Córdoba: más de 4 millones de hectáreas protegidas para sólo 32 guardaparques

Sociedad 23/04/2021 Por Miriam Campos
En territorio solo trabajan ocho guardaparques, el resto son auxiliares y administrativos. La crisis laboral afecta también al total de los egresados de la carrera de guardaparque de la UPC: desde 2015 ninguno pudo insertarse laboralmente en alguna de las 30 áreas protegidas de la Provincia.
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Casi el 95% de las hectáreas que necesitan conservación; es decir, un total de 4.099.859, son gestionadas por la Provincia. Foto: gentileza Jésica García Molina /ACEN

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MEDIO AMBIENTE

“Hay que rebuscarse”, dice la guardaparque Manuela Duclo cuando habla de la inserción laboral en las áreas protegidas de Córdoba. “Si bien el perfil de la carrera es que seamos guardaparques en campo, también se abren posibilidades a otros tipos de trabajo, como la planificación o los relevamientos. Se van utilizando ese tipo de herramientas y se van abriendo otros campos de trabajo, porque en la provincia de Córdoba como guardaparque está muy difícil. A veces, puede salir algo en las privadas o municipales, pero en la Provincia está súper cerrado ese camino. No hay una política, ni intención de generar eso”, agrega.

Duclo hace referencia a las 30 áreas protegidas (de un total de 89) que están bajo gestión del Gobierno provincial y que representan casi el 95% de las hectáreas que necesitan conservación; es decir, un total de 4.099.859 hectáreas. Para toda esa superficie, el cuerpo de guardaparques provincial está conformado por un total de solo 32 personas, de las que ocho son guardaparques y el resto auxiliares y administrativos. Del total de trabajadores, menos del 20% son mujeres, y las identidades disidentes no tienen representatividad.  

 El resto de las zonas, de acuerdo al relevamiento del Monitoreo de Áreas Protegidas (MAP), son gestionadas por Nación (3,6%), los municipios (1,3%) o por propietarios privados (0,3%), que con sus particularidades son los otros espacios donde las y los egresados de la Tecnicatura Universitaria en Guardaparque se las ingenian para trabajar. La carrera fue creada en 2015 en la Universidad Provincial (UPC) y este año, pese a que tendrá ya su quinta cohorte, desde esa fecha nunca se abrieron convocatorias para incorporar a profesionales a las áreas protegidas de la Provincia.

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Las mujeres y las identidades disidentes son las más perjudicadas por la crisis laboral del sector tras egresarse en la carrera de guardaparque en Córdoba. Foto: gentileza Cristian Schneider / ACEN

Precarización

Las mujeres y las identidades disidentes son las más perjudicadas por la crisis laboral del sector. En esa línea es que Rocío Cardona, también guardaparque y, junto a Duclo, integrantes de la Asociación para la Conservación y el Estudio de la Naturaleza (ACEN) que impulsó el Monitoreo de Áreas Protegidas, indica que la tarea de conservación no escapa de estar en un contexto patriarcal y eso se vive dentro de los ámbitos de trabajo, pese a que cada vez son más mujeres las que cursan la carrera. “Históricamente el rol de guardaparque se lo asoció a la figura del hombre Cis y a una serie de tareas que asocian normalmente con los varones”, explica.

“Nosotras también lo vemos en nuestros trabajos. Es difícil encontrarse con identidades disidentes trabajando en los territorios porque tampoco hay inserción laboral para elles. Y como mujeres también lo vemos y lo sufrimos, por ejemplo, desde el lado de los visitantes que concurren a las áreas protegidas que, muchas veces, tienen todavía esa mirada de que el guardaparques es un hombre cis”, relata Cardona y explica: “Puede pasar que desautorizan o buscan la referencia del guardaparque varón para validar lo que una les está diciendo. Son micro machismos que también pasan dentro del ámbito laboral y no escapan a la realidad patriarcal en la que vivimos".

La guardaparque destaca que pese a la situación percibe que el movimiento feminista también está llegando a estos lugares y estos espacios. “Veo en algunos sistemas, sobre todo municipales que se está incorporando mujeres para trabajar como guardaparques y eso es muy valioso”, cierra.

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Córdoba es considerada la segunda provincia con mayor superficie protegida del país, pero con un exiguo cuerpo de guardaparques trabajando por la conservación y el manejo sustentable de los ecosistemas. Foto: gentileza Manuela Duclo

Áreas sin implementación 

Según datos del Sistema Federal de Áreas Protegidas (Sifap) con el 26% del total de superficie bajo algún marco de gestión ambiental de protección, Córdoba es considerada la segunda provincia con mayor superficie protegida del país, pero con un exiguo cuerpo de guardaparques trabajando por la conservación y el manejo sustentable de los ecosistemas que proveen servicios ambientales que son vitales. Hay trabajadores en campo, que a veces ni siquiera cuentan con presupuesto para cargar combustible al vehículo para hacer los recorridos. 

Para determinar si un área protegida se encuentra “implementada” o en funcionamiento, existen medotologías de uso nacional e internacional, que mediante indicadores pueden establecer en qué situación se encuentran las zonas protegidas creadas bajo mecanismos legales.

En ese marco, de acuerdo al revelamientos de MAP, las áreas protegidas administradas por el Gobierno de Córdoba no llegan al nivel mínimo de implementación o funcionamiento. “Para el año 2019 ninguna de las zonas protegidas bajo responsabilidad del Gobierno provincia, llegó a cumplir el nivel más bajo de los 10 indicadores más básicos”, donde se evalúa, por ejemplo, si tienen personal a cargo, equipamiento, planificación, destacamento, vehículo, entre otros. Por lo que ninguna se encontraría implementada.

Según los datos, sólo dos de ellas lograron el nivel de “cercanas a implementarse mínimamente”: la Reserva de Uso Múltiple Bañados del Río Dulce y Laguna Mar Chiquita, y Reserva Tau (la cual es co-administrada con un municipio). 

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“Es importante atender la conservación de las áreas porque puede pasar cualquier cosa en esos territorios sin guardaparques que quedan desprotegidos”, dice la guadaparque Rocío Cardona. Foto: Gentileza ACEN

Proteger el ambiente y revalorizar el trabajo

“Yo soy del campo, nací en el campo, siempre necesité ese contacto con la naturaleza, y cuando fui creciendo me di cuenta de un montón de problemáticas o falencias donde si uno no pone el pecho ahí, a veces no hay otras personas que lo hagan”, cuenta Duclo, que nació en Colonia Caroya pero vivió toda su vida en San José de la Dormida, al norte cordobés, y por ello destaca: “Hay muchas personas que creen que porque se declare reserva una zona, está siempre cuidada y esto en la práctica no es así, es mucho más complejo y se necesita de muchas más cosas para que realmente se conserven ciertos espacios”.

En esa línea, Cardona, agrega: “Es importante atender la conservación de las áreas porque puede pasar cualquier cosa en esos territorios sin guardaparques que quedan desprotegidos”. 

“De hecho, actualmente, el proyecto de la Autovía de Punilla, que pasa por una de las áreas protegidas, está sin personal ni presupuesto y no se ha implementado nada”, dice Cardona y agrega: “Responde a la misma lógica de desprotección del ambiente”.

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"Muchas personas que creen que porque se declare reserva una zona, está siempre cuidada y esto en la práctica no es así, es mucho más complejo", indica Manuela Duclo,  quien trabaja en la reserva natural de la defensa Ascochinga. Foto: gentileza Jesica García Molina.

Ambas guardaparques trabajan en la reserva natural de la defensa Ascochinga, tarea que realizan en colaboración con las autoridades de la reserva que tiene gestión de la Nación. “Tenemos un acuerdo y buena relación para poder trabajar en lo que es el uso público, pero las dificultades en general pasan por no tener presupuesto”, dice Cardona y detalla que la situación complica toda la logística: lo que es el transporte, las herramientas, todo lo que hace al trabajo de guardaparques. La retribución económica les llega a través del bono voluntario que compran los visitantes de la reserva y que a finales de la temporada, como ahora, empieza a ser cada vez menos. 

Cardona tiene 25 años, se recibió en la UPC en 2018 y si uno le pregunta por qué quiso ser guardaparque, responde: “Siempre tuve una sensibilidad con la naturaleza en general  y me parece que atravesamos un momento histórico en relación a lo que estamos haciendo con nuestros ecosistemas que requiere que haya gente que quiera proteger los ecosistemas. Siempre sentí esa necesidad de estar en ese lugar”.

“Pese a todo, el trabajo de guardaparque es una profesión muy linda. Hay muchas cosas, aristas para trabajar. El contacto con la gente y la cuestión ambiental, es una cosa que personalmente a mi me interesa mucho”, subraya la joven y agrega: “Es sumamente importante que se priorice la conservación de las áreas protegidas que ya tenemos porque ahí, hay valores de conservación muy importante, tanto por el valor inherente que tienen por su ecosistemas como para las comunidades que dependemos de ellos”.

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