Derecho a la vivienda: un sueño lejano para mujeres y el colectivo LGBTIQ

Tres referentes opinan sobre la problemática que afecta al país. Una experiencia exitosa en La Rioja y cómo el urbanismo feminista puede ayudar a pensar políticas públicas.

Ed Impresa 19/05/2023 Lucia Ceresole Lucia Ceresole
Derecho a la Vivienda - Colectivo LGBTIQ
Ana Falú; Solange Luna y Norma Salica opinaron sobre la problemática que afecta al país. Foto: gentileza.

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“El tema de la vivienda y cómo resolverlo hoy en Argentina es un tema crítico. Tenemos más de un 40% de población por debajo de la línea de pobreza y un problema serio con alquileres. Son todos temas distintos que merecen su propio análisis cada uno pero que están afectados por el mismo componente: las mujeres jefas de hogar son las más pobres”, dice a La Nueva Mañana la directora de Ciscsa, arquitecta y urbanista feminista, Ana Falú, luego del Seminario Taller Mujeres y Ciudades: (In)Justicias Territoriales que se realizó en Córdoba. Y traslada esta realidad a las ocupaciones de tierra de los últimos años: son las mujeres y mujeres con hijos las protagonistas de estas acciones en reclamo del derecho a la vivienda. Además, afirma: “Hay que debatir sobre garantizar la vivienda. La oportunidad de tener una vivienda segura no tiene por qué ser en propiedad privada. Porque este es el otro debate, cuáles son las formas de tenencias de la vivienda”.

Esta problemática se repite en todo el país: “En los baños todavía se ve la letrina. Tengo muchas compañeras que viven en la orilla del Canal Norte, que está cielo abierto y que viene con mucha basura con olores nauseabundos. Falta infraestructura para las compañeras, no solamente para el colectivo LGBT, sino también para las familias de ellas”, dice Norma Salica, referente de “Las Tucumanesas”, un colectivo de lesbianas, mujeres y bisexuales de Tucumán que llegó a Córdoba para el Seminario Taller. A través del fútbol femenino fueron encontrándose en los barrios de Tucumán para charlar y conocer las carencias que cada una atraviesa. La vivienda es una de ellas. Dice Salica a La Nueva Mañana: “Como en todo el país hace falta vivienda. Me gustaría empezar a identificar cómo están viviendo las lesbianas en los barrios. En este encuentro vemos los mismos problemas: la pobreza y la marginación. Por ser pobre, por ser mayor, por ser india, por ser puta y por ser lesbiana se sufre. Todavía hay casitas precarias construidas con plástico, construidas con madera o con chapa”.  

En este sentido, para Falú hay algunas políticas públicas destinadas a mujeres y al colectivo LGBTIQ+ que, lentamente, traen consigo algunos avances que ayudan a resolver lo habitacional, pero “no son suficientes en el tiempo para la resolución de estos problemas. Es decir, toma un tiempo y ese tiempo sigue marcando las condiciones de precariedad de la vivienda y lo habitacional como en el caso de las personas trans porque nadie quiere alquilarles porque no tienen trabajo formal, por ejemplo. Además, son problemas estructurales de la sociedad, que, en lugar de resolverse, se han ido agudizando y que las brechas de la desigualdad están marcando”. En esta línea señala también el Registro Nacional de Barrios Populares como una “herramienta fantástica” que permite reconocer quiénes y cómo se vive en asentamientos informales. 

TODAS
“El urbanismo feminista lo primero que va a plantear es la localización: dónde se ubican esas viviendas para las mujeres que están todavía en condiciones de desigualdad”.

Una experiencia de viviendas para personas del colectivo LGBTIQ+

En La Rioja está pronto a inaugurarse un complejo de 25 viviendas destinadas principalmente a personas trans. El proyecto surgió a partir de un colectivo de mujeres trans autoconvocadas y recibió el apoyo de la diputada nacional Hilda Aguirre que preside la Fundación Vamos a Andar para poner en marcha el Programa Interministerial Habitar en Igualdad.

“Fuimos las pioneras en luchar hasta que se logren muchas cosas. Uno de los reclamos era la vivienda. Siempre nos hemos movilizado solas y es de la manera que hemos podido conseguir grandes cosas”, relata a La Nueva Mañana Solange Luna, una de las impulsoras del proyecto. “Con todo el andar conseguimos por medio del gobernador que a las chicas se les entregara unos lotes con servicio. Eran dos manzanas. Cuando Alberto Fernández va a visitar La Rioja no le gusta el sector a dónde nos habían puesto, estábamos como alejadas de todos. Entonces él hace un cambio de barrio. Así se dio comienzo a la obra. Esto nos llevó 15 años de lucha. Hoy en día las viviendas están edificadas. Sólo falta la última etapa”, dice Luna. 

Sobre la situación de la vivienda, argumenta que es necesario que en políticas publicas “permitan a las compañeras inscribirse que no sean exiliadas por el solo hecho de no tener hijos o por no tener una familia a cargo porque eso es lo que sucedió siempre. Yo creo que es un derecho que nos corresponde”. 

¿Cómo pensar políticas públicas desde el urbanismo feminista?

Las razones socioeconómicas y demográficas son esenciales para pensar políticas públicas, en este caso, de vivienda y hábitat. Pero para pensarlas desde una perspectiva amplia es necesario incorporar la dimensión del género a ese análisis. Y en esto hace hincapié Falú: “El urbanismo feminista plantea primero recuperar el valor del concepto de proximidad, de cercanía. Las mujeres, sobre todo las jefas de hogares, tienen como lo más escaso en su vida el tiempo. Entonces hay que analizar desde el vector del tiempo y el espacio y ponerlo en la escala más importante de análisis que es la escala del barrio. Para vincularlo al barrio con la vivienda y con la ciudad”. Es decir, “el urbanismo feminista lo primero que va a plantear es la localización: dónde se ubican esas viviendas para las mujeres que están todavía en condiciones de desigualdad. Todavía no es igual andar por las ciudades y los barrios siendo mujer o del colectivo LGBTIQ+ entonces esto afecta la vida cotidiana de otra manera”.

Primero es necesario reconocerlas, no omitirlas, no construir políticas públicas “neutras”, dice Falú. Por ejemplo, “una política que piensa el tema de la vivienda o servicios urbanos en función de la familia como los hogares y las personas no entiende que hay diferencias en ser mujeres o varones o ser LGBTIQ”. Y después considerar la proximidad, el tiempo, el espacio y los valores ambientales: “Es tener en cuenta todos estos componentes centrales para la vida cotidiana, para esa microfísica de lo cotidiano que es llevar los niños a la escuela, llevarlos al lugar de cuidado infantil o llevar las y los adultos mayores a un centro de salud”. 

Y, por último, asegura Falú, “está lo colectivo por sobre lo individual. Hay que pensar en viviendas colectivas de media densidad, con servicios, con lugares de guardado, con espacio para los cochecitos de bebé, para las bicicletas que quieren que usemos. Entonces, priorizar lo colectivo, lo social y lo público por sobre lo individual, lo privado y lo mercantilizado”. 

  

 

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