1 por Brown de Puerto Madryn (que a la postre terminó llegando a la B Nacional, de la mano de Sialle) y luego en el Reducido fue eliminado en el primer mano a mano frente al sorprendente Libertad de Sunchales. La derrota en barrio Jardín en la ida ya parecía marcar su destino de salida inminente, que de acuerdo al análisis de los dirigentes, por la jerarquía del rival, era imperdonable ese paso en falso. Después de 48 horas fue destituido.

El “Sapito” tuvo que armar otra vez el bolso e intentar suerte en otras provincias. Destierro de su Córdoba justo de su casa, del lugar donde nunca hubiera querido irse. De ese plantel sobresalían Adrián Aranda, Leandro Sacripanti, Nery Leyes, Walter Ribonetto y Claudio Riaño, entre otros.

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"“Yo soy de hablar mucho, porque soy petiso, sino no me dan bola. Al jugador le llego de otra forma, no gritando en el vestuario ni buscando imponerme". Foto: Gentileza



Dos años después, en 2012, Córdoba le volvió a abrir las puertas. Mejor dicho, Nueva Italia, ya que fue contactado para armar el plantel, empezar de cero la historia, y logró la clasificación al reducido final después de dos estériles intentos previos de la entidad. De hecho, le ganó a Talleres 3-0 en el Mario Kempes, con un “baile” incluido, fue la última victoria de los albicelestes sobre los albiazules a nivel oficial. Pero no tuvo tiempo para festejarlo porque dos partidos después cayó en Pergamino, firmando su cesanteo, con una relación más que tirante con la dirigencia.

Luis Rivero, Pablo Vilchez, Yamil Garnier y también al lateral izquierdo Jonathan Bay, a quien hizo debutar esa temporada y hoy lo tiene en sus filas en Central Córdoba, son algunos de los exponente que tuvo a disposición en el plantel. Al año siguiente, Racing cayó en desgracia y se terminó yendo al Argentino B.


Córdoba para siempre

De todas maneras, el hilo rojo que une a Coleoni con Córdoba es perpetuo. El ex bar Champions de barrio Jardín, el restaurante peruano, los bares del centro, los amigos del torneo de la UCFA son parte de su cotidianeidad. Y sus registros siguen grabado a fuego, recordando sus andanzas como “Cebollita” de Talleres y su etapa como taxista cuando no pudo consolidarse como futbolista profesional. Superó la etapa de las inyecciones con hormonas de monos, con la ilusión  de poder crecer algunos centímetros y superar la vara del 1,60 centímetros.

Parece un personaje de caricatura, y casi lo es, pero detrás hay un DT con aspiraciones de crecer y que tiene a la provincia santiagueña en vilo con la sed de un título. Córdoba lo respeta por sus méritos fuera de sus límites territoriales, con puntos suspensivos en el horizonte respecto de  un posible regreso suyo que tenga los mismos tintes de gloria que cosechó en el norte.

“Yo soy de hablar mucho, porque soy petiso, sino no me dan bola. Al jugador le llego de otra forma, no gritando en el vestuario ni buscando imponerme. Ese es mi estilo, motivando pero sin dejar de cuidar el trato de la pelota. Pero siempre con los jugadores me maneje con frontalidad”, declara “Sapito”, cuyo ídolo es otro batracio: la “Rana Daniel Valencia. Ahora, después de 13 años de trayectoria, sobre todo en el ascenso, se encuentra a un paso de la leyenda: a 90 minutos de llegar a la Copa Libertadores de América con el elenco santiagueño.

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