Reserva Los Quebrachitos, un ambiente protegido en las Sierras Chicas

Turismo 01/11/2019 Por
Son 5.000 hectáreas en Unquillo, a pocos kilómetros de Córdoba Capital. Una buena alternativa para caminar en tranquilidad y disfrutar de un entorno resguardado.
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1 / 5 - La reserva propone dos paseos: uno más corto y mediana intensidad y otro más largo con demanda física más importante. - Fotos: Vanina Boco

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Especial para La Nueva Mañana

Los días de calor intenso están llegando y salir de la ciudad, aunque sea por unas horas, se vuelve una necesidad. Por eso es bueno comenzar a explorar esos lugares cercanos que nos puedan brindar un ambiente agradable para pasar el día

A menos de 50 kilómetros de la ciudad de Córdoba, Unquillo –con su lema que lo identifica como “un pueblo de artistas”– ofrece no solo su tranquilidad, sino uno de los rincones protegido de las Sierras Chicas: la Reserva Municipal Hídrica Recreativa Natural Los Quebrachitos.

Esta área protegida de casi 5.000 hectáreas fue creada en el año 1999 con el objetivo de promover actividades de conservación, educación e investigación sobre los recursos naturales locales. Se llamó así por la gran cantidad de horco quebrachos y quebrachos blancos que existían hace más de 100 años, de los cuales no queda casi nada por la tala indiscriminada de los años posteriores. Una de las características importantes es que en esta zona se encuentran las nacientes de los arroyos Cabana y Las Ensenadas, tributarios ambos del arroyo Unquillo y afluentes de los ríos Saldán y Suquía. Estos cursos de agua son uno de los atractivos del paseo por la reserva.

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(Fotos: Vanina Boco)

Descubriendo el entorno

Para llegar a Los Quebrachitos en colectivo hay que tomar un interurbano hasta la terminal de Unquillo y luego un transporte urbano para recorrer los ocho kilómetros que separan la reserva del área más poblada. Una vez allí, hay que hacer una caminata de unos 20 minutos para arribar a la entrada. 

Al iniciar el recorrido, lo primero que se puede ver es la Casa Museo y Capilla Buffo, que conserva obras y objetos del artista Guido Buffo y que juntas forman parte del atractivo turístico destacado de la localidad. Ya desde el camino se pueden ver las características formas de la arquitectura de la capilla que con su color blanco sobresale en el entorno verde. 

La reserva propone dos paseos: uno más corto y de mediana intensidad y otro más largo con una demanda física más importante. Como el día estaba muy caluroso, opté por hacer el más sencillo.

La caminata se realiza bordeando el arroyo y, a lo largo del trayecto, hay que cruzarlo varias veces. En algunas partes, se lo puede ver desde arriba, pero siempre se lo tiene de referencia. También hay carteles interpretativos que describen el funcionamiento del suelo, señalan la importancia de las lluvias, describen la flora y fauna, entre otras explicaciones.

Mi paseo comenzó con una sorpresiva aparición: una víbora que nadaba tranquilamente me hizo recordar que hay que prestar más atención a todo el entorno, porque es la temporada en que estos animalitos ya están activos. Patos, sapos, perdices, mojarritas y aves de todo tipo completan el listado que muestra que la reserva goza de buena salud. En cuanto a la flora, lamentablemente, se ve una proliferación de especies exóticas como las moras, grateus y acacias negras.

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En búsqueda de las cascadas

El agua va buscando su forma entre las piedras, su caudal es bajo todavía, pero aún así en algunas partes se forman pequeñas ollas ideales para darse un baño. A uno de los lugares más lindos se llega luego de una caminata de unos 15 minutos nada más. Se trata de unas cascadas que se forman atravesando el ancho del arroyo. El agua cae por las paredes de piedra tapizadas con musgos y se deposita en un pozo especial para refrescarse. 

Cruzando entre las piedras, se puede continuar el recorrido. En algunas zonas, el sendero se pierde y hay que ir mirando a ambos lados del agua para ver por dónde seguir. En otras, atraviesa túneles de árboles que brindan una sombra fresca en una siesta calurosa. Los carteles interpretativos sirven para guiarse, aunque no muestran señalizaciones. En algunos tramos, el camino se ve interceptado por vacas que descansan tranquilamente y no regalan ni un pedacito de espacio para cruzar. Hay que usar el ingenio para buscar vías alternativas.

El final del recorrido más largo promete una cascada, pero hay que ir trepando las piedras grandes que están en el agua, un nivel de complejidad que demanda tiempo y esfuerzo. 

Mientras la tarde cae, la reserva se va llenando de gente que va a tomar mate al costado del arroyo o a darse un baño en sus aguas. Unquillo ha hecho un buen trabajo de conservación de este entorno que ofrece todos sus recursos naturales para que sus visitantes puedan disfrutarlos y aprender a cuidarlos.  

+ Info:

La entrada a la reserva no tiene costo. 
Los paseos grupales, de más de 10 visitantes, solo pueden ser realizados con la guía de profesionales habilitados, con los seguros y permisos pertinentes. Para eso, es necesario comunicarse a la oficina de Ambiente (03543) 488-999 interno 133.

Facebook: Turismo Unquillo

 

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