La travesía de Compagnucci, el futbolista que le ganó a los “no”

Ed Impresa 15/07/2022 Por Marcos Villalobo
El jugador de Belgrano tuvo que pasar por diversas etapas en su formación para poder hoy disfrutar de este presente jugando en el puntero de la Primera Nacional.
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(Fotos: Prensa Belgrano)

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“No”. Dicen los grandes maestros del periodismo que nunca hay que empezar un artículo periodístico con la palabra “no”. Me permito esta licencia porque la historia de Gabriel Compagnucci está llena de “no”. Tantas veces, en su adolescencia, cuando acumulaba sueños futboleros, se la dijeron. Esos “no” le valieron para hacerse una personalidad y evitar el darse por vencido. Se amigó de esa negativa para transformarlo en un motor del que hoy se alimenta.

Compagnucci nació hace 30 años en la localidad cordobesa de Monte Buey. En aquel pueblo comenzó jugando de niño en Matienzo. Hizo todas las infantiles en aquel equipo, hasta que en la adolescencia comenzó a gestar sus deseos de ser futbolista profesional y a buscar lugares donde probarse e intentar cumplir su sueño. No fue fácil, su historia lo llevó por diversos lugares, pero hoy está disfrutando de ser el marcador de punta de Belgrano, líder de la Primera Nacional.

 “Tengo los mejores recuerdos de Monte Buey, de Matienzo, de mi pueblo. Cada vez que voy veo a mis amigos, los lugares donde conviví, la plaza, la calle, el campito donde jugaba al fútbol, ahí, frente a mi casa. Y sí, me trae un poco de melancolía porque los años van pasando. Esos lugares, como a todos los chicos que somos de pueblo, no los olvidamos más. Están nuestros seres queridos que nos apoyan a pesar de la distancia y el tiempo. Me da, sí, melancolía esos lugares donde me divertía mucho, en esos lugares donde empecé a jugar al fútbol”, narra el futbolista que en diálogo con La Nueva Mañana mostró su alegría por este andar del “Pirata”; y también recordó aquellos inicios que lo hacen ser el jugador que es hoy. 

“Me traer orgullo esa época”, continúa. Seguro por su cabeza una ametralladora de remembranzas se le presentan como imágenes. Muchos como en página color sepia, muchas con la pelota en el pie derecho, con sonrisas y demás. El jugador en esa añoranza cuenta: “Ahora hay algunos lugares donde jugábamos al fútbol que tienen casas –se ríe-, es que el pueblo crece, pero otros siguen estando. Lo importante es que quedan los recuerdos. A los amigos, lamentablemente, por esta profesión, ya no los podemos ver seguido, pero lo importante es que están. Y están más allá de que nos esté yendo bien o mal, ellos están, y ellos saben que estoy para ellos”.

Y empieza a tirar nombres propios. “Empecé a jugar en el club a los 6 años. Me acuerdo que siempre jugaba con un amigo que vivía en la esquina de mi casa y un día lo fui a buscar y no estaba. La mamá me dijo que Rodrigo se había ido al club. Entonces yo también quise ir, quería ir a jugar al club con mi amigo, con Rodrigo Monetti, con la ‘viejita’ Trivellini, con Leandro, con todos los chicos que siguen siendo amigos. Jugábamos juntos a los 6 años en el club, pasaron los años y siguen siendo amigos. Y estuve en el club, más o menos, hasta los 17 años...”

Y ahí empezó la historia de las pruebas. Esas que tantos nervios dan, esas que pocos conocen, esas que no salen en la TV, esas que traen, a veces, tantos “no”, hasta que un día te dicen “quedaste”. Y todo el sacrificio, noches de insomnio y lágrimas se transforman en sonrisas de oreja a oreja.

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“Empecé a entender de qué se trataba”

“A los 17 años empecé a rondar por distintos lugares y a entender de qué se trataba. Fui a probarme a clubes profesionales y comenzó toda la travesía”, relata. Con esa edad se probó en Newell’s, en Racing de Nueva Italia, en Boca Unidos. Nunca pudo ir a probarse a Buenos Aires. “Hace unos años era más difícil ir a esos clubes, hoy con la tecnología existen más posibilidades”, dice; y reflexiona: “Para mí todo eso fue muy importante. Aprendí. Lo disfruté mucho y a todo lo vivía como un sueño. Estar desde un pueblo probándote es algo muy lindo. Me acuerdo los nervios que tenía en esas pruebas. No se puede explicar, hay que vivirlo para darse cuenta lo que se siente en esas pruebas. Momentos de mucha tensión, de nervios lindos, te sentís un poco aterrorizado por lo nuevo. Cuando pasan los años te das cuenta que todo es normal y madurás”. Hasta que en Sportivo Belgrano de San Francisco le dijeron que sí y comenzó su carrera como futbolista. Después anduvo por Tiro Federal de Morteros, Douglas Haig de Pergamino, Alvarado de Mar del Plata, Almagro, Unión, Patronato, Tigre; y en el 2021 llegó a Newell’s. Las vueltas de la vida. Las revanchas del fútbol.

“Lo primero que me acordé cuando llegué a Newell’s fue cuando me había ido a probar. Entrenábamos con la Primera en la misma cancha donde de pibe me habían probado. Muchos recuerdos se me vinieron a la mente. Pensaba que cuando uno trabaja y trabaja y confía en su trabajo y en sus condiciones, tienen grandes posibilidades de conseguir el sueño. Está bueno recordarlo, porque a veces como futbolista atravesás por muchos momentos malos y son pocos los buenos. Entonces hay que disfrutar los buenos, todo es pasajero, el fútbol tiene esas cosas. Por eso, hoy disfruto estar en este momento en Belgrano”, relata.
 
- Entonces cuando te toca entrar, por ejemplo, al Gigante de Alberdi pensás en todas esas cosas.

- Sin dudas. Hoy, cada vez que me toca jugar y ver la magnitud del club que represento, los hinchas, la cantidad de gente, juego para que se sientan representados esos hinchas, esta institución tan grande, y me llena de orgullo. Pasaron muchas cosas para vivir este presente, entonces quiero aportar mi granito de arena a este gran trabajo que hace Belgrano. Me mentalizo en eso y apoyo desde donde me toque. En lo personal, debo admitir, me da mucho orgullo.

- ¿En lo deportivo cómo vivís el presente personal y del equipo en el torneo?

- Estoy muy contento en lo personal, de a poquito me estoy sintiendo importante. Me está tocando jugar, me pone contento. Sabemos que lo que estamos haciendo es muy bueno, lo dicen los números, pero somos conscientes que no logramos nada todavía, que falta para el objetivo principal. Debemos seguir trabajando con humildad y sacrificio.

LNM - Edición Impresa 267

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