Gabriela Weller: “El buen periodismo se hace con enfoque de derechos y perspectiva de género”

El periodismo interpela a la sociedad sobre las prácticas actuales en un campo minado de desigualdades y políticas antiderechos. Gabriela Weller reflexiona sobre las condiciones del complejo ejercicio de comunicar.
Cultura05/06/2026Beatriz MolinariBeatriz Molinari

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"Hay un retroceso en lo que considerábamos avances concretos en materia de periodismo no sexista", indica Gabriela Weller sobre el tratamiento periodístico de las noticias. Fotos: LNM/ Lucrecia Binchini

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 “Me parece que incluso habría que sacar un poco de la centralidad que suele tener, el periodista, la periodista y ampliar el tema hacia el derecho a la información. Porque un pueblo que no está informado… ya vemos lo que nos pasa”, dice Gabriela Weller en el inicio de una charla sobre periodismo, preocupaciones, sospechas y demonios instalados. 

Le preguntamos a Weller sobre la importancia de comunicar, planteo sencillo, aunque para nada obvio en las circunstancias actuales. Gabriela se preocupa por la falta de rigor. “Me preocupa que no se chequeen las fuentes, la rumorología instalada en los medios. Parece que el principal efecto es la violación del derecho a la información y, por lo tanto, que se tomen decisiones y comportamientos erráticos. Si una no tiene la información correcta pasa cualquier cosa. Me he sentido insegura estos días porque llaman de Buenos Aires para pedir periodistas de Córdoba que den alguna opinión o que digan algo del femicidio de Agostina y es tal la cantidad de información confusa, incompleta, manipulada, que ya no me conformo con tres fuentes, porque hasta consultando tres fuentes me siento insegura. Estamos viviendo un momento difícil. Yo siempre he pensado que lo más importante es que la gente pueda tomar decisiones informadas. Y que nuestro rol está ahí. Pero se hace muy difícil. Qué creer, cómo creer”.  

Gabriela Weller by gentileza
Gabriela Weller es una destacada periodista, investigadora y activista feminista cordobesa. Es ampliamente reconocida por haberse convertido en la primera Editora de Género en los SRT de Córdoba. Foto: gentileza

Aparece el ejemplo, relacionado con el femicidio de Agostina Vega. “Escucho los resultados de la autopsia preliminar, antes incluso, cuando habla el fiscal y dice que a Agostina la mataron entre la una y las tres de la mañana del domingo 24, yo lo primero que hago es sospechar. Y pienso que se están cubriendo, poniendo la hora de muerte antes de lo que ocurrió para decir que aunque hubieran respondido inmediatamente a la denuncia, la chica ya estaba asesinada. Está hablando un fiscal y lo primero que me pasa es sospechar y no creo que haya sido la única. Al otro día sale el informe preliminar y también dudé. Por suerte, ya no estoy trabajando en ningún medio. Pero si dudamos quienes tenemos la responsabilidad de informar estamos hasta las manos. Sumado a esto, estamos viviendo una época fea del periodismo, lleno de adjetivos y con muy pocos datos. La televisión directamente no se puede ver y la radio está totalmente venida abajo. Leo los portales de noticias pero me generan también ciertas sospechas. Cosas que no me habían pasado antes”. 

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-¿Por qué después de tanto trabajo sobre el protocolo para tratar el tema específico de los femicidios, y comunicarlos, no se aplica en algunos medios y a nivel de los funcionarios? Parece que volvemos a punto cero. 

-Yo tengo una visión de cierto optimismo respecto de esto porque por un lado es verdad que el tratamiento de la información parece haber abandonado totalmente el enfoque de derechos humanos, la perspectiva de género, los protocolos básicos. Por ejemplo el decálogo de la Red Par tiene más de veinte años y sigue siendo de absoluta vigencia. Es verdad que hubo un retroceso y que han dejado de aplicarse algunas consideraciones o recomendaciones básicas, como por ejemplo, no poner el foco en la vida privada de la víctima, la construcción de la buena y la mala víctima, etcétera. Pero, por otro lado, he notado que a raíz de este femicidio hubo una cierta preocupación o por lo menos explicitación de la necesidad de formarse, de tener herramientas para poder enfocar estos hechos. También, la incorporación de algunos significantes en la gente más insospechada: que Feinmann (Eduardo) hable de femicidio. Casi me caigo de espaldas, porque hace nada el propio Presidente de la Nación ha puesto en duda la existencia de la violencia de género y ha impugnado directamente la figura del femicidio con un argumento engañoso que establece una distinción ante la ley injusta de hombres y mujeres. Sí, establece una distinción ante la ley que, lejos de ser injusta, se hace cargo de la desigual distribución del poder, de las situaciones de sumisión de las mujeres provocadas por ese poder. Entonces, por un lado, hay un retroceso en lo que considerábamos avances concretos en materia de periodismo no sexista, por el otro, he advertido sobre todo de algunos periodistas varones una cierta toma de conciencia de la necesidad de formarse y de asumir lo que está pasando. Me parece un movimiento contradictorio pero de cierta esperanza. Es verdad que siempre es como que hay que empezar de cero, porque frente a un colega que me dice ‘che, la verdad que nos hace falta formación para cubrir estos hechos’, me dan ganas de contestarle: ‘macho, hace más de veinte años que estamos explicando el periodismo no sexista y vos te venís a enterar ahora’. Pero yo soy un poco optimista en el sentido de que hay algunas recomendaciones que no se venían cumpliendo y que están en algún lugar, que sedimentaron. 

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Hacer periodismo

Weller va más allá en la argumentación sobre el ejercicio del oficio. 

“Mucho más grave me parece la falta de rigor periodístico en sí. El periodismo con perspectiva de género es un plus de calidad, un plus que tiene que partir de un periodismo hecho con rigor. Si solamente nos vamos a centrar en nombrar como femicidio lo que efectivamente es un femicidio, no alcanza. Tenemos que designar el femicidio pero al mismo tiempo informar con la rigurosidad que exige el periodismo, es decir, volver a meternos en la cabeza que el periodismo con enfoque de derechos y perspectiva de género implica un plus de calidad sobre el periodismo riguroso. No hay forma de hacer periodismo con perspectiva de género si al mismo tiempo no somos rigurosos en la información que estamos dando. Cosas tan básicas como las reglas de oro que aprendimos allá lejos con el Cacho Garat (*) de consultar y de chequear al menos tres fuentes, yo diría que en esta época de sobreinformación, redes sociales, portales, etcétera, no alcanza. 

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-¿De qué depende que algunos femicidios tomen estado público y otros, no?­

-¡Ay, qué pregunta difícil! No tengo una respuesta certera. Tengo algunas sospechas. Me parece que hay un centralismo en nuestro país que irradia todos los temas de información y tiene que ver con qué pasa en Buenos Aires, Córdoba y Rosario. También con la agenda de los medios de comunicación que llenan espacios y machacan espasmódicamente sobre un tema. Una semana es Adorni, a la semana siguiente, Agostina; el verano pasado, Lohan, y también hay especulaciones políticas. No me cabe duda de eso. Un asesinato, un hecho de inseguridad en provincia de Buenos Aires en este momento en la Argentina tiene una implicancia política ineludible porque hay una necesidad por parte de los medios hegemónicos de poner en la mira al gobernador de esa provincia que aparece como el candidato a presidente más instalado de la oposición. 

Con respecto al desempeño de los medios nacionales que estuvieron en Córdoba cuando se conoció la desaparición de Agostina, Gabriela señala: “No digo que no se mereciera ese mamarracho de fiscal que le hicieran las preguntas tan insidiosas, incluso, los reclamos que le hicieron. Se lo merecía. Pero ¿hubieran hecho lo mismo con un fiscal de Buenos Aires, con uno de Comodoro Py? ¿Esa enjundia está permitida en cualquier lugar? La cuestión está atravesada por la persistencia del unitarismo en nuestro país y por intereses políticos. También el hecho de que en los femicidios haya elementos de mayor morbo y espectacularización hace que algunos trasciendan más que otros”. 

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-¿Qué decir sobre la utilización política y el oportunismo en este caso?

-El uso político de los hechos de violencia es evidente. Eso sí que lo puedo afirmar con toda certeza. Y no solamente de los crímenes vinculados a la violencia de género, en general, de todos los crímenes. Tan evidente es que las mismas personas que vieron pasar ante sus ojos cómo se dejaba libre a este tipo luego de haber cometido un delito tremendo, no dijeron nada y un año después se le ponen los pelos de punta porque estamos más cerca de las elecciones o por la especulación política que fuera. Lo mismo ha ocurrido en otros casos que son injustificables desde el punto de vista del derecho y de la ética pero que si están vinculados a uno o a otro partido político, el contrario se hace un festín con eso. Hasta qué punto hay una auténtica convicción y un deseo de que se frenen los femicidios y hasta qué punto importa que sea Alperovich, Llaryora, Kicillof o el que fuera. Acaba de cerrarse después de veinte años el caso de Dalmasso, un ejemplo clarísimo de las especulaciones políticas a lo largo del tiempo porque empezaron los oportunismos políticos y las manipulaciones partidarias de una manera y terminan de otra. No sé si realmente está cerrado ese caso. 

Volviendo a la práctica del oficio, Weller considera que el uso partidario de la violencia de género y de los femicidios impacta también en las periodistas que ponen su mirada en la perspectiva de derechos.
“Cómo hacemos para reclamar la renuncia de alguien o para señalar complicidades sin abonar a ese uso político partidario que se está dando de los hechos. Es un límite muy finito sobre el que caminar, que nos pone en un problema más si queremos, y debemos, ser rigurosas. Es demasiado para nuestra profesión”.

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Carrera de obstáculos

 -Enfrentamos el desafío de hacer periodismo con perspectiva de género en el contexto actual del negacionismo y la demonización tanto del feminismo como del periodismo.
 
 -Es un contexto muy grave porque el Gobierno nacional, como toda la línea de los neoliberalismos y neofascismos a nivel mundial, ha puesto en la mira a las mujeres y diversidades, al feminismo, a los estudios de género y a todo lo que tenga que ver con la ampliación de derechos de las y los más vulnerables de la sociedad. Hay una enjundia particular contra los feminismos o sea, se definen como antifeministas y gran parte de la lucha de todos estos sectores a nivel mundial contra lo que ellos llaman lo woke incluye este odio a las mujeres y al feminismo. Dentro de ese contexto hay toda clase de respuestas: hay quienes pensamos que tenemos que sostener la militancia, el periodismo con perspectiva de género; hay quienes piensan que “nos hemos pasado tres pueblos” y exigimos demasiado y que por eso vino la reacción (mirada que no comparto para nada). Hay quienes también se han quedado en la superficie de, por ejemplo, el uso inclusivo del lenguaje sin que se socavaran los verdaderos cimientos del machismo y del patriarcado, y, hay una lucha constante por tomar los hechos de la realidad que ratifican que verdaderamente existe la violencia de género, que tiene sus particularidades, que no es cualquier violencia. En esa disputa estamos, en lo que siempre ha sido una disputa de poder, que no nació hoy. No es casualidad que se metan con las mujeres. 

-¿De qué manera reparar la red colectiva de periodistas y reinstalar la perspectiva de género?

 -Partimos de la base de que los feminismos han desbordado sus audiencias históricas. Ya no somos solamente las mujeres y las disidencias las que nos interesamos por estos temas. Empiezan a estar disponibles para otras audiencias cada vez más masivas. Hay que retomar ese camino y, sobre todo, la formación y capacitación de los periodistas y las periodistas para hacer buen periodismo, dar por sentado que el buen periodismo se hace con enfoque de derechos y perspectiva de género. Saber nombrar implica saber comunicar.

En el balance permanente, con avances y retrocesos, no se han abandonado para siempre los lazos de solidaridad y los aprendizajes conquistados. Dice Weller: “Tenemos un aprendizaje en ese sentido: el 24 de Marzo y el 8 de Marzo lo confirman, también los lazos de solidaridad y compañerismo. La salvedad es que no depende solamente de los periodistas que volvamos a sentirnos como una fuerza colectiva, por razones históricas (siempre hay individualismo y vedetismo en nuestra profesión) y por la altísima precarización laboral. En las redacciones de aquellos medios que todavía tienen redacción somos cada vez menos, nos pagan peor cada vez, nos mandan a trabajar solos con la cámara de fotos, el micrófono, el grabador, el blog o directamente con el teléfono que tiene todas esas funciones. Además, ya casi no quedan Editoras de Género en los medios. Es un gran retroceso. Son límites muy concretos”.

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IA y patriarcado

Éramos pocas y apareció la IA. Le preguntamos a Gabriela Weller: ¿La IA es feminista?

“De ninguna manera. Es importante decirlo porque aparece como si se hubiera descubierto una varita mágica, y no, la Inteligencia Artificial es el resultado de lo que se ha cargado en ella. Si quienes cargan los datos forman parte de una sociedad machista -en general, las decisiones están vinculadas a lo más concentrado del poder y, por lo tanto, lo más concentrado del patriarcado- es imposible que la IA sea feminista. Todo lo contrario. La IA tal como está desarrollada hoy refuerza los patrones machistas y del patriarcado entonces hay que usarla con mucho cuidado y, otra vez, creo que desde el periodismo tenemos mucho para aportar en el sentido de aprender y enseñar a hacer buenas preguntas.

La IA genera fotos falsas y da argumentos para desconocer fotos reales. Genera una dualidad perversa. Una de las tareas de las feministas de los siglos XIX y XX fue estudiar los diccionarios para analizar los sesgos de género en ellos. A nosotras nos compete la IA que es un problemón para las mujeres y en general para los sectores más vulnerados de la sociedad. Porque está alimentada por datos muy concentrados y, por lo tanto, muy machistas. Supongo que ya habrá colectivos de investigadoras y activistas feministas trabajando sobre la IA”. 

Gabriela Weller es periodista, comunicadora y consultora en perspectiva de género y DD.HH. Especialista en Género y Cultura en América Latina; exeditora de Género de los SRT e integrante de la Red Par (Periodistas Argentinas en Red por una comunicación no sexista).

(*) Red Par. Periodistas Argentinas en Red por una comunicación no sexista.

(*) Oscar “Cacho” Garat (1940 – 1994). Fue director de la Escuela de Ciencias de la Información (ECI) de la UNC (hoy Facultad de Ciencias de la Comunicación) entre 1990 y 1992.Se desempeñó como Secretario General del Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren) en tres periodos consecutivos, entre 1984 y 1990.

(*) A lo largo del siglo XX, el término "woke" se mantuvo en Estados Unidos como una expresión dentro de la comunidad negra, instando a la vigilancia frente al racismo y la opresión. En la década de 2010, "woke" resurgió tras el movimiento Black Lives Matter, ampliando su significado para abarcar una mayor conciencia sobre diversas formas de opresión y desigualdad, incluyendo el sexismo, la homofobia, la transfobia y la discriminación hacia personas con discapacidades.

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