Tras los incendios, las inundaciones: la política ambiental otra vez en la mira

Las inundaciones de la semana pasada en Punilla volvieron a poner sobre la mesa la discusión respecto a la compleja situación ambiental que vive la provincia.
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Las inundaciones ponen en cuestión la política ambiental. (Fotos: gentileza)

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De un tiempo a esta parte, los fenómenos ambientales extremos parecen haberse convertido en moneda corriente para los cordobeses. En una especie de moebius situacional, la realidad ecológica del centro del país se mueve entre sequías prolongadas, incendios voraces e inundaciones que no parecen ser otra cosa que los síntomas extremos de una situación generada por los comportamientos sociales y las (des)políticas ambientales aplicadas durante décadas en la provincia. 

La semana comenzó con un grupo de vecinos denunciando el trabajo sin autorización de maquinarias realizando conexiones de agua en un sector clasificado como zona amarilla en Villa Santa Cruz del Lago. Al tomar intervención, la Provincia aplicó la medida de cese preventivo y precautorio de las actividades y se procedió al secuestro de elementos que se estaban utilizando de modo irregular. 

En ese marco, el espiral de responsabilidades vuelve a tocar un punto crítico, y a poner en alerta a las organizaciones y asambleas ambientales que desde hace años vienen denunciando este tipo de prácticas

La política ambiental en la mira

En un duro comunicado, en el que describe a Córdoba como una de las provincias “ambientalmente peor administradas de Argentina”, la FUNAM (Fundación para la Defensa del Ambiente) advierte que “los ríos desbocados de las sierras ocultan dos hechos que los funcionarios de turno no mencionan”. “Al simplificarse la biodiversidad de las sierras por fuego, desmontes y deriva de plaguicidas –porque los plaguicidas son un poderoso agente de destrucción de la biodiversidad en Córdoba- los suelos y su microbiodiversidad son arrastrados por el agua de lluvia. Son miles de toneladas de suelo con millones de pequeños seres vivos que deberán ser regenerados en sierras quemadas, algo cada vez más lento y difícil”, dice el titular de la organización, Raúl Montenegro.

Al mismo tiempo, sigue el comunicado, “esos suelos y su materia orgánica rellenan los cursos de agua y pequeños embalses, y los lagos artificiales. Esto aumenta el impacto de futuras crecientes. Peor aún, esas crecientes violentas empobrecen la biodiversidad de los escasamente protegidos arroyo y ríos serranos, que también deben auto reconstruirse”.

Montenegro
Raúl Montenegro : “Para que empiece un proceso de recuperación ambiental se necesitaría que comience una política de Estado; pero acá eso no existe”.

En el análisis que se difundió horas después de las crecidas que causaron destrozos en las localidades de La Falda, Huerta Grande y Villa Giardino, la fundación volvió a cargar contra la administración provincial, insistiendo sobre advertencias que se vienen realizando desde hace no menos de una década. “Si el gobernador Juan Schiaretti sigue con su actitud autista de promover obras faraónicas en lugar de proteger las cuencas hídricas y los ambientes nativos, Córdoba quedará cada vez más desprovista de biodiversidad protectora, el Cambio Climático Global aumentará dramáticamente su impacto negativo y se volverá a repetir pero aumentada la tragedia de 2015, cuando las inundaciones en Sierras Chicas provocaron 9 muertes y destruyeron más de 2. 000 viviendas”, señala Montenegro en el mensaje que se masificó el pasado fin de semana.

A mediados de año, cuando los incendios arrasaron con cientos de miles de hectáreas de bosque nativo, reduciendo esa superficie a sólo el 3%, el plan productivo y el desarrollo que se promueve a nivel provincial fue puesto nuevamente en cuestión. En una nota publicada por este medio, la consultora ambiental Alejandra Baumgartner advertía entonces que “el problema no está en ninguna actividad en sí misma, sino en la forma en que reciben la actividad y cómo se desarrolla esa actividad, en constante interacción con el sistema que lo recibe”. En ese sentido, la especialista de EC y Asociados señalaba como necesario el trabajo sobre la planificación y el control. Esas que se descubren ausentes luego de los hechos del fin de semana, aún cuando una ley nacional se propuso fortalecerlas en la última parte del 2020. 

Una temporada de lluvias prolongada

A sabiendas que el impacto ambiental no podrá revertirse de un momento a otro, algunas de las regiones de la provincia empiezan a tomar nota de lo que pueden llegar a ser nuevos comportamientos hostiles en materia climática. “El verano se corrió uno o dos meses, por lo que vamos a tener crecida de ríos e inundaciones en el mes de abril”, asegura Mario Navarro al ser consultado por La Nueva Mañana.

“Desde hace aproximadamente 13 años se fueron incrementando todos estos sistemas de presión en altura a nivel medio, asociado a la saturación del aire y vapor de agua asociado con la humedad, que hace que los núcleos de tormenta sean relativamente chicos”, explica el meteorólogo, que también advierte que esos núcleos pueden tener un radio de entre 8 y 20 kilómetros cuadrados, donde “esas protuberancias de cúmulos propios de la nube, al ser sobresaturado por el vapor de agua, genera un mayor volumen que por pérdida de energía descarga a través del viento o la lluvia”. El fenómeno que se explica a partir de varios elementos que tienen que ver con actividades que se producen a nivel atmosférico se viene dando desde hace una década en todo el mundo, con mayor intensidad en Sudamérica. 

Navarro
Mario Navarro: “A partir de la segunda quincena de abril, los cauces de los ríos y los diques de nuestra provincia van estar en su máxima expresión”.

Respecto a las sequías, Navarro dijo que la falta de lluvias durante el 2020 era algo “que se venía anticipando” desde comienzos de la temporada. “Hemos tenido sequías más importantes desde el año 74 aproximadamente. Desde el año 2013 hemos tenido, incluso eventos peores que éste, tanto en Córdoba como en otros sectores del país”, señala. “En nuestra provincia hemos tenido déficits hídricos importantes, sólo en las Sierras Chicas hubo 2.680 milímetros de déficit acumulado entre 1999 y 2014. Eso pasa porque la transformación de los corredores no venía con el suficiente aporte de humedad a nivel medio pero también por la parte topográfica y demográfica que fue cambiando sustancialmente en los últimos diez años, donde la cantidad de habitantes se incrementó entre un 300% y 400% desde el año 1999 aproximadamente”, señala el meteorólogo. 

De cara a los meses por venir, Navarro advierte que “el verano se va a correr entre 20 y 40 días”. Por esa razón, se esperan días calurosos en la segunda quincena de febrero, marzo y abril; a la vez que se anticipan la presencia de lluvias “muy importantes” durante marzo y abril. “Serán eventos como hace alrededor de 12 años que no se dan. Las sierras de Córdoba y las partes sur y sudoeste de la provincia van a tener buenas precipitaciones, por lo que a partir de la segunda quincena de abril, los cauces de los ríos y los diques van estar en su máxima expresión”, afirmó consultado por este medio. 

En ese marco, Navarro se anima a anticipar algún tipo de inundaciones en todo el sur provincia hacia los meses de abril y mayo, fenómeno que puede expandirse y traer complicaciones en otras regiones del país.  

El problema de la (no) política ambiental

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“Mientras sigan los modelos de precipitación intensa, las crecientes van a ser cada vez más violentas”, aseguró Raúl Montenegro a La Nueva Mañana. “La destrucción de la biodiversidad va disminuyendo la capacidad para poder resistir el impacto de las lluvias porque en lugar de infiltrar el agua, predomina el agua que corre en superficie. Al fuego y al desmonte se le va agregando, así, el daño que hace el agua. Lamentablemente el pronóstico es reservado”, advirtió. 

Consultado por las posibilidades de revertir la situación, el titular de Funam considera “ridículo” que exista una ley sobre comité de cuencas que no se respete. “No puede haber una administración de la cuenca hídrica sin comité de cuenca. Pero, además, lo lógico sería empezar un programa de lo que en biología se conoce como ecosucesión, que implica ayudar a que los ambientes nativos que quedan vayan reconquistando los lugares que se han quemado o han sido desmontados. Mediante clausuras y sistemas de alambrado se podría buscar favorecer que el ambiente que se destruyó vuelva a expandirse. Eso es lo que haría cualquier Estado inteligente”, detalla. 

Para el biólogo, la única forma para recuperar el buen funcionamiento de la cuenca hídrica es con una política de Estado. “Bajo ningún punto de vista una o dos gestiones de gobierno lograrían hacerlo, y mucho menos en casos como el actual, en la que la característica es la no política de ambiente”, afirma. 

“Acá hacen falta varias gestiones llevando adelante una misma política. Para que empiece un proceso de recuperación ambiental se necesitaría que empiece una política de Estado. Acá eso no existe y queda administrativa y dramáticamente reflejado por la ausencia de un comité de cuencas y por la inexistencia de un mapa de biodiversidad. Se está destrozando biodiversidad que ni siquiera conocemos”, asegura. 

 

 

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