Carlos Masera, ex dirigente de Sitrac: “Es preferible morir de pie que vivir de rodillas”

En el mes de los trabajadores –por el 1° de mayo y los 55 años del Cordobazo- la Comisión y el Archivo Provincial de la Memoria, junto a la CGT Córdoba, homenajearon al ex secretario general de Sitrac y a militantes sindicales que protagonizaron las gestas obreras en los sesenta y setenta.

Córdoba 30/05/2024 Katy García (*)
Nagera y Masera Foto gentileza
Carlos Masera dialoga con Roberto Eladio Nágera durante el acto en la CGT. Fotos: gentileza Angelina Agüero

El acto del pasado jueves 23 de mayo, fue organizado por el Archivo y la Comisión Provincial de la Memoria (APM) la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia y la CGT Córdoba.

Laura Villa tuvo a cargo de la conducción del acto homenaje a Carlos “El Gringo” Masera y a otros dirigentes que integraron el movimiento obrero organizado en los años ‘60 y ‘70.

En su figura, reconocen la lucha de las y los compañeros que participaron de aquellas luchas por recuperar derechos y en contra de las dictaduras. Tras resumir el trayecto histórico que describe “la naturaleza política de los procesos de producción” antes, durante y después del golpe del ’76 desde la visión del libro El Torno y la molotov” (1), se lanzaron preguntas claves para recorrer un proceso histórico que busca respuestas en el presente.

¿De qué hablamos hoy cuando nos referimos a la clase obrera? ¿Sobrevivió el proletariado a la larga noche del  neoliberalismo o es un concepto caduco? En ese contexto se convidó a debatir y reflexionar.

Memorias de un dirigente

Carlos “El Gringo” Masera (91) fue la figura central del homenaje a dirigentes sindicales que protagonizaron luchas emblemáticas en los años ‘60 y ‘70. Participó de la experiencia sindical clasista Sitrac-Sitram. Pese al día lluvioso y frío asistió la mayoría de los convocados junto a familiares y dirigentes en actividad al edificio histórico de la CGT Córdoba.

Masera, dueño de una lucidez y memoria envidiables, narró pasajes de la enorme lucha que llevaron adelante con otros compañeros para lograr sindicatos plurales y combativos que defiendan a los trabajadores. Para lograrlo, llevaron adelante una lucha inesperada para el resto.  Tomaron la fábrica para lograrlo y para reincorporar delegados y dirigentes despedidos que pugnaban por cambiar la comisión directiva manejada por burócratas.

“Yo no entiendo nada de política, tenía tercer grado, no tenía preparación, pero si mucha experiencia”, dijo al inicio, el dirigente nacido en Calchín. En aquellos años trabajó en la fábrica de aviones y luego en la vieja Ika Renault, pero renunció para techar su casa con la indemnización. Después ingresó a la Fiat empresa que no permitía la libre afiliación.

Cuando asumió Arturo Illia el ministro de trabajo le  otorgó la personería al Sitrac -uno de los sindicatos muy ligado a las empresas y  manejado por la burocracia. A la fábrica italiana le convenía porque así “escapaba de los grandes sindicatos como la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y el Smata” y del apoyo externo.

“Nosotros no participamos del Cordobazo porque era tal el poder de la empresa que no  pudimos zafar de ese control, por eso las luchas eran permanentes”.

Después del Cordobazo, se renovaron los ánimos y decidieron reformular el convenio colectivo. La asamblea se llevó a cabo al mediodía y “se armó  un tumulto porque se juntaron más de dos mil compañeros en el comedor”.  A la hora de elegir al presidente  lo proponen a Rafael Clavero pero no era afiliado. En ese momento él dijo “Cómo puede ser que haya 30 afiliados sobre tres mil trabajadores”, entonces suspendieron la asamblea, levantaron los papeles y se fueron.

“Me subí a una tarima  y dije: bueno, nuestros dirigentes nos abandonaron. Yo sabía que era algo transitorio pero aproveché el momento y pedí que se eligiera una nueva comisión. En ese momento, un compañero, Víctor Brizuela, me tira del pantalón por debajo de la mesa y me dice: Gringo no se puede y me muestra el estatuto”. Para remover la comisión había que reunir varios requisitos. Retiró la moción y propuso otra: “formar una comisión provisoria a los efectos de que se hagan los trámites legales para remover la comisión actual. Fue aprobada, pero para mí fue fatal, porque todos creían que sabía;  pero me consolidó con tanta fuerza que cuando se organizó me reincorporaron”.

A los días se dirigen a la gobernación para gestionar lo aprobado junto a (Francisco) Amuchástegui que “toda su vida luchó contra la burocracia y quería ser candidato a secretario general y yo lo apoyaba” dijo que iba a renunciar y pedir la indemnización. Logró disuadirlo con esta promesa: “Cuando llegue vamos a tomar la fábrica. Y entonces el Cuqui Curuchet le dice: ¿se puede? Si, se puede, le dije, porque estaba seguro”. Ahí nomás lo mandaron al secretario de prensa Rafael Cravero al centro para que esté atento a los acontecimientos. Uno de los momentos de alta emoción se produjo cuando evocó precisamente al abogado defensor de sindicalistas y presos políticos Alfredo “Cuqui” Curuchet (33) asesinado por la Triple A.

El chaqueño Giménez “un delegado grandote, fuerte y combativo” cerró el portón de la fábrica y sabiendo que la comisión provisoria estaba bien conceptuada tomaron la fábrica.  Fue ahí que un militar de seguridad le dijo:

– ¿No le parece a usted que el cierre compulsivo es una toma de la fábrica?

–Usted sabe que sí. Me di media vuelta y les dije: compañeros hemos tomado la fábrica.– Me la dio regalada, agregó.

Pero de pronto “desaparecieron todos los combativos… dijo en tono de broma y tuvo que retarlos. “Váyanse  a la mierda, son unos cagones…”. A todo esto, el primer piso del edificio estaba listo  para todos los rehenes y la planta baja para los militantes. Después que el ejército los sacó de la planta recordó con afecto a un hombre de la empresa de apellido Espósito una buena persona le dijo: “no vine de Italia a esto, vine a ayudar a la Argentina, renunció y se fue”.

“El final fue dramático. En vísperas de la navidad despiden a tres compañeros y el jefe de personal Ovidio Podestá bautizado como Ofidio tomó la decisión. Entre ellos estaba el delegado Palada del Peronismo revolucionario, muy combativo. Habló entonces con Couzo – responsable del peronismo en esta provincia-y  le avisó que no iban a poder defenderlo porque la gente estaba abocada con la Navidad.

Acto homenaje a Masera gentileza

No somos ningunos burócratas

Al día siguiente, vino a Córdoba el dirigente nacional de la CGT,  Raimundo Ongaro. “Hemos decidido que tomen la fábrica,  metan a todo el personal con las familias, se quedan ahí y hagan una huelga de hambre”, le dice. Carlos le responde que no estaba de acuerdo pero que iba a respetar lo que se decida en asamblea. Fue ahí que el gringo (Domingo Valentín) Bizzi que era secretario adjunto, le propuso que lo hagan ellos en la parroquia de Ferreyra.

En ese preciso instante el chaqueño Giménez se puso a llorar y dijo: ‘le vamos a demostrar a los compañeros que no somos ningunos burócratas. Nos vamos  a sacrificar en defensa de ellos y la vamos hacer nosotros en la iglesia’.

“Y la hicimos. Fue preciosa, me acuerdo que el cura Quelo  Giancaglia nos dijo que sí pero antes tuvo que avisarle a Primatesta”. Fueron al arzobispado y como a él lo etiquetaban como “comunista” no fue. Aclara que era de izquierda lo que sería hoy estar cerca del kirchnerismo. “Pero tengo que reconocer que era muy Castrista y Guevarista. Cómo no iba a serlo si San Martín pudo correr a los españoles para liberarnos de ser colonia, Castro hizo exactamente lo mismo, y lo hizo bien”.

Huelga de hambre y toma

Finalmente la huelga de hambre se realizó en la capilla, con guitarras, ajedrez y discusiones. A los días, cuando volvieron a trabajar habían despedido a Bizzi, Giménez, Díaz, Flores y Páez. Volvieron a tomar la fábrica y lo llamó al abogado Martin Federico. Corrieron la voz que pronto vendría el ejército a echarlos. De a poco, fueron largando los rehenes durante la noche. A la madrugada, empezaron a llegar estudiantes, familiares y vecinos a brindarles apoyo. A los días, se presentó un negociador, se dictó la conciliación obligatoria y volvieron todos al trabajo.

Sobre el final sintetizó su trayectoria en una frase de la revolucionaria española Dolores Ibárruri: “Es preferible morir de pie que vivir de rodillas”. También dijo durante su relato: “Soy un dirigente circunstancial. No soy merecedor de esto, porque imaginensé que si vivieran Atilio López y Elpidio Torres, yo estaría en mi casa”, dijo con total convencimiento.

(*) publicado en https://prensared.org.ar  (extracto)

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