Lucas Beltrán, el cordobés surgido en Instituto que es sensación en River

Es una de las figuras de la Liga Profesional y goleador del equipo de Núñez. LNM dialogó con Pablo Álvarez, el técnico que lo "descubrió" en las inferiores de la Gloria.

Ed Impresa 24/03/2023 Marcos J. Villalobo Marcos J. Villalobo
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Beltrán surgió de las formativas de Instituto y desde el 2016 está en River.

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Lucas Beltrán es el jugador del momento en el fútbol argentino. El cordobés surgido de las divisiones inferiores de Instituto la está rompiendo con la camiseta de River. Con su juego y goles se está destacando en el puntero de la Liga Profesional.

En cualquier acontecer, suele haber un clic que cambia todo. Una decisión, una acción que modifica el rumbo de las cosas. Y alguien que te ayuda a esa elección. 

De niñito, Beltrán, se destacó… pero como mediocampista. Jugando en el Corazón de María o en las infantiles de la “Gloria”, el hermano de Federico y Santiago llamaba la atención por su juego siendo un mediocampista potente, de mucha ida y vuelta. Sin embargo, Pablo Álvarez, histórico formador de jugadores en “La Agustina” le cambió el puesto; y le cambió la vida.

“Tenía condiciones de centrodelantero”

En La Nueva Mañana dialogamos con Álvarez, quien ya no está más en Instituto, pero continúa formando futuros talentos, aunque en el otro lado de la Cordillera. Y recordó: “A Lucas Beltrán lo tuve en su paso de Promocionales a Novena en Instituto. Fui el primer técnico que lo tuvo en cancha grande. En cancha chica lo dirigieron varios, entre ellos Mauro Alfaro, que hoy trabaja en Talleres. Él ya venía con un proceso. Lo había tenido antes en el Corazón de María, y ahí también se fue formando con profes que hoy están en Instituto. Él en Lifi, en cancha chica, siempre fue mediocampista. En Promocionales también jugaba de volante. No era delantero. Cuando pasó a entrenar en cancha grande, yo empiezo a entrenarlos, y me pareció que tenía condiciones para ser centrodelantero, por la potencia física, cabeceo, la definición con ambos pies. Al principio le costó, porque era niño, era chico. Y Adriana, la mamá, siempre me decía, no es 9, no es 9, es volante. Pero, claro, ellos lo habían visto en todo su proceso infantil siendo volante”.

Una relación que aún perdura

Pablo Alvarez
Pablo Álvarez, hoy en el fútbol chileno.

Pablo Álvarez, en las inferiores de Instituto, dirigió a Paulo Dybala. Varios destacados futbolistas que llegaron a Primera desde la cantera de la “Gloria” lo tuvieron en algún momento. Además, durante muchos años fue coordinador de las formativas albirrojas. Desde hace dos años se desempeña como Jefe técnico del fútbol joven del club Unión San Felipe, de Chile. “Tenemos más de 250 niños. Trabajo coordinando desde la Sub-20 hasta la Sub-8”, explica. Y por estas horas recibe felicitaciones por el nivel de aquel pupilo que hoy ya está en carpeta de clubes grandes del fútbol europeo.

“Con Lucas nos escribimos siempre. Mantenemos el contacto. Además, soy amigo de la familia, de Fede, de Santi, con su papá Walter, con su mamá Adriana. Siempre hablamos”, cuenta. Es que Álvarez no es un técnico que sólo mira lo deportivo. Su trabajo en Alta Córdoba fue conocido por ir a otros detalles importantes, como la formación de seres humanos con valores, más allá del fútbol. “El juego de Luquitas cambió bastante de su paso de niño a adolescente. Fue creciendo. Yo ya lo conocía de niño. Ya cuando estaba en River lo fui a visitar, a verlo a la pensión, al colegio donde estudiaba”, recuerda.

Luquitas ya no es más Luquitas. Ahora es el “Vikingo”. Un centrodelantero que hace temer a los defensores rivales. Lleva cinco goles consecutivos en los últimos cuatro partidos de River. Marcó uno ante Lanús, también contra Racing de Nueva Italia por Copa Argentina, un doblete en la goleada del Millonario sobre Godoy Cruz en el Monumental y el último en el triunfo ante Sarmiento en Junín.

- ¿Perdiste la capacidad de asombro al ver a pibes que vos dirigiste y después llegan a Primera con gran suceso?

- La verdad que la capacidad de asombro nunca se pierde. Ahora, más allá de que esté en otro país, con otra costumbre, otra idiosincrasia y demás, siempre pienso quién irá a llegar. Llevo dos años acá y es difícil saber el futuro, no somos brujos, ni tenemos una bola de cristal. Sí, toda esa camada de chicos que salieron de Instituto me ha asombrado. Y más ahora, con Instituto en Primera, estoy cada vez más contento, porque tengo ese sentido de pertenencia por el club que me formó y me dio todo. Haber vivido toda esa experiencia con niños y que hoy sean grandes jugadores de fútbol. La capacidad de asombro nunca se pierde. Y hoy acá en Chile, trabajando con chicos de 10, 12, 13 años, me pregunto cuál llegará a ser futbolista. Acá trabajamos con 250 pibes y ojalá a futuro pueda ver eso que vi en Instituto, que es lo reconfortante de trabajar en la formación.

  

 

Edición Impresa Nro.: 303

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