
En defensa de la propiedad
Sergio TagleEl Gobierno nacional es el principal enemigo de la propiedad social y también personal. El proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada, en su título, puede prescindir de los beneficiarios exclusivos y excluyentes de la norma: Elon Musk, Peter Thiel, Jeff Bezos y los pocos mil millonarios que aspiran a gobernar el planeta. Esta explicitación es innecesaria porque se desprende, como evidencia, del espíritu y letra de la ley.

Al mismo tiempo, el principio liberal libertario nombrado en la norma y enunciado como el principal bien a proteger por la moral de Estado, la propiedad privada, concita la simpatía de quien piensa “lo que tengo es producto de mi trabajo”. Este, según la narrativa oficial, sería robado por un genérico “colectivismo” que incluye al peronismo y la izquierda. Sin embargo, el hipercapitalismo mileísta usurpa la propiedad de quienes trabajan para tener lo que poseen. Y los denunciados como enemigos de sus pertenencias, son los más destacados defensores. Marx y Perón la vieron mucho antes que Milei.
Expropiación y robo
La ejecución de la ley contempla dos momentos: expropiación nacional y social y después, robo. Primero se despoja al país de toda legislación protectora de bienes comunes. La tierra jurídicamente arrasada permanece fértil para los negocios de billonarios extranjeros, que podrán comprar tierras en extensión equivalentes a provincias argentinas. El agua también será patrimonio de ellos. Especuladores inmobiliarios y agropecuarios podrán incendiar bosques nativos, con licencia legal, para después montar allí sus actividades empresarias.
De esta manera, primero se transfiere la propiedad social argentina a las cuentas de los tecnomagnates, que después querrán ser inviolables.
Lo propio ya ocurrió con trabajadores. Su capacidad de compra disminuyó hasta un 33,3% desde la asunción de Javier Milei. Este porcentaje no se desvaneció en el aire. Fue transferido desde las clases trabajadoras (formales e informales; obreros, empleados, jubilados, profesionales) a los sectores concentrado del capital, un monto estimado de 83,4 billones de pesos [i] Las clases poseedoras, en sus versiones nacionales y globales, expropian el fruto del trabajo individual y social, éste último acumulado a través de generaciones. Sin embargo, batalla cultural mediante, el gobierno logra convertir en popular al valor “propiedad privada”. Con notable extemporaneidad e inexactitud, convence a personas que se expresan en las redes y ante móviles de televisión, de que el fantasma que recorría al mundo en el siglo XIX, el comunismo, iba y sigue yendo por la casa, el auto, el celular de los comunes. Nunca fue así. Y ni a una afiebrada alucinación histórica se le podría ocurrir que ese fue el propósito del peronismo que, sí, en cambio, ampliaba este derecho a los particulares y la comunidad.
Perón
Es demasiado conocido y evidente que Perón respetaba la propiedad privada. Más, su objetivo, contrario al de sus enemigos actuales y de entonces, era multiplicar la cantidad de propietarios.
La Constitución de 1949, en su famoso Artículo 38, estableció que “la propiedad privada tiene una función social y, en consecuencia, estará sometida a las obligaciones que establezca la ley con fines de bien común." El mismo artículo detallaba que el Estado debía garantizar la propiedad de las personas trabajadoras. Por ejemplo, instruyó que cada hombre o mujer de campo tuviera la posibilidad de convertirse en propietario de la tierra que cultivaba. Se logró que más 100.000 arrendatarios rurales se transformaran en dueños legítimos de sus campos. Además, se ejecutaron medidas muy conocidas, como el acceso a la vivienda a través de créditos masivos del Banco Hipotecario Nacional, a tasas de interés muy bajas y sin necesidad de ahorro previo.
Solo la ignorancia, la mala fe o la “indigencia cognitiva” (como definió un periodista para referirse a Manuel Adorni) puede negar cuánto el peronismo expandió el consumo y el patrimonio individual de los trabajadores; multiplicó la cantidad de pequeños y medianos propietarios.
Marx
La crítica y también la reivindicación del pensamiento marxista es una tarea ciclópea, habida cuenta del volumen y complejidad de la obra de Karl Marx y de sus continuadores en el siglo XX y el XXI. La pequeñez presidencial, de los ideólogos de la Fundación Faro y animadores de La Derecha Fest, lo descalifica a partir de chismes incomprobables e incomprobados de su vida privada. Y, para hacerlo, prescinde incluso de la lectura de un texto de divulgación, accesible a un estudiante de la secundaria, el Manifiesto Comunista. En el Capítulo II, Marx escribe: "Se nos ha reprochado a los comunistas el querer abolir la propiedad personalmente adquirida, fruto del trabajo propio, esa propiedad que forma la base de toda libertad, de toda actividad, de toda independencia individual. [...] No tenemos que abolirla”. Después deja en claro que el comunismo no busca destruir lo que hoy debiéramos considerar propiedad personal (los bienes ganados con el esfuerzo propio), sino abolir la propiedad privada burguesa, grandes bancos, empresas, latifundios, que explotan el trabajo, esto es, la propiedad ajena.
Milei imputa analfabetismo económico a quienes esbozan mínimas críticas a su modelo, mientras ostenta terraplanismo respecto de toda teoría económica que no pertenezca a la Escuela Austríaca y se jacta de ser merecedor del Premio Nobel de Economía. Cuando vocifera su crítica al comunismo, reducida a cuatro adjetivos, el periodista amigo que lo entrevista en ese momento haría bien en preguntarle si leyó El Capital. Ya en el Tomo I, Marx define que “la propiedad privada fruto del propio trabajo [...] es desplazada por la propiedad privada capitalista, basada en la explotación del trabajo ajeno, formalmente libre". Y defiende lo que llama “propiedad personal”, en contra de la propiedad privada (de los medios de producción) expropiadora de la casa, el auto, el celular, la heladera del trabajador.
El anarcocapitalismo expropiador de trabajadores
Los exponentes de la Escuela Austríaca defienden, con fanatismo, la propiedad de los grandes capitales que expropian las pertenencias de los comunes. Lo que Javier Milei llama “colectivistas”, son quienes con mayor convicción doctrinaria defienden el resultado del trabajo personal y social. Quien quiera preservar bienes y servicios obtenidos a través del propio esfuerzo, hará bien en distanciarse de la doctrina oficial. Y saber que quienes defienden la propiedad resultante del propio mérito, son Marx y Perón. No Agustín Laje, Nicolás Márquez, Diego Recalde, Javier Milei.
[i] Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE), colectivo de economistas e investigadores de Argentina, cálculo realizado procesando estadísticas oficiales del INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos.


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