Un camino poco conocido y una visita a Cabalango

Turismo 09/04/2021 Por Vanina Boco
A esta famosa localidad del valle de Punilla se puede llegar también atravesando un camino alternativo que bordea las sierras y revela paisajes distintos.
Balcón Rafucho, en el camino que une Tala Huasi y Cabalango

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Especial para La Nueva Mañana

Cabalango es esa villa serrana que cada verano se inunda de visitantes y late al ritmo de la temporada turística. Su cercanía con Córdoba y Villa Carlos Paz y sus balnearios famosos, son algunas de las razones que despiertan el interés y enamoran a todo el que la visita.

Pero cuando la marea de turistas baja, es decir, en esta época del año, Cabalango se convierte en una alternativa para pasar el día o la tarde, relajarse a orillas de sus aguas doradas y caminar en su costanera.

Los caminos que conducen a Cabalango

La vía habitual para llegar a la localidad desde Córdoba es por la Ruta Provincial No 20, atravesando la ciudad de Carlos Paz, recorriendo una distancia total de unos 50 kilómetros. 

Pero, estos días otoñales se prestan para salir a recorrer y explorar nuevos caminos, por eso, en esta oportunidad, opté por ir hacia Cabalango por una ruta alternativa. Me dirigí por la Ruta Provincial N° 14 hacia la localidad de Villa Río Icho Cruz, atravesé el puente que la une a Tala Huasi y, siguiendo la calle Carrega Núñez, continué por el camino que los carteles indicaban a Cuesta Blanca. 

Esa calle me fue internando entre el cordón serrano desde donde se empezaban a perder las casas y solo se veían sus techos. Una ruta sinuosa y pedregosa en algunos tramos, que iba revelando un lado poco explorado del valle de Punilla.

A medida que iba subiendo, comenzaba a descubrir puntos panorámicos desde donde se ve el lago San Roque, la gran Villa Carlos Paz y hasta el nuevo tramo que une Falda del Cañete con Las Jarillas, donde está ubicado el Mirador Cura Brochero. 

El recorrido del río presenta pequeños saltos, cascadas y ollas
El recorrido del río presenta pequeños saltos, cascadas y ollas.

Este trayecto, que desemboca directamente en Cabalango, es usado por ciclistas y motociclistas que aprovechan la soledad y se entretienen con las dificultades del camino. Para hacerlo en auto, es conveniente transitarlo despacio porque hay subidas y bajadas con muchas piedras sueltas.

Ya descendiendo hacia el destino, se encuentra un gran valle de pasto prolijamente cortado como si fuera una cancha de golf. Inmediatamente, se ve a los responsables de semejante tarea: ovejas, chivos y llamas, ¡sí, llamas!, pastando tranquilamente en la pasividad del entorno. 

Este lugar pertenece a la Estancia Tres Estrellas que se dedica, según menciona un cartel, al “turismo eco-rural alternativo” y cuenta con una granja, un restaurante y acceso al reconocido balneario Trompa de Elefante. Una buena opción para pasar el día.

Llegando a destino

Seguí viaje porque la tarde se asomaba y aún no sabía cuánto faltaba para llegar a destino. Si bien este camino figura en Google Maps como S431 primero y como “Camino a Cabalango” después, no hay registro de la distancia. Depende del ritmo en que se haga, se demora un poco más de una hora en hacer el trayecto que une Tala Huasi con la localidad. 

Ya en pleno descenso, se empezaban a ver las primeras casas. El río Los Chorrillos, que atraviesa la localidad, aparecía entre la vegetación y se divisaban grupos de personas disfrutando de la tarde, tomando mates a orillas de las tan características aguas doradas de Cabalango. Esa tonalidad es propia de la presencia de yodo, que con los rayos del sol adquieren un brillo especial. 

Las grandes piedras lisas son el sello característico de este tramo del río. Y, cada tanto hay pequeños diques en los que se forman espejos de agua perfectos donde el cielo se refleja como una pintura. 

En sus márgenes, una costanera cuidada ofrece mesas y bancos para pasar el día con todas las comodidades. También hay baños que están ubicados a un costado del puente, cerca de la Oficina de Turismo. Hasta las 19 se cobra estacionamiento que va de los $200 a los $400, de acuerdo a la cercanía de la costanera. 

En esta parte del pueblo, hay restaurantes, kioscos, playas de estacionamiento y hasta una cervecería, pero la mayoría se encontraban cerrados, aun siendo fin de semana.

El río invita a caminar e ir descubriendo pequeñas ollas, saltos de agua y una cascada de mediana altura que está a pocos metros de la zona céntrica. Cada rincón es una pequeña postal para atesorar. 

Resulta interesante redescubrir algunos destinos fuera de temporada. Muestran otra cara, más relajada y dispuesta a la contemplación de la naturaleza. En Cabalango sucede esto, la pasividad de sus tardes otoñales son un bálsamo para despejarnos de la rutina.  

 

 

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