Ucrania y el conflicto bélico con Rusia, en los ojos de Catriel Sánchez

Ed Impresa 04/03/2022 Por Federico Jelic
El delantero de Talleres, que se encuentra a préstamo en Caseros, describió a LNM su paso por el país del Este europeo durante su estadía en el Karpaty Lviv.
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Esperamos de corazón que pase pronto porque la gente es una maravilla y no merecen sufrir esto.

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Mientras los ojos del mundo reposan sobre Ucrania y el conflicto beligerante con Rusia, desde otra óptica, hay protagonistas que pueden aportar algunos aspectos de vida y sociales de aquellas idiosincrasias, que parecen tan similares y que son tan antagónicas, y no solo ideológicamente. Por ejemplo, de parte de un trabajador, en este caso un futbolista: el cordobés Catriel Sánchez (23 años). El delantero de Talleres hoy a préstamo en Estudiantes de Caseros de la Primera Nacional militó un año en la liga de Ucrania, en el Karpaty Lviv y tiene su punto de vista no político, simplemente como un sudamericano que se encontró en ese contexto y que entiende en parte las razones que desembocaron en esta guerra. O casi. Sánchez, nacido en Las Varillas, describió detalles de su vida en Lviv (a 800 kilómetros de la capital Kiev), con algo de propiedad. 

“Lo de Ucrania fue una experiencia muy importante para mí. Fue en 2018, yo necesitaba calmarme un poco en ansiedad y otros temas, me salió esta chance y la fui a aprovechar. Aprendí mucho y sobre todo a nivel social me encontré con una sociedad diferente, un fútbol particular y me sirvió mucho”, cuenta Sánchez a La Nueva Mañana, luego de la visita de su equipo al Gigante de Alberdi ante Belgrano. 

“Me puse en contacto por el tema por mi amigo Franco Di Franco, quien sigue jugando en Ucrania. Fuimos compañeros ahí, somos amigos y cuando leí sus redes sociales contando que vivió una explosión muy cerca de donde vive, me preocupé. Ahora que está a salvo me quedo tranquilo pero hasta que no salió del país, todos estuvimos pendientes”, agregó con algo de preocupación. 

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¿En tu paso por Ucrania, estaba latente la amenaza de conflicto? 

- Sí, eso es permanente. Y fue creciendo con los años. Mi equipo y ciudad (Lviv)  estaban en paz, nos encontrábamos a 700 kilómetros de la zona de conflicto (Donbass) y no era tan hostil la situación. No es como ahora, esperamos de corazón que pase pronto porque la gente es una maravilla y no merecen sufrir esto. 

¿Cómo siente la sociedad ucraniana esa situación de riesgo permanente? 

- El ucraniano en sí es como que está acostumbrado en vivir al borde de la guerra de manera permanente. De hecho es como que ya está instalado que si suena una sirena hay que ir a refugiarse al búnker más cercano. Está todo señalizado. Es lo primero que te dicen apenas te instalás en Ucrania. Lo importante es correr, ponerse a salvo, existen búnkers en todas las ciudades así que a ese protocolo lo tienen como aceitado.  

¿Te tocó vivir alguna experiencia complicada? 

- En ese momento la guerra estaba lejos y era pausada. Había convulsión en los medios de comunicación, mucha política de por medio pero no me tocó vivir situaciones de tensión fuerte al borde de la guerra. Pero siempre hay alertas. Esta vez cruzó ese límite.  

¿Cómo es la gente en Ucrania? 

- Buena, amable, generosa y fría a la vez. No es que hacen bromas o te dan lugar, al contrario, es como que te empiezan a entender luego de muchos momentos o reuniones. Son así, pero no de malas personas o indiferentes, uno entiende con el tiempo que la guerra los hizo duros y distantes, es común que todos hayan tenido un familiar o descendiente muerto en la guerra o en algún conflicto. Viven con distancia pero son buenos, una vez que te ganas su confianza, aflojan en lo cotidiano. 

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¿Se hablaba de la rivalidad o el odio con los rusos? 

- Sí, todo el tiempo. Es permanente. Me sorprende como se odian. Porque en muchas cosas se parecen: el idioma no es muy diferente pero viven todo con mucha rivalidad. No sé bien el fondo del conflicto pero es algo histórico, por el comunismo, por la forma de gobierno, no sé bien, pero los ucranianos no quieren saber nada con los rusos. Es increíble cómo a veces cambian una letra de cada palabra para diferenciarse, se quieren despegar de todo lo que sea ruso. Se odian mucho, no solo en los medios, la gente también. 

El Shakhtar Donetsk, el más fuerte de la Liga, es de la zona en conflicto, ¿Cómo fue enfrentarlos? 

- Es el equipo más fuerte junto al Dínamo de Kiev, están dos o tres escalones arriba del resto. Jugar de visitante allí es muy difícil. En mis tiempos el Shakhtar había mudado su localía unos partidos a Kiev, por algunos conflictos y pequeñas guerras que hoy me doy cuenta que terminaron en esta invasión. A decir verdad, no entendía bien que pasaba. Enfrentarlos era un clásico, la gente lo vive así también. Se siente la rivalidad. 

¿Te quedaron amigos ucranianos? 

- Sí, claro, con el tiempo se van abriendo y uno se adapta a su cultura. Algunos vecinos, compañeros, el traductor, el masajista, muchos habían estado en España y alguna palabra sabían en español. Y con poco nos relacionábamos. Espero estén a salvo y que la paz llegue pronto. Ellos son fríos como sociedad pero buenas personas. Te tratan con respeto. 

¿Es sencillo adaptarse a ese clima de guerra latente? 

- La forma de acostumbrarse no es fácil si de arranque te dicen que si escuchás una sirena, hay que correr a un búnker (risas). Ese es el primer paso para entender que no todo es tan sencillo. 

¿Cómo te llevaste con la comida? 

-  La comida es como la nuestra, eso sí, no comen milanesas y las extrañé un montón (risas). Pero tienen pastas, sopas, pollo, es variada la dieta. El idioma es muy difícil. 

¿Y con el frío? 

- Uff , un castigo. El invierno es cruel, de 15 grados bajo cero. El fútbol no se para con el frío, después de las 16 es imposible estar fuera de la casa. En mi primer partido, me tocó estar en el banco de suplente y me helé. Caía nieve. Tenía tres pantalones térmicos, buzos, campera, camperones y nos tapábamos con una frazada. Por casi una semana me seguían doliendo los dedos de los pies, patear la pelota no dolía pero sí después cuando pasó el partido. 

 

 

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