Palabras prestadas: “Yo guardo siempre tu querido nombre”

Cultura 14/02/2020 Por Barbi Couto
La poesía y la literatura son desde siempre las palabras mágicas para las pócimas del corazón. Esta edición reúne fragmentos de historias para todos los gustos.
Palabras prestadas 15-02-2020
- No hay un solo tipo de historias de amor, sino tantos tipos de amor como personas capaces de sentirlo.

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Especial para La Nueva Mañana

Porque no hay un solo tipo de historias de amor, sino tantos tipos de amor como personas capaces de sentirlo. La soledad, el encuentro, la pasión, las mariposas en la panza, la ausencia, la falta de amor, la vida en compañía, la aventura. Busqué entre mis libros con el ojo y el corazón puesto en armar un convite amoroso de poemas y cuentos. Con personajes que buscan, sueñan, extrañan, se enamoran, quizás hasta se definen en clave del amor que se atreven a sentir. El deseo de quien compila estos textos como quien reúne ingredientes para una pócima de caldero mágico, es que en su vida encuentren el amor, y que sea un amor hecho a la medida de cada uno.

* * *

En el tronco de un árbol una niña / grabó su nombre henchida de placer / y el árbol, conmovido allá en su seno, / a la niña una flor dejó caer, / yo soy el árbol conmovido y triste, / tú eres la niña que mi tronco hirió, / yo guardo siempre tu querido nombre / y tú, ¿qué has hecho de mi pobre flor?

(“Y tú, ¿qué has hecho?”, de Eusebio Delfín e Imapla. Ekaré)

y tu que has hecho

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Nos amábamos rodando por el espacio y éramos una bolita de carne sabrosa y salsosa, una sola bolita caliente que resplandecía y echaba jugosos aromas y vapores mientras daba vueltas y vueltas por el sueño de Helena y por el espacio infinito y rodando caía, suavemente caía, hasta que iba a parar al fondo de una gran ensalada.

Allí se quedaba, aquella bolita que éramos ella y yo; y desde el fondo de la ensalada vislumbrábamos el cielo. Nos asomábamos a duras penas a través del tupido follaje de las lechugas, los ramajes del apio y el bosque del perejil, y alcanzábamos a ver algunas estrellas que andaban navegando en lo más lejos de la noche.

(“Amares”, de Eduardo Galeano en “Los sueños de Helena”. Libros del Zorro Rojo)

los sueños de helena

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La cazadora cabalgó hacia el palacio. En el camino, se cruzó con pobladores, que la confundieron con un varón.

Una vez en el castillo, se presentó ante la princesa. Haciendo una reverencia, puso a los pies del trono el cordero. Sacó de entre sus ropas el terciopelo y se lo entregó. Sobre el paño verde descansaba una larga y preciosa trenza rojiza, adornada con una cinta dorada.

El corazón de la princesa latía alocado. Apenas la vio entrar, se enamoró. Siempre seguía la voz de su corazón. Se miraron a los ojos y La Princesa Guerrera supo, entonces, que había encontrado a su cazadora.

(Fragmento de “La Princesa Guerrera”, de Amalia Boselli. Editorial Muchas Nueces)

la princesa guerrera
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Oh pequeño Piudoc / me has dado en el medio / del corazón

tu flecha es más dulce que la miel / me desmayo y vuelvo a nacer

Piudocito mío / ahora todo me parece lindo / ¿fue casualidad? / ¿pasaba justo yo / por el camino de tu tiro?

Piu chiquito / por tu travesura / me he quedado enamorada.

(“Piudog”, poema de Roberta Iannamico en “Diosas y dioses”. Los Libros del Lagarto Obrero, Editorial Maravilla)

diosas y dioses
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Se fue / y en su partida / se llevó algo mío. Me dejó un hueco.

Un hueco puede parecer / un lugar desolador / y sin embargo cada día me doy una vuelta por ahí. / Porque es un sitio cálido, / inspirador, / un sitio reparador, / y sobre todo seguro.

Un sitio diferente a todos, / adonde puedo regresar / cada vez que quiera. / Es que hay huecos / y huecos / y creo que el mío me acompañará siempre / porque sin este hueco, / ya no soy yo.

(Fragmento de “Un hueco”, de Yael Frankel. Calibroscopio)

un hueco

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IX

El amor supo cuánto debió esperar / cuándo desaparecer. / Sabe ahora / nosotros también lo sabemos / cuál fue su equivocación: / nunca debió dejarnos. / Nunca debió pensar que alejarse era salvarnos.

Jamás pedimos nuestra salvación / sólo vivir y morir en el incendio.

(Poema del “Libro del amor”, de Glauce Baldovin en “Mi signo es de fuego, poesía completa”. Caballo Negro)

Mi signo es fuego

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Los padres solían caminar en los atardeceres alrededor de la casa. Hacia el río,

hasta los manzanos.

Una vez, mirándolos, el viajero nos dijo:

¿De qué hablarán?

De qué hablarán, pensamos.

Y supimos que nuestros padres

eran también un hombre y una mujer

sosteniendo

nuestras vidas y el mundo.

(Poema 24 de “El viajero”, Susana Cabuchi. Viento de fondo)

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-¿Siempre estuviste acá adentro?

- Siempre no.

- Cuando era joven tenía un amor, un muchacho que arreglaba el jardín… A veces íbamos juntos hasta el arroyo. En ese entonces no me daba miedo la luz… pero él se fue y yo no tuve coraje para irme con él.

- ¿Qué quiere decir coraje?

- Coraje es el valor para vivir como uno quiere, como uno cree…

(Fragmento de “Clara y el hombre en la ventana”, de María Teresa Andruetto. Limonero)

clara y el hombre de la ventana

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Su corazón se paró en seco. Era ella. Por fin era ella, después de meses de buscarla. El gnomo permaneció un momento en silencio, observando a Escarola ir y venir en su pequeño dominio. Tenía un aspecto tan saludable, tan sereno. Ya no era cuestión de ser princesa; aquí, ella era la reina… ¿Qué podía decirle? Hacía tanto tiempo… Y además ¿por qué hablar? ¿No era suficiente con haberla visto así, tan feliz como se puede desear? Tantas preguntas se revolvieron en su cabeza que el gnomo comenzó a dudar. Reflexionó un largo momento, y luego se dijo: “Saber que está viva y feliz, con eso me basta. Aun si...”

Apartó lentamente su mirada de esta felicidad tranquila y se preparó para irse sin una palabra. Pero lo hizo sin considerar las picardías del bosque, que no pensaba dejarlo renunciar así de fácil.

(Fragmento de “Princesas, dragones y otras ensaladas”, de Marie Vaudescal. Pípala, Adriana Hidalgo)

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