
Alejandro Dolina, entre el arte de la conversación y los trucos del destino
Beatriz Molinari
"Surge primero una idea. Cuando uno empieza a escribir una obra también piensa en las posibilidades de mostrarlo al público. Nos juntamos con Pompeyo Audivert y Cora Barengo. Pompeyo nos ayudó con la puesta y lo actoral. Después apareció Teatro El Picadero y la Fundación Konex que nos dieron la posibilidad de representarla. Hemos producido alguna clase de emoción".
Alejandro Dolina comienza la charla con la información sobre la obra que lo trae a Córdoba, La noche extraviada o los libretistas del mundo, en la que comparte escenario con la actriz, escritora y poeta Cora Barengo. De a poco va dejando pistas y algunas claves para esperar el espectáculo que se verá en el Teatro Real.
"El Teatro Real fue el primero en el que estuve hace muchos años en una Feria del Libro. Cuando a uno lo tratan mejor de lo que merece, hay alegría y también, sospecha. Debe haber también un propósito de mejora, si ciertos tipos vienen a verme", dice.
No es la primera vez que el multifacético escritor y músico asume un rol en escena. Le preguntamos cómo se siente en esta oportunidad, con marcación de Pompeyo Audivert.
"Yo soy obediente. Hay gente que lleva su personalidad cuando actúa y eso no es tan bueno. Para la actuación hay que ejercitarse porque es un arte y una ciencia. Hay maestros, cosas que se enseñan y aprenden, de manera que yo opto por ser obediente, hago todo lo que me dicen. Es natural que uno al escribir, escriba cosas que forman parte de una colección ya conocida del pensamiento. En eso la gente está más acostumbrada a oír ciertos vaivenes y temas. Como actor, finalmente por más que haga fuerza, me sale más o menos el papel de siempre, de persona un poco malvada, tonta y un poco pícara. El mismo tipo del programa (La venganza será terrible), al que le pasan otras cosas".

Con algo de fábula existencial, enigma y sueño liberador, la obra aborda varias preguntas retóricas. A saber, ¿somos dueños de nuestro destino, escribimos nuestros actos, o por el contrario estamos manipulados por fuerzas que ni siquiera conocemos bien?
Ante estos interrogantes, Dolina anticipa: "aquí hay un señor al que todos los días le llegan unos libritos, que son los libretos del mundo. Son los guionistas quienes mandan esos libretos para que él los cumpla. Como nos pasa a todos cuando descubrimos que somos manipulados, el tipo trata de rebelarse, de salirse de esas órdenes, no cumplirlas. Pero también, como es un clásico en las obras que tratan del destino, el que trata de eludirlo, con sus movimientos no hace más que cumplirlo".
-¿Qué es ‘La noche extraviada’?
- Es el nombre de un libro que los libretistas le entregan al tipo, que es, en la realidad, un libro de poemas escrito por Cora Barengo. Ella hace una serie de personajes, distintas mujeres que se le acercan al protagonista para entregarle los libretos, ella siempre recita poesía. El tipo es un poco tonto, pero también, un poco trágico. De manera que, si tenemos suerte con la gente, por ahí se ríe un poquito, no sé si tanto, y por ahí tiene una sensación de poética tristeza, no sé si por conmiseración con el tipo, o, la comprobación propia de que es muy difícil de reconocer esos movimientos
- ¿Quiénes pueden reconocer a estos libretistas?
- Nadie los ha visto nunca. Trabajan, como sucede en la realidad, me parece a mí, con emisarios, mensajes y cuadernitos escritos. Las mujeres que vemos también están sometidas al arbitrio de los libretos.
- Esto del destino es muy borgeano.
- Ojalá, no me haga la ilusión.
- Bueno, pero un buen reflejo tampoco está mal. ¿Cuáles son tus libretistas más tenaces?
- Evidentemente respondo a libretos como todos nosotros. Lo malo es que uno no siempre reconoce quién lo está manipulando. Si yo fuera optimista diría que me gustaría que los libretistas fueran aquellas personas que fueron mis maestros, que he elegido como maestros y he admirado por su trabajo. Entonces uno elige libretistas como Borges, Popper, Cortázar, Chopin, Gardel. Mi padre. La familia es libretista de cada uno de nosotros. A veces, con mucho amor, a veces con mucho lío. Hay libretistas que escriben comedia y otros, tragedia.
El espectáculo tiene música en vivo pero, aclara, no es un espectáculo musical. Hay canciones muy breves que Dolina canta con su teclado e ilustran algunas situaciones, y hay música incidental compuesta por Alejandro Dolina, hijo.
- Se dice que la obra habla de amor, tiempo y obsesiones. ¿De qué trata esa obsesión?
- En este caso, la obsesión del hombre es tratar de librarse de las órdenes del destino, huir, pero, también, tiene una obsesión de esperanza. Espera una mujer. Eso le han prometido los libretistas. Las distintas mujeres que aparecen no son muy receptivas con él, hasta el final.

- Tu relación con la escritura y la palabra tiene un largo camino, también la música. ¿Qué rol ocupan el arte en tu vida?
- Es un rol central por esa doble vocación, la de la palabra, la escritura, y la de la música. Para la palabra me he ejercitado mucho. La de la música ha sido siempre un poco relegada. Me siento mejor escribiendo que cantando o componiendo. Son cosas que amo mucho. No pasa un solo día de mi vida en que no me ejercite en alguna de las dos cuestiones, que a veces se mezclan.
- Pensamos en Dolina y pensamos en una voz en la radio.
- La radio no es un género artístico. Es un lugar donde van los artistas a hacer lo suyo. El agradecimiento que tengo es su hospitalidad. Hay una literatura oral que hago todos los días con los relatos y cuentos, y también un poco música. No me preparé para la radio. Me preparé para escribir y tocar, pero la radio fue tan hospitalaria, insisto en la palabra, que me recibió con mis pequeñas sabidurías y mis grandes ignorancias. Me aceptó y me permitió después desarrollar los libros y las canciones. Si no fuera por la radio, los libros que he escrito, tal vez no hubieran tenido el mismo suceso.
- Hay otro arte que es la conversación, si bien la radio es el medio.
- Es cierto. Más que conferencista, soy alguien que conversa. Yo prefiero desarrollar los pensamientos que puedo llegar a tener, dialogando con otro. Me gusta mucho el diálogo, más que sentarme y leer un texto. Me gusta el intercambio, discurrir con otra persona. Hoy en día, en general, eso se produce en los medios no sin encono. Las mejores discusiones, las que más le gustan a la gente, son más bien peleas. Me gusta más estar ligado amistosamente a la persona que ‘discurre’ conmigo. Me gusta más esa palabra. Marchar juntos en busca de algún pensamiento interesante, que el que está frente a ti te ayude a encontrar alguna idea, más que lo que se da ahora, un diálogo de enemigos.
- Quienes tenemos algunos años vivimos este desencuentro como un destino fatal.
- Lo veo como una gran desgracia de estos tiempos. Es un desencuentro que yo no pretendo zanjar con unanimidad de ideas, es decir, que pensemos todos lo mismo, pero justamente, encontrar en la diferencia un movilizador del diálogo. El argumento en una situación artística va de un lado a otro, parte de un lugar (nace Edipo) y termina en otro (Edipo mata a su padre y se casa con su madre). Si las cosas no tienen camino, resultan aburridas. Las discusiones actuales, a causa del encono, no se mueven. Un señor dice ‘quiero que desaparezca el Estado’ y otro, ‘yo quiero un Estado presente en todas partes’ y en vez de discutir cuáles son los lugares en que el Estado es más necesario y dónde molesta, se dicen: ‘usted, tal cosa’. No hay una búsqueda conjunta, una exploración del pensamiento, sino, una serie de denuestos. Ahí estamos bastante hábiles. Nunca se ha insultado mejor que ahora.
- ¿Qué nos pasó como país y como nación?
- Nos pasaron muchas cosas. No sé si fue primero el huevo o la gallina. Lo que nos pasó fue a causa de ese desencuentro, del encono y ese no pensar, o al revés.
- En esta situación buscamos algún refugio. ¿Cuáles son los tuyos?
- Los que dije: el arte, la música, el pensamiento y, principalmente, el amor.

-En ese amor amplio, intuyo que aparece el público que te ha acompañado a lo largo de los años.
- Por qué no. Nosotros recibimos muchas veces una devolución del público que más que una opinión sobre lo que hacemos es una muestra de cariño. Tiene más de cariñoso que de evaluativo y a mí me gusta más eso. A veces uno recibe muestras no tan ostensibles, nubladas, pero que denotan un gran cariño, personas que por habernos escuchado mucho tiempo nos profesan, más que admiración, cariño. Es muy emocionante.
- ¿Se ha modificado la demanda del público? ¿Cómo lo ves desde el escenario?
- Sobre todo ahora, lo veo sentimental. Qué quiere decir esto. Cuando estamos ante una situación difícil y vemos a nuestros amigos y a las personas que andan por ahí sufrir mucho, nos damos cuenta de que es un
tiempo de mucha desgracia y nos ponemos sentimentales. Quién no ha derramado una lágrima cuando ve en la calle una persona que está sufriendo, un muchacho pidiendo, o, un pibe, a las cuatro de la mañana, haciendo malabarismo con una pelotita para que le den una moneda. Eso nos pone en una situación muy sentimental, que se refleja después, si uno tiene suerte y si uno no es un canalla, en el arte. Hablo mucho con la gente cuando termina la función. La gente está herida y dolida por la conmiseración con el otro.
- ¿Somos mejores de lo que nos han hecho creer?
- La conmiseración y la empatía es mejor. Creo que los mejores son los que se preocupan por el otro. No digo que tenemos que abandonar la preocupación por nosotros mismos porque estamos hechos para cuidar de nosotros, pero un poco de piedad no queda mal.
- Hay algunos libretistas…
- Algunos libretistas nos escriben un libreto cruel.
- Hay que tratar de zafar de ese libreto.
- Escribir uno de contrabando, lo que los actores llaman ´morcilla´, agregar algo que no está en el libreto.
-Si mirás por la ventana, ¿qué ves en términos de futuro, el propio y el de la nación?
- No lo sé, no lo sé. No me preocupa no saber porque nadie conoce el futuro, pero en algunas otras circunstancias históricas los caminos estaban más claros, los caminos de lo que estaba pasando y los que uno quería que pasara, entonces se hacía más sencilla la conducta. Ahora, no.
En términos de refugio, Alejandro Dolina y equipo anda de gira por el país con La noche extraviada. La obra forma parte del combo que integra junto a su clásico La venganza será terrible y La conversación infinita, con Darío Sztajnszrajber.
- Córdoba tiene un largo romance con vos.
- Tiene una larga paciencia. Hemos tenido mucha suerte con el público y esa relación. Un público que tiene una exigencia. En su complejidad, gusta de los trucos humorísticos elaborados. Tiene muy buen gusto para el humor. Al mismo tiempo, es un público que ejerce el humor. Los cordobeses no solo admiran a los grandes humoristas, desde la Revista Hortensia en adelante, sino, también, todos lo son, en algún momento. En el habla, el trato de todos los días hay un perfil humorístico que no se abandona. Recordaba una frase de Bioy Casares que decía que él encontraba más divertidas las conversaciones entre amigos inteligentes que el trabajo de los humoristas profesionales.
La noche extraviada o los libretistas del mundo. Textos de Alejandro Dolina y poesías de Cora Barengo. Actuación: Alejandro Dolina y Cora Barengo. Música: Alejandro Dolina. Con la colaboración artística de Pompeyo Audivert. Escenografía: Hugo Cabrera y Martín Zara. Diseño de luces: Julio Vega.
Funciones: sábado 25 a las 20 y a las 22, y domingo 26 de julio a las 20 en la Sala Carlos Giménez del Teatro Real, San Jerónimo 66. Centro, Córdoba. 75 min.
Entradas a la venta por Autoentrada:
https://ventas.autoentrada.com/events/la-noche-extraviada-o-los-libretistas-del-mundo y boleterías del teatro
Valor de entradas. Platea: $45.000. Primer y segundo nivel: $43.000. Tercer nivel: $41.000
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