Bienvenidos a la nueva industria de los claroscuros: las criptomonedas

Política / Economía 02/07/2021 Por Pilar Ferreyra
En criptomonedas invierten desde tecno-libertarios hasta locos por la tecnología. Desde inversores honestos que disfrutan de tomar riesgos hasta criminales.
Ed 213 © Pito Campos
Las criptomonedas son el nuevo refugio de inversión de los millennials ricos, y de empresarios de clase alta. Ilustración: Daniel "Pito" Campos, para La Nueva Mañana

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Especial para La Nueva Mañana

Durante las transmisiones en vivo por plataformas como Twitch o Mixer, los menores de 21 escuchan hablar mucho de criptomonedas y desde hace mucho. No es una moneda digital como la que circula por la banca electrónica. Es un medio digital de intercambio que utiliza criptografía fuerte para asegurar transacciones y verificar la transferencia de activos.     

Las criptomonedas son el nuevo refugio de inversión de  los millennials ricos, y de empresarios de clase alta. También de la clase media que entiende que es un activo de inversión al alcance de varios clics de una computadora o de un celular, y  que además ofrece atractivos novedosos: elude el sistema bancario tradicional e incluye a personas que jamás antes habían formado parte del sistema financiero.

Muchos de los jóvenes de los sectores medios que hoy tienen entre 30 y 40 años crecieron viendo cómo sus padres pasaron hasta diez horas por día trabajando fuera de casa, pero llegaron a la vejez con una jubilación insuficiente. O recuerdan cómo en 2001 el presidente Fernando de la Rúa autorizó al ministro de Economía Domingo Cavallo a obligar a los bancos a retener los depósitos de sus familiares. Son también estos millennials los que crecieron con Internet, los que se cansaron de ver cómo las entidades financieras y los bancos han salido ganadores en uno u otro gobierno mientras la brecha de inequidad entre la elite y el resto de los argentinos se estira como un resorte. Son los excluidos por género o por condición social, tanto como los que siempre estuvieron dentro del sistema. Los inversores nuevos que han encontrado en la criptomoneda un espacio de inversión seguro y protegido donde sus nombres figuran bajo un seudónimo. Un código numérico. 

Hoy las 10.684 diferentes criptodivisas protegidas con algoritmos de criptografía fuerte que autentican las transacciones encadenadas en miles de servidores (nodos) ubicados en muy distintos puntos del planeta, se han transformado en un mercado creciente y de alto riesgo donde invertir. Sin regulación estatal y afuera del sistema bancario. 

La contracara es que el crimen organizado y la corrupción también saben esto. Por lo que han hecho de este activo virtual un refugio para el dinero obtenido del narcotráfico, la corrupción, la trata de personas y hasta del terrorismo. Es decir, el dinero hecho con el esfuerzo del trabajo honesto sube o baja de valor con  y por las mismas rutas virtuales por las que circula el dinero del crimen internacional. Esto es lo que informa una investigación publicada el periódico digital The Intercept por el periodista Sam Biddle el 20 de marzo de 2018 sobre la base de un documento proporcionado por el denunciante Edward Snowden. El documento infiltrado revela que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de los Estados Unidos trabajó de forma urgente para localizar a usuarios de Bitcoin en todo el mundo y utilizó “al menos una misteriosa fuente de información para ‘ayudar a localizar a los remitentes y receptores de Bitcoin’”. ¿Qué buscaba la NSA? Información sobre el terrorismo internacional y el crimen organizado. 

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José María Rinaldi, doctor en Ciencias Económicas.

¿Anónimo?, ¿privado?, ¿seudónimos?

El doctor en Ciencias Económicas, José María Rinaldi, docente de Política Económica Argentina y de Finanzas Públicas en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) explica que al mismo tiempo que “la tecnología ha servido para saber lo que pasa en el mundo y para acortar las distancias”, también “ha ampliado las brechas culturales, la inequidad distributiva y la opacidad”. Asegura que “el mercado de la criptomoneda no tiene sustento genuino real” y opina que “la minería de la criptomoneda es un guitarreo ridículo”. “Le dedican horas a la nueva tecnología para estafar gente. Conozco clientes a quienes los hackers les pidieron 400 mil euros en determinadas criptomonedas”, dispara.

Algo en la misma línea indica un reconocido experto en criptodivisas de la Universidad de Stanford, Joseph Grundfest: “Es cierto que Bitcoin y otras plataformas de moneda digital han sido tradicionalmente populares entre los jugadores, los traficantes de drogas y otras personas que cometen actos ilegales a través de Internet”, afirma Grundfest, docente de Derecho y Negocios de la Facultad de Derecho en una reciente publicación online de esa casa de estudios. Explica que “esto se debe a que la criptomoneda inicialmente ofreció cierto grado de anonimato, lo que dificultó el seguimiento de los pagos ilegales hasta su origen”. No obstante, Grundfest advierte que “centrarse en las raíces criminales de la criptomoneda ignora las ventajas que ofrece a las empresas legítimas y a los ciudadanos respetuosos de la ley”. 

El trader (comerciante) y analista técnico de criptomonedas, Franco Simunek comulga en el mismo sentido. Por un lado cree que es una buena fuente de inversión la criptomoneda pero asume que “si Bitcoin no tuviese el anonimato no estarían persiguiendo a narcotraficantes o a los políticos. Es totalmente anónimo Bitcoin y es oscura”. 

Asumiendo los claroscuros de un capital de mercado completamente volátil que por estos días ronda el 1,4 trillón de dólares, la desarrollista web de software de video y documentación, Tatiana Borda, como  tenedora de criptodivisas sugiere “no ahorrar en criptomonedas” sino en “fondos comunes de inversión, en acciones de empresas y en CEDEARs” porque “las criptomonedas son un proyecto tecnológico de corte filosófico fundado en las finanzas descentralizadas que ofrecen entrada al mundo financiero a gente que no puede entrar al sistema bancario”. Admite que “es cierto que existe mucha capacidad de hacer el mal dentro del mundo de las criptomonedas, pero lo que hacen las cripto es problematizar algo que ya estaba. Para mí lo tecnológico es un salto de fe porque el futuro es tecnológico”.

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Joseph Grundfest, experto en criptodivisas de la Universidad de Stanford.

Una característica fundamental de las criptodivisas es su volatilidad. “El Bitcoin arrancó valiendo centavos y llegó a valer 64.870 dólares pero como la gente es bombardeada por los diarios cuando sube el precio sale a comprar y cuando baja el precio sale a vender”, comenta Simunek. 

También cuenta que hay muchas maneras de obtener criptodivisas. Una de ellas a través de las llamadas Exchange (las casas de cambio del mundo virtual). Un interesado en criptomonedas abre una cuenta en una exchange, por ejemplo, en Satoshi Tango. Desde su caja de ahorro en pesos transfiere dinero a Satoshi Tango. Una vez que el dinero ingresó en la exchange, compra criptomonedas que luego puede convertir en otras criptomonedas. “Las exchange podrían informar a la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) de la existencia de determinada cantidad de valores en criptomoneda de determinado cliente porque tienen los datos del inversor. La única forma de que un cliente sea anónimo para todo el mundo es pasando sus criptomonedas a una wallet (billetera) privada, física o virtual”, explica Simunek. ¿Y qué es una wallet? Es una billetera virtual (una aplicación) a la que solo tiene acceso el dueño de la billetera virtual de criptomonedas.

La luz está apagada

La mayoría de las fuentes consultadas aseguran que las transacciones con criptomonedas son casi anónimas porque los tenedores no están dentro del sistema bajo su nombre y apellido sino que figuran bajo un seudónimo que consiste en un código de números. El que sí conoce quién es el tenedor es el exchange, es decir, los que están atrás de la casa de cambio virtual. Pero las criptomonedas no están reguladas. Algunos  expertos en tecnología insisten en repetir que la AFIP podría controlar este mercado; pero para otros eso no forma parte de la realidad. “Las criptomonedas no tienen elementos de control. ¡Qué van a estar reguladas!, ¡La AFIP no puede regular el tráfico de soja de un buque de ochenta mil toneladas va a regular algo que está en la oscuridad! ¡Es ridículo! El mismo George Soros dijo que esto es una locura. El hecho que las criptomonedas sean un instrumento que sirve para delinquir demuestra que no es visible, que no tiene regulación”, argumenta el tributarista cordobés, Rinaldi.

Carranza Torres
Martín Carranza Torres, abogado, experto en tecnología.

Cuestiones pendientes finas y no tanto

El abogado Martín Carranza Torres, experto en tecnología, entiende que el concepto de privacidad en el territorio de las criptomonedas “es una cuestión a resolver”. Sostiene que la criptomoneda “ofrece menos privacidad que el efectivo” porque “lo que ofrece es la capacidad de generar cuentas seudónimas que no son anónimas. El sistema no fue hecho para tener privacidad sino transparencia. Yo puedo entrar al blockchain de Bitcoin y ver las transacciones de una cuenta determinada. Veo las que recibieron y las que se emitieron. Lo que no sé es quién es la persona que está detrás de esas cuentas. Privacidad sobre la transacción no hay”.

Con todo y las posiciones tan disímiles respecto de la industria de las criptomonedas, a principios de junio de este año el Salvador aprobó una nueva ley que convertirá al país centroamericano en el primero del mundo en considerar el Bitcoin como moneda de curso legal. Una medida que, según los analistas, corre el riesgo de poner su economía a merced de las fuertes oscilaciones de la moneda digital. Por su parte China acaba de ordenar a los bancos y a las plataformas de pago que dejen de admitir transacciones en moneda digital lo que suscitó una fuerte caída del precio del Bitcoin. Y mientras unos ganan honestamente y otros, como el delito, se escabulle gracias a los sistemas de encriptación fuerte y al vacío de regulación, los medioambientalistas denuncian que el consumo energético de los gigantescos servidores que permanecen encendidos 24 horas por día a lo largo y ancho del mundo, alcanzan un consumo energético espeluznante que solo profundizaría el mal estado de salud en que se encuentra nuestro planeta. Según el estudio que se lea, las emisiones anuales de carbono para generar electricidad que se necesitan para minar Bitcoin y procesar sus transacciones equivalen a la cantidad emitida por toda Nueva Zelanda. O Argentina. A cada quien le toca dimensionar.

Más información:

"La NSA trabajó para “rastrear” a los usuarios de Bitcoin, revelan documentos de Snowden"
(Nota periodística de "The Intercept_", en inglés)

 

 

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