Primer cumpleaños de Diego sin Maradona: No es fácil

Deportes 30/10/2021 Por Sebastián Ramia
Maradona cumpliría 61 años. El periodista, escritor y organizador de “El Mes del Diego” en Córdoba escribe una carta al cielo, una carta a la memoria, una carta al recuerdo, una carta a Diego Armando Maradona.
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Diego, siempre presente. 30 de octubre.

No es fácil escribirte, Diego. 
No es fácil contarte, Diego. 
No es fácil (d)escribirte, Diego. 
Pero acá estamos, Diego, intentando. 
Es lindo nombrarte: Diego. 
Es lindo invocarte.
Es lindo buscarte. 
Es lindo quererte.
Es lindo defenderte. 

Diego: todos los años me sumerjo en la misma tarea, encontrar las palabras justas para hablar(te) de vos. Y este año es distinto porque ya no estás en tu cuerpo, aunque estés en todos lados. Entonces salgo de casa y me voy a una chacarita de palabras, a revolver entre los escombros de sentidos para buscar y encontrar alguna que me sirva para nombrarte. Quizás ahí, debajo de palabras en desuso, llenas de óxido, aparezca alguna que esté a la altura: ajustarle algunas letras, pasarle un trapito, dejarla reluciente y nombrarte, Diego. Vuelvo a casa con una carretilla llena, esperando poder restaurar alguna. Pero algo falta. Siempre falta. No es fácil escribirte, Diego. 

Pruebo con los diccionarios, ahí donde se acumulan muchas y muy buenas, con sus definiciones de academia, casi como una matemática del lenguaje. Algunas están bien y pienso que pueden servir. Arranco hojas, destruyo un montón de libro y me quedo con varias. Vuelvo a casa, las desparramo en el piso y las junto con las otras. Pero algo falta. Siempre falta. No es fácil contarte, Diego.

Salgo, desesperado, a la calle. Y te leo en las paredes y te escucho en la gente y te veo en la tele y te saludo en las radios y te bailo con una canción y te sonrío en una foto y te aplaudo en una jugada y me río en una entrevista y te veo en todos lados y te extraño demasiado. 

Vuelvo nuevamente lleno de palabras que no existen en ningún lado. Vacío los bolsillos, me golpeo la sien y se caen algunas de los oídos, raspo la suela de las zapatillas, me sacudo la remera, escupo, vomito, lloro. Abrazo la parva de amor y lloro. Y te pienso y me duermo y te sueño. 

¿Por dónde andarás, Diego? ¿Estarás en tu casa, en una bata de seda, mirando diez canales a la vez? ¿Jugando a la pelota? ¿Descansando? Acá te seguimos extrañando mucho entonces te nombramos tanto que parece como si estuvieras acá. Es que nosotros hace años que te venimos haciendo inmortal. Entonces tu partida duele un poco menos porque te llevamos en un tatuaje, en una cadenita, en los recuerdos, en el fútbol. 

Abro los ojos y me despierto en paz. Con un poco de resaca, pero en paz. La casa es un desastre. ¿Quién mierda acomoda este quilombo? ¿Cómo hago para armar este castillo de naipes? ¿Qué hago con todo esto? Miro la montaña. Me zambullo, agarro tres al azar y las leo.

Quiero escribirte, Diego, quiero decirte un montón de cosas. Y a veces, en la vida, como en el fútbol, menos es más. Abro mi puño, saco las palabras arrugadas, las acomodo y respiro: te quiero mucho. 

(*) Periodista y escritor. Organizador de “El Mes del Diego” en Córdoba.

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