La noche que Alberdi volvió a latir sanando la angustia de la abstinencia 

Belgrano volvió a ser local con púbico en el "Gigante" este viernes y el hincha respondió a pura pasión. Una fiesta que superó el aforo, con la alegría del reencuentro. 
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Y una noche primaveral en Alberdi el hincha de  Belgrano tuvo su eufórico reencuentro con el equipo y todo volvió a ser como antes. Foto: LNM

Y una noche primaveral en Alberdi el hincha de Belgrano tuvo su eufórico reencuentro con el equipo y todo volvió a ser como antes.

Ya dos horas antes del inicio del partido ante Deportivo Riestra el movimiento era intenso, con cantos aislados y música de la Mona Jiménez en la calle Arturo Orgaz, con el humo de los choripanes decorando el ambiente y los puestos de venta de camisetas a pura exhibición.

Sí, otro rubro que volvió a vivir tras la aceptación del público en los estadios con decreto nacional a pesar de que la pandemia aún no se disipó del todo. Y a decir verdad, ya la demanda en los estacionamientos en las calles lindantes al "Gigante" marcaban un parámetro de lo que sería el aforo, ya que nadie quería perderse la fiesta. 

Pero apenas llegó el anuncio, los hinchas agotaron las 14.800 entradas disponibles en el sistema web de ventas que tiene Belgrano, con la novedosa e innovadora Aplicación vía teléfono celular como accesorio fundamental. Vía declaración jurada, el acceso fue normal a pesar de ya en cancha, la convocatoria superaba el 50 por ciento permitido con holgura. ¿20 mil personas? Y quizás más...

La popular de los "piratas" lucía colmada. La Cuellar y la preferencial, mínimo a un 60 por ciento.  Y nunca se dejó de alentar. En el preludio del juego fue homenajeado Francisco Benítez, ganador del certamen La Voz Argentina, confeso hincha del "Celeste", quien entonó las estrofas del Himno Nacional Argentino. 

Y el estruendo llegó con la apertura del marcador. Nunca quedó claro en cancha si fue gol de Bordagaray o de Pablo Vegetti (lo festejó como propio) mientras todo Riestra se fue en malón al árbitro reclamando mano y offside. Pero el grito atragantado no fue en vano para la hinchada que no paró de delirar.

Fue una ceremonia, un rito necesario. Un pacto celebrado luego de tanta abstinencia de fútbol y pasión, marcando a fuego la fidelidad de un amor perpetuo. Entre aquellos que pagaron religiosamente la cuota en tiempos de crisis y sin poder concurrir al estadio y el plantel que jugaba en modo entrenamiento por los puntos. La campaña seguirá con sus obstáculos, pero el respaldo quedó demostrado que estará en cualquier circunstancia. Un gigante que volvió a latir y sentir la fiesta del pueblo de Alberdi. 

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