Irina Morán presenta su primera novela, “Magnetismo”

La periodista e integrante del colectivo Mujeres por un Parto Respetado aborda la complejidad de los vínculos afectivos y su entrecruzamiento con el feminismo, la maternidad y el deseo.
Irina Moran
“El matrimonio en sí no está bien ni está mal; es cómo nos sentimos y qué expectativas depositamos dentro de ese vínculo. Lo mismo sucede con la monogamia”.

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La pandemia fue un punto de inflexión que arrasó con la normalidad hasta entonces conocida y detuvo, o al menos ralentizó, la vorágine de las rutinas que existían hasta el 20 de marzo de 2019. El encuentro cara a cara con una misma, con uno mismo, fue inevitable.

Y paradójicamente fue en ese encierro obligatorio, lleno de incertidumbre y temor a la muerte, que la periodista y fotógrafa Irina Morán sintió la pulsión de parirse a sí misma como escritora y dar a luz su primera novela “Magnetismo”, que el próximo jueves 11 de noviembre será presentada en el café Le Dureau (Independencia 180).

-¿Cuándo, cómo y dónde comenzaste a escribir Magnetismo?

Magnetismo –lo que en la novela es el primer capítulo y el que le da nombre al libro– nació a fines del 2018, como resultado de un cuento final dentro de un taller literario bellísimo, a cargo de Natalia Ferreira. Ese primer relato pasó por mucha corrección. Sin embargo, yo sentía que dentro esa historia había una fuerte pulsión, mucho más que decir, mucha vida. Y rápidamente pensé que podía crecer hacia otros relatos. Fui bocetando algunos capítulos más, y fue recién en enero del verano pasado, en el medio de la pandemia, que terminé de redondear esa idea, gracias también a la confianza y al trabajo de diamante que hice junto al editor y traductor Gastón Sironi.

-¿Cómo fue el camino entre la Irina aquella y la de hoy, y cómo creés que influyó en tu primer libro?

Creo que la pandemia fue un punto de inflexión en todo sentido. Un momento de introspección, donde salieron a flote mis verdaderas pasiones, rodeada de mi universo afectivo más íntimo. Modifiqué hábitos – de alimentación, de actividad física, de mucha lectura– y la escritura, más allá de mis trabajos formales, apareció como la posibilidad más luminosa de reflotar una voz literaria más pura. De saltar de lleno del periodismo a la ficción, sin tantos temores. Total –pensaba–, ¿quién sabe si estamos vivas mañana? Además, siento que escribir es desnudarme. Y eso sí me genera ciertas mariposas en la panza. 

-En tu novela los personajes transitan una historia de amor atravesada por la frialdad de la tecnología y la tremenda realidad/complejidad de los vínculos afectivos. ¿Qué pensás de esta nueva forma de vincularnos?¿Qué es real y qué es ficción?

Yo me siento una persona bastante analógica. Nací a mediados de los ´70, prácticamente en el inicio de la última dictadura. Es decir, si bien mi oficio de comunicadora en la Universidad me obliga a estar capacitada en todo lo que significa el periodismo digital, el manejo de los medios y el contenido en redes, sigo creyendo en la porosidad del cuerpo. En el contacto directo entre las personas. Aunque esta pandemia –de ribetes tan tristes, como dolorosos, casi cinematográficos– nos haya puesto de manera excepcional a vivir y comunicarnos detrás de las pantallas. No me gusta juzgar los vínculos afectivos. Porque hay tanta diversidad como relaciones y personas existen. Y los impactos son diferentes en las distintas generaciones. Quienes transitamos los 40, venimos incorporando de manera vertiginosa todos los cambios de paradigmas culturales y tecnológicos. Lo que sí puedo decir es que las relaciones necesitan de un círculo de comunicación y contención muy sincera para que puedan expandirse de la manera más cuidada posible.

-Tus personajes también reciben el poder de teletransportarse como una última advertencia tras reprimir y negar durante años el deseo y el sentimiento. Y consecuencia de su encuentro, se pone de manifiesta la crisis matrimonial de ella. ¿Es una crítica a la monogamia? ¿Cómo vivimos el amor?

Recuerdo que uno de los primeros slogans del feminismo de esta última ola, allá por el 2015, decía: Nos mueve el deseo. Creo que en esas cuatro palabras desencadenan una revolución infinita. Pero, ¿Qué nos pasa si reprimimos el deseo? Y si estamos dentro de una relación, ¿es licito exigir encorsetar las pulsiones afectivas que movilizan a la otra persona?, ¿Hasta dónde nos creemos dueñxs, más allá de nosotrxs mismxs? A todo esto, se le suma los acuerdos consensuados que se van configurando dentro de cada vínculo. El matrimonio en sí no está bien ni está mal. Es cómo nos sentimos y qué expectativas depositamos dentro de ese vínculo. Lo mismo sucede con la monogamia. Si es transitada como un deseo mutuo puede llegar a ser muy potente y placentera. Sucede que amor casi nunca es eterno, siempre es un riesgo y a la vez un misterio. Ese rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio, diría Cortázar. 

-En los últimos años cambiaron muchas cosas, y el feminismo creció hasta ser la ola verde. Las elecciones sobre nuestros cuerpos, la maternidad deseada… ¿qué hay de eso en Magnetismo? Especialmente en el vínculo de la protagonista y el padre de su hijo.

Nunca hubiera llegado a escribir Magnetismo sin haber pasado por el feminismo. Y su vez, creo que el deseo de la maternidad es un tema con muy poca prensa dentro del feminismo de la última ola. Personalmente, mi grupa de Mujeres por un Parto Respetado, han sido visceral en mis propias deconstrucciones y conocimientos sobre la fisiología del cuerpo femenino. También mi grupo de Educación Sexual Integral, del que formo parte en el preuniversitario del Manuel Belgrano.

Aunque Magnetismo no pretende de ninguna manera tener un espíritu docente o aleccionador.  Sus personajes son de carne y hueso. Frágiles. Llenos de luces y sombras. De miedos. Caminando dentro de sus propios laberintos y contradicciones, en un mundo mediado por la tecnología y paradójicamente inconexo. No fue simple tampoco tejer la psicología de tantos personajes masculinos, por ejemplo. Pero sí quería poner a rodar el deseo de la maternidad, dentro de la protagonista de la historia. Sobre todo, para hondar sobre qué nos pasa con los amores que desatan lxs hijxs. En quienes recaen las mayores responsabilidades. Y cómo miran esos hijxs el mundo adulto que los rodea. Finalmente, cómo asumen la paternidad, la mayoría de los varones. ¿Es posible resignar privilegios y deconstruirse en busca de nuevas masculinidades?

Siento que Magnetismo abre todas esas ventanas para que sea el lector o la lectora quienes terminen de dibujar el paisaje que desean ver del otro lado. Max, el loco, nos ayuda un poco en ese sentido.

Presentación:

Magnetismo, de Irina Morán, se presentará el jueves 11 de noviembre a las 19 en el café Le Dureau (Independencia 180), a través de una entrevista dialogada con la periodista y escritora Fernanda Juárez.  Acompañarán con canciones Guillermina Ávalos y Paola Molina. La actividad es abierta al público, hasta agotar la capacidad de la sala.

 

 

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