
Los cordobeses estamos pagando la privatización del transporte público

Se discute todo vinculado al transporte en Córdoba desde hace años, menos una cosa: la decisión de haber privatizado totalmente el transporte público de pasajeros y si las ganancias de los empresarios se condicen con el servicio que se comprometieron a prestar. A ERSA, le cabe una responsabilidad muy importante en este conflicto.
Es como si se pudiera debatir todo, menos, los excedentes que se amasan a pesar de una prestación paupérrima y el incumplimiento serial del contrato que firmaron con nosotros los cordobeses al quedarse con el servicio. Así cualquiera. El paradigma de gestión que reza "los privados son más eficientes", está despedazado en Córdoba. Los concesionarios privados muestran dos características lapidarias: generan más pérdida y prestan peor servicio. No se puede correr al Estado de todo, ahí está el punto.
Esa privatización explica también la intervención del año pasado de UTA Córdoba, que hoy estalla con 8 días de paro. Mestre y el monopolio de ERSA, operaron muy fuerte para quitarse de encima una conducción del gremio local que no podían manejar.
Acordaron con la UTA nacional mandar un interventor de rompe y raja, y la bronca quedó muy latente. No voy a ser hipócrita, no tengo ningún especial afecto por el gremio local de los choferes, que ha tenido prácticas muy desafortunadas que no olvido, ni jamás justificaré. Pero trato de entender el conflicto para pensar soluciones: a los trabajadores les fue impuesto una persona como representante, que se comporta como un socio directo de ERSA y el Gobierno municipal, y no como un defensor de los derechos de sus representados que es lo que corresponde a una conducción gremial.
Es de manual que iban a desconocerlo. Básicamente, ese interventor no representa a nadie. Eso también es responsabilidad de Mestre y parte central del problema: ¿con quién se dialoga entonces? El conflicto explotaría tarde o temprano, Mestre lo sabía bien y se desentendió, de nuevo. Tal vez pensó que con la intervención se garantizaba menor conflictividad y una nueva gentileza a su amigo Romero, dueño de ERSA. Calculó mal. Nadie se deja pisotear tan fácilmente. El Intendente tiene que hacer política en el Municipio, sentarse con el gremio local, ayudar a que se ordene, no mirar para otro lado. También ese habría sido un éxito de su gestión: tener a la UTA Córdoba normalizada. Pero hizo la "fácil" y todo explotó como era previsible.
Y ahora la emergencia. Un plan presentado hoy que deja más preocupaciones y dudas, que certezas de buen funcionamiento. Se hace "lo que se puede", con el problema ya estallado, con múltiples pretensiones electorales, con todos los errores e irresponsabilidades de años mezcladas y sonando al mismo tiempo. Con mucha voluntad para medirse, para confrontar, y poca para resolver. Si el criterio para la planificación del Estado en vez de ser únicamente el lucro de unos poquitos, hubiera sido el acceso masivo y la calidad de prestación para todos los que lo usamos, posiblemente no estaríamos ante este problema. Un problema que tiene un punto nodal de nacimiento: la privatización.
*Miguel Magnasco es presidente de la Fundación Córdoba de Todos.


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