Murió este lunes Sara Solarz de Osatinsky, una imprescindible

País 24/11/2020 Por Adrián Camerano
Militante revolucionaria tenía 85 años y fue querellante en juicio de lesa humanidad, la viuda de Marcos Osatinsky dejó de existir este lunes en Suiza, donde residía.
Sara Solarz de Osatinsky by Tw Pietragalla Corti
Sara Solarz, ingresando a la sala de audiencias de los tribunales federales de Córdoba. Foto: Twitter Horacio Pietragalla Corti.

Sara Solarz de Osatinsky, murió este lunes en Suiza, a los 85 años. Tucumana, militante revolucionaria, querellante en juicios de lesa humanidad y única sobreviviente de una familia diezmada por la represión del terrorismo de Estado, la “Kika” –así era conocida- pasa a formar parte de esa larga lista de imprescindibles que partieron físicamente pero que dejan un legado de lucha para las generaciones actuales y venideras.

Viuda de Marcos, jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), y madre de dos jóvenes asesinados por la dictadura –Mario y José-, Solarz fue detenida en Buenos Aires en 1977 y mantenida cautiva en la Escuela de Mecánica de la Armada. Allí fue torturada, violada y obligada a realizar trabajo esclavo, puntualmente en la sala donde eran atendidas las cautivas embarazadas, a las que luego les robaban sus bebés. De hecho, tras su paso por ese centro clandestino de detención, tortura y exterminio, Sara atestiguó acerca del funcionamiento interno del sitio y detalló cómo se realizaba el robo de recién nacidos. 

Solarz de Osatinsky recuperó su libertad el 19 de diciembre de 1979, cuando fue embarcada en avión para España por personal de la Armada Argentina, con pasajes suministrados por la institución. Ya en el exterior, fue protagonista de una intensa campaña de propaganda que denunció, en todo el mundo, los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura cívico-eclesiástica-militar argentina.

Con el retorno de la democracia, fue testigo del Juicio a las Juntas (Causa 13), donde relató que, pocos días después de su ingreso en la Esma, fue interrogada por dos hombres de civil que dijeron pertenecer al Tercer Cuerpo de Ejército y al campo de concentración La Perla. Según el testimonio uno de ellos, Héctor Vergés, le relató cómo había matado a su hijo Mario, de 18 años, cómo había secuestrado y dinamitado el cuerpo de su marido, Marcos, y le expresó “su alegría” por la desaparición de su hijo José, de 15 años, también en Córdoba.

Una y otra vez Sara Solarz de Osatinsky dio testimonio; como señalaba Rodolfo Walsh, “en momentos difíciles”, y en otros contextos no tan adversos. En 2018 Sara tenía ya 83 años pero no cejaba en su afán militante: fue querellante en Córdoba en la causa Montiveros, que juzgó el secuestro y desaparición de José, su hijo menor.

Es imposible resumir en pocas líneas su aporte a la causa de la revolución, pero a modo de síntesis cabe recordar su denuncia, junto a otras compañeras, ante la Comisión Argentina de Derechos Humanos (CADHU), en 1980, donde detalló la realidad de aquella Argentina signada por un horror que nunca más debe regresar.

La muerte de Sara, y la reciente desaparición de Víctor Basterra, también ex detenido en la Esma, privan al campo popular de dos militantes de esos que luchan toda su vida. Los imprescindibles.

 

 

 

 

 

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