Boxeo: Adrián Sasso, el destino marcado de un campeón

La historia del riocuartense que con cinco años ya sorprendía a todos arriba de los rings y que hace una semana se convirtió en campeón Latino del Consejo Mundial de Boxeo.

Ed Impresa 10/03/2023 Marcos J. Villalobo Marcos J. Villalobo
sassso © federacion de box
Adrián Junior tenía 5 años y ya se ponía los guantes. Foto: Federación de Box

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 A veces el destino está marcado… y en otras veces al destino hay que forzarlo. Al repasar la historia de Adrián “Junior” Sasso hay un poco de ambos componentes. Y eso es lo interesante. El boxeo constantemente nos obsequia esos aprendizajes.

Adrián Marcelo Sasso nació en Villa Mercedes, San Luis; pero de pequeño se fue a vivir a la localidad cordobesa de Vicuña Mackenna. De pibe le gustaba pelear. Sí, hay que decirlo. Primero de travieso, pero después le dio un valor, un objetivo. En el colegio, cada dos por tres, se trenzaba con algún compañero. En el pueblo había un entrenador de boxeo y muchos amigos de él asistían. Los acompañó y luego se sumó. La llama estaba encendida. Continuó entrenando y debutó como amateur. Al tiempo se mudó a Río Cuarto, junto a María del Carmen Balmaceda, e inició su carrera profesional.  Eran tiempos difíciles. La plata escaseaba y a los 24 años tuvo que dar un paso al costado. El boxeo no podía seguir siendo su meta, aunque la pasión jamás desapareció. Tan es así, que seis años después, decidió abrir un gimnasio de box. Primero comenzaron a entrenar sus hijos y su esposa. 

“Conocí a un montón de campeones”

Adrián Junior tenía 5 años y ya se ponía los guantes. Miraba, miraba e imitaba. Observaba, observaba y practicaba en la bolsa -una bolsa adaptada para él-. Y se sabía todos los ejercicios. Era un pequeñito que ya sabía lo que quería ser cuando sea grande: continuar el legado de su papá. Nunca paró. El boxeo estaba en su sangre. El gimnasio de Adrián Marcelo creció y el papá de “Junior” lanzó a varios boxeadores de Córdoba y San Luis. Y a donde iban a presentarse, el niño Adrián acompañaba como aguatero. Cuenta la leyenda que en las pausas que había en el ring, en Villa María, el locutor anunciaba al niño “Hienita” Sasso, y éste salía vestido de boxeador y tiraba golpes como si fuera una exhibición. La gente deliraba con el pequeño boxeador. Entonces, Adrián entendió que su destino estaba marcado. “Gracias a eso conocí a un montón de campeones, Locomotora Olivera, Locomotora Castro, Marcelo Domínguez y a quien era mi ídolo, la ‘Hiena’ Barrio”, rememora con una sonrisa.

“Yo iba a debutar como boxeador a los 14 años, Pero cuando estaba por debutar, dos semanas antes, debido a mi comportamiento me mandaron a un colegio pupilo”.

Sin embargo, el camino no estaba tan despejado. La experiencia familiar exponía que era una empresa difícil, llena de piedras y rocas. Mamá María del Carmen sabía que tanto Adrián Marcelo como seis de los hermanos de Junior habían querido ser boxeadores, y pasaron escasez e incluso no habían estudiado. Siempre les costó. María del Carmen puso el grito en el cielo: no quería que Junior sea boxeador. Incluso eso llevó a que hubiera discusiones en la familia. 

“Mi vieja no quería que boxeara”

Y parecía que ganaba mamá. En la adolescencia lo mandaron a una escuela interna a la localidad de La Carlota. Estuvo tres años allí… y miraba de reojo el boxeo. Nunca lo dejó. Volvió a Río Cuarto, siguió entrenando, tuvo su primera pelea, mostró talento, las puertas comenzaron a abrirse, fue papá de Francesca y Abel, le dio duro al entrenamiento, mucha disciplina, la meta fija... y hace una semana, con 27 años, se consagró Campeón Latino del Consejo Mundial, transformándose en el primer riocuartense en lograr un título de estas características. Además, es campeón sudamericano de la categoría, y está rankeado entre los quince mejores del mundo en la categoría superwélter.

“Yo iba a debutar como boxeador a los 14 años, que es cuando la Federación te otorga poder hacer tu primera pelea. Pero cuando estaba por debutar, dos semanas antes, debido a mi comportamiento, me mandaron a un colegio pupilo. A mi vieja, que no quería que boxeara, le cayó como anillo al dedo y me mandaron a un colegio pupilo. Ahí estoy tres años y allá en mi tiempo libre seguía entrenando. Era un castigo venir y no poder entrenar, boxear, nada. Después me echaron de ese colegio y apenas llegué a Río Cuarto me fui a entrenar. Ya tenía 17 años. Entrené 30 días e hice mi primera pelea. Fue ante Nicolás Bilo, que hoy es amigo mío. Fue en Río Cuarto, en el Club Alberdi esa primera pelea”, rememora en el diálogo con La Nueva Mañana.

“Me gustaría tratar de llegar a pelear en Estados Unidos, pelear en las grandes ligas y ser reconocido fuera del país; mi sueño es ser campeón del mundo”.

- De pibe lo soñaste y lo cumpliste, ¿qué te genera dedicarte a tu pasión y ser campeón?

- Es una felicidad enorme. Siempre acompañé a mi viejo a los rings. Una vez fuimos al Central Argentino, yo era chiquito, y estaba (Sebastián) Luján, un boxeador que había sido campeón Latino, Sudamericano, que peleó en Estados Unidos, y yo era fanático de él. Veía lo que era y lo que movía. Era un supercampeón. Lo veía arriba del ring y le dije a mi viejo: “waw, cómo pelea, me gustaría ser como él”. Y hoy veo, tengo los mismos títulos que él tenía. Todavía no caigo en las cosas que he hecho. Trabajando, teniendo responsabilidad y disciplina se pueden cumplir las cosas.

¿Con qué soñás ahora?

- Mi sueño es ser campeón del mundo. Me gustaría tratar de llegar a pelear a Estados Unidos, pelear en las grandes ligas y ser reconocido fuera del país.

  

 

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