El cordobés que “Żyć marzeniem” en Polonia

Deportes 01/11/2019 Por
Nico Zenón hizo inferiores en Belgrano, Talleres, jugó las “talachas” en México, y a los 24 años firmó su primer contrato profesional. Y lo hizo en el fútbol europeo. Una historia de perseverancia.
Zenon Polonia
- Nico Zenón está jugando en Wierchy Rabka, en la ciudad de Rabka-Zdrój. Foto: gentileza.

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La ansiedad le recorría todo el cuerpo. Estaba en el aeropuerto, con una valija llena de ilusiones y esperanzas, y esa sensación le invadía su metro ochenta. Semanas atrás jugaba para el Club Deportivo y Biblioteca Villa del Dique, y de repente la aventura Europa estaba a la vuelta de la esquina. ¿Nervios? No, Nicolás Zenón, a pesar de las distintas circunstancias de su carrera, confiaba en sus condiciones. Con 24 años viajaba a Polonia con la idea firme de transformarse en futbolista profesional.

Y lo logró.

No fue fácil.

Zenón es una historia de perseverancia. Muchas veces le dijeron que ya estaba, que se dedicara a otra cosa, que el tren del fútbol había pasado de largo, que vaya a trabajar de otra cosa. Pero nunca se rindió y hoy Ĺťyć marzeniem (“vive un sueño”) en tierras polacas.

Oriundo de Embalse se inició en el fútbol en Fitz Simon de esa localidad siendo un niño, luego pasó por Atlético Río Tercero, pero debutó en Primera con la casaca de 9 de Julio de Río Tercero a los 15 años. Siendo un adolescente hizo inferiores en Belgrano, Rosario Central y Talleres. Sorpresivamente para él, después de jugar en AFA y ser titular todo el torneo, quedó libre del Albiazul. De ahí se fue a México, donde jugó en torneos regionales y en campeonatos llamados “talachas”, que son certámenes relámpagos amateurs, pero pagos. Y, a veces, muy bien pagados. Al regresar de tierras aztecas, jugó el Federal C con Tiro Federal de Londres, Catamarca. Retornó, posteriormente, a sus orígenes en la Liga de Río Tercero con Belgrano de Amafuerte, Fitz Simon de Embalse y Biblioteca de Villa del Dique fue su último paso. De allí salió la posibilidad de ir a probar suerte a Europa.

Y allá fue.

“Al llegar a Polonia me esperaba un representante, que lo conocía a través de un compañero que había tenido en México. Entrenamos tres semanas doble turno todos los días, sólo descansé un domingo. Al mes de llegar tuve una prueba en un equipo de la Segunda división, Sokół Kleczew, y quedé. Anduve bien en los entrenamientos, al técnico le gustó. Pero el día que iba a firmar, me estaban dando una indicación en polaco y yo miraba sin entender y justo pasó el presidente del club. Vio que no entendía cuando me hablaban, que no me podía comunicar y bajó la contratación. El idioma me jugó en contra. Pero yo sabía que iba a encontrar un club, un técnico que le iba a gustar mi juego aguantándome el tema del idioma. Hasta que lo logré en la siguiente prueba”, relata Zenón, en charla con La Nueva Mañana, desde la tierra de Ryszard Kapuscinki y el Papa Juan Pablo II.

Actualmente está jugando en Wierchy Rabka, en la ciudad de Rabka-Zdrój. Tercera división. Con contrato profesional en euros, un departamento y comida. Vive un presente soñado.

Aunque el problema con el idioma persiste.

“Me está yendo bien, gracias a Dios, he jugado todos los partidos de la temporada los 90 minutos. Estoy manteniendo un nivel, y eso es bueno. Estoy feliz. El nivel del torneo es muy alto, acá vuelan todos, físicamente hay que estar muy bien, hay mucha potencia. El primer mes me costó bastante por el idioma. El técnico sabe un poco de inglés, pero al no haber otro extranjero, directamente habla en polaco. Me dan indicaciones al inglés, que lo manejo bien. Pero el polaco es muy complicado y el primer mes me costó mucho. Daban indicaciones y yo no entedía nada. Un compañero, que sabía inglés, me ayudó al comienzo. Yo me ponía nervioso. Ahora ya van cinco meses que estoy, ya me hice amigo de los compañeros y ellos me apoyan mucho. Si algo no entiendo, tengo la confianza de preguntarles. Me rio ahora cuando no entiendo algo, ya no me pongo nervioso”, narra el embalseño.


Tantas cosas pasaron en la búsqueda del cumplimiento del sueño en Nicolás Zenón. Por eso, ese 3 de agosto, cuando firmó el contrato fue una explosión de felicidad en él, y su casa natal, donde, a la distancia, sus padres Gabriela y Alberto festejaron al igual que sus hermanos, también futbolistas, Jeremías y “Cota”.

Nico entendió que tenía una meta clara, a pesar de algunos tropezones o decisiones de adolescente. Desarrolló esa capacidad de pasar por alto lo que le decían o lo que otros creían que debía hacer. No se desenfocó de sus ilusiones que surgieron de los potreros de las sierras cordobesas. Por eso, hoy goza de este presente, que le llega con 24 años y a miles y miles de kilómetros de su hogar.


“Cuando el representante me llamó y me dijo que iba a firmar mi primer contrato me llenó de emoción. Estaba lejos de mi familia, con un idioma diferente. No había venido directamente a firmar contrato. Vine a probarme. Entonces, se disfruta mucho más cuando venís de abajo, por todo el sacrificio que hice. Muchas veces acá me siento solo, y no me puedo comunicar. Pero ya voy a aprender el idioma. Estoy muy feliz”, cierra la charla Zenón. Y, ojo, todavía resta sueños por cumplir en su vida futbolística.

 

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