Riesgos de disgregación territorial y cultural en una Argentina desconcertada

Señales surgen de la inconsistencia por el posicionamiento en el mapa mundial geopolítico y de manifestaciones del pensamiento político y cultural desde y hacia adentro del país.

Ed Impresa 01/09/2023 Flavio Colazo
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Carlos Rosenkrantz, miembro de la Corte Suprema de Justicia: “No es verdad que donde hay una necesidad hay un derecho”. Foto: NA

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Especial para La Nueva Mañana

ANÁLISIS

¿Cuánto hace que África no era más que un conglomerado de colonias europeas, o que Yugoslavia y Checoslovaquia dejaron de ser naciones/estado plenamente conformadas?  ¿Cuánto ha pasado desde que Texas y California pertenecieron a México, y que Panamá formaba parte de Colombia? Nada, en tiempos históricos, un tris. El actual estado de situación en la geopolítica global tiende a propugnar una serie ininterrumpida de desintegraciones nacionales de todo tipo en aras de favorecer a los intereses de los grandes poderes mundiales. El precepto que rige es el de Maquiavelo: “Divide y reinarás”. Según lo que se observa en distintas áreas culturales y `políticas  locales se puede concluir que Argentina no está exenta de correr el riesgo de asumir un destino fragmentario y marginal. A quien el término desintegración le parezca tremendista -o exagerado- es posible recomendarle el sencillo ejercicio de googlear la evolución de los mapas del mundo –el occidental al menos- siglo tras siglo. 

Argentina, dentro de una situación internacional en fragmentación 

Hoy pareciera que las piezas que conforman el puzle del mapamundi del planeta se hubieran empapado en un diluvio bíblico, y que luego hubieran sido puestas a secar en el Sahara, y así, con esas piezas deformadas, los encargados de armar el rompecabezas global hoy pugnaran por tratar de encontrar el modo de insertar las piezas de sus países en el marco establecido, muchas veces –fracasadas las sutilezas- a fuerza de martillazos. También hay naciones/estado que hoy dan la impresión de pretender auto someterse a un proceso de lavado/secado que la deforme –en cuanto pieza- y perjudique su encastre en el puzle, más no sea como para estar a la moda. Argentina pareciera ser un caso de estos; porque cuando todo aparenta alinearse como para atisbar una salida más o menos ordenada de la mayor crisis que ha atravesado jamás, de modo imprevisto parece estar dispuesta –elecciones mediante- a complotar contra sí en una maniobra táctica  estrafalaria en grado máximo.

Javier Milei, acaba de decir y repetir que su espacio de pensamiento político entienden a la justicia social como una aberración. Este pensamiento tiende a modificar no ya un gobierno, ni siquiera a un sistema de gobierno, sino a la concepción moral colectiva de la política más profunda de nuestra nación. 

Saliendo antes de entrar

Luego de arduas y densísimas negociaciones Argentina logró finalmente ingresar a los BRICS (el organismo internacional más trascendente para los países situados a los márgenes del primerísimo mundo -UE y G7, por ejemplo-). El logro es de magnitud inconmensurable y para Argentina  -a la vez que nos integra a un organismo que representa el 23% del comercio mundial y el 40% de la población del planeta-  los beneficios que otorga el ingreso resultan hoy , más que favorables, imprescindibles. Ante este golpe de suerte –y no tanto, porque mucho se les debe a Lula, a Xi Jinping y a Narendra Modi- lo primero que han hecho los candidatos de LLA (Javier Milei)  y JxC (Patricia Bullrich) ha sido declarar pública y altisonantemente que de llegar a la presidencia de inmediato sacarán a Argentina del organismo. Entonces, cuando aparece una oportunidad de encajar la pieza de Argentina de un modo más o menos conveniente irrumpen los principales opositores  complotando en contra del país al prometer retirarlo del único lugar más o menos cómodo dentro del puzle para la pieza “Argentina”. Con candidatos irresponsables en oposición fanática oponiéndose furibundamente a cualquier cosa, cargados de un odio ciego -y embistiendo contra todo y todos- intentar vislumbrar alguna vía de escape de un futuro desastroso es tarea muy difícil. 

La injusticia social como política de estado – riesgos de disgregación

En lo concerniente hacia el interior de la nación dos instancias han resultado marcantes en grado extremo respecto a la integridad del sujeto argentino y han puesto en crisis la constitución de la nación argentina –sin referirnos al texto codificado - en cuanto al basamento moral fundamental de su integridad unitiva. La primera fue la expresión pública –a mediados de 2022- de un juez miembro de la actual Corte Suprema de Justicia -Carlos Rosenkrantz- diciendo que: “no es verdad que dónde hay una necesidad hay un derecho”. El pronunciamiento de una sentencia de esta magnitud en boca de un “supremo” fue una fuerte embestida contra los valores más arraigados en la cultura política argentina democrática. Pero, por si esto fuera poco, además el hoy candidato a presidente, Javier Milei, acaba de decir y repetir –aquí y allá- que su espacio de pensamiento político – no solo él- entienden a la justicia social como una aberración. Este pensamiento tiende a modificar no ya un gobierno, ni siquiera a un sistema de gobierno, sino a la concepción moral colectiva de la política más profunda de nuestra nación. Hasta hoy se habían presentado miles de discursos, pensamientos y proyectos políticos desde los extremos del conservadurismo y el liberalismo hasta los extremos de los  nacionalismos ye izquierdismos revolucionarios, todos convenían en que sus propuestas eran –o son- las adecuadas para mejorar la justicia social. Hoy el grupo de pensamiento comandado por  Milei plantea al concepto –justicia social- como demoníaco. El efecto disgregante del concepto libertario afecta de modo irreconciliable la profundidad de los preceptos cristianos subyacentes en la totalidad de la nación argentina con su basamento de moral política. En tal línea Milei a llamado al Papa “agente de Satanás”. Vale recordar que Francisco ha advertido sobre las similitudes de la personalidad del líder de LLA con la Adolf Hitler. 

La sangre de los salvajes

Un indicio de disgregación nacional en proceso puede observarse cuando, por ejemplo, ciertos ciudadanos ven en otros connacionales a unos extranjeros en lugar de ver a unos compatriotas.  Días atrás asistimos a una escena en extremo repudiable en la cual la totalidad de los integrantes de un programa de televisión (conducido por Fabián Doman) se burlaron en vivo y en patota de un par de compatriotas -miembros de las comunidades de los pueblos originarios- respecto de su modo de expresarse. Conductor, movilera y panelistas fueron denunciados; pero las tardías disculpas fueron tanto o más humillantes que el agravio primero.  Ya lo decía Sarmiento –luz y guía de los Doman de la vida- : los “indios piojosos” son abominables. . Como botón de muestra de los logros de este mecanismo basta recordar que el martes 29, en el juicio por el asesinato de Rafael Nahuel, el prefecto Julio Cesar Mostafá declaró que durante el desalojo de Villa Mascardi –en el que fue asesinado el joven mapuche- él tomó decisiones  influenciado por los medios de comunicación. Un recordatorio obvio: la disgregación cultural es antesala imprescindible para dar inicio a la territorial.

  

Edición Impresa Nro.: 326

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