Sobre la lectura y sus soportes: ¿Nos gusta leer o nos gustan los libros?

Cultura 28/05/2021 Por Barbi Couto
En tiempos donde los libros impresos conviven con la lectura digital y esta última llegó para quedarse, vale preguntarnos cómo leemos y queremos leer.
crédito foto Nadia Couto
En medio de una argumentación poderosa, detecto en clave nostálgica un romance con el papel. Foto: Nadia Couto.

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Especial para La Nueva Mañana

Últimamente me gusta habitar ciertos espacios digitales que promueven el encuentro, buscando la palabra en formato de conversación. En estos grupos suele haber intereses temáticos. De pronto, sin mucho preámbulo, se arma alto debate cuando alguien tira un tema, o cuando simplemente surge, porque a veces el tema simplemente brota, como si alguien hubiera plantado una semilla con varios hilos de conversaciones atrás.

Me muevo en esos grupos, siempre con mi mochila a cuestas, donde viajan algunas pocas ideas, casi siempre en formato de preguntas, que van creciendo, en tamaño y en profundidad, incluso también en inquietud, conforme viajo, porque de cada viaje les queda algo, que las nutre, que las completa, pero también que las cuestiona. Las ideas se vuelven más fuertes aunque también más rebeldes, me obligan a revisar lo que pienso, los argumentos y las defensas. Entonces de un grupo me las llevo a otro, para ponerlas a prueba, para ver cómo reaccionan frente a conversadores distintos, de otras tierras, con otras costumbres.  

La palabra, la lectura y la edición son temas reincidentes, así que hoy me gustó la idea de traer a La Nueva Mañana una serie de preguntas/ideas que me vienen acompañando desde hace un tiempo. A primera vista suenan fáciles pero puestas a prueba en conversación con otros se complejizan en un abrir y cerrar de ojos. Preguntas como esta: A los que nos gusta leer, ¿nos gusta leer o nos gustan los libros? Si queremos que haya más gente lectora, ¿hay que convidar lecturas o libros?.

La pregunta la despertó una sensación que me embarga cuando escucho o leo a mediadores defender la lectura por los enormes motivos que muchas y muchos defendemos: la posibilidad de volvernos personas críticas, mejor preparadas para interpretar la realidad que nos rodea y tomar mejores decisiones, de ampliar el horizonte de la imaginación y darnos la oportunidad de creer en otros mundos posibles, entre tantísimo más. Y ahí, en medio de una argumentación poderosa, detecto en clave nostálgica un romance con el papel. Es un baldazo de agua fría reconocer que cuando hablaban de lectura se habían referido siempre a la lectura de libros impresos. Y yo, que soy una apasionada lectora de larga trayectoria de libros en papel y una pequeña padawan de lecturas digitales, quedo en cierto modo desconcertada, cada vez más.

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A los que nos gusta leer, ¿nos gusta leer o nos gustan los libros? Si queremos que haya más gente lectora, ¿hay que convidar lecturas o libros?

El fetiche, la memoria, las posibilidades ¿las ventajas?

Cuando acariciamos un libro de papel y sentimos la suavidad de su acabado, su olor particular, la brisa en la cara que provoca hojear sus páginas y nos embarga la magia que mucho lector apasionado conoce, ¿sabemos de dónde provienen los motivos de esa emoción? ¿Es el libro el portador de la magia o se trata de todos los recuerdos ligados a experiencias de lectura en papel lo que que las vuelven a la vez algo espiritual y físico? ¿Alguien que no lee habitualmente percibe algo de esto al tomar un libro entre sus manos?, ¿puede eso contagiarse? ¿Llegará un momento en que podamos asociar emociones de este tipo a la lectura digital? ¿Reconocer -quizás no el olor pero- otras reacciones vinculadas al dispositivo que se vuelvan queribles, la sensación de la carcasa del artefacto entre las manos, la sensibilidad táctil al pasar las páginas accionando sobre la pantalla, aquerenciarse a las bibliotecas digitales que frecuentamos para elegir lecturas? O incluso otras como la posibilidad de seleccionar/compartir un fragmento poderoso a decenas de personas en un instante y volver el acto de contagiar una lectura algo cercano y espontáneo

Colecciono ventajas de libros impresos y digitales, me gustan juntas, mezcladas: Puedo tener cientos de libros en un solo lugar y llevarlo adonde quiera, puedo hacer marcas y escribir los márgenes, se puede convertir el texto en voz para habilitar una lectura en voz alta, son más duraderos, su olor ancla en lo más profundo de mi memoria y trae a mi lado a mi gente querida o a la biblioteca de mi infancia, mi copia es única porque tiene un detalle de edición, con un solo click puedo acceder a lecturas de otros países y otros idiomas, llega más lejos y más rápido, el formato grande impreso con ilustraciones hasta los bordes me permite sumergirme en un mundo de fantasía, desplegar un libro objeto es convertir a la lectura en un artilugio de magia infinita de posibilidades, el hipervínculo me abre como lectora una historia siempre en movimiento. [...] Inserten aquí sus propias ventajas.

Los derechos como libertades del lector

En uno de esos grupos que frecuento se hablaba de los derechos de los lectores de Pennac. Alguien preguntó algo así como: ¿por qué esas viñetas siempre parecen hablar del derecho a leer literatura por placer?, ¿qué pasa con los libros técnicos? Sumé la pregunta de si la lectura que promueven no es la de los libros impresos y entonces si los digitales no son libros qué son… Resonaban ecos de las preguntas cuando alguien aventuró ¿sería entonces un derecho del lector poder definir qué es un libro? Y la conversación tomó una bifurcación y ya sabemos qué pasa con las bifurcaciones… [nos llevan a lugares donde la magia puede ocurrir y todo es posible] Empezaron a hablar del derecho de los lectores a elegir qué leer, pero también dónde y cómo hacerlo. A elegir tamaños de tipografías, colores, luminosidad e incluso formatos experimentales en los que el lector pueda elegir el diseño, en una suerte de revolución en el contrato de lectura donde el editor ya no da todo cerrado sino que brinda al lector opciones. Cargué entonces en mi mochila el mapa increíblemente inexplorado de posibilidades que hay para un futuro editorial, que conserve lo bueno de lo que ya tenemos y se anime a más, en los soportes que tengamos a mano. Creo que lo realmente importante será siempre que haya contenidos para leer y las condiciones reales de disponer de un tiempo para la lectura.

Cierro con algo que dijo mi compañero, que es un gran lector y hacedor de libros: “Las experiencias de lectura son eso: experiencias. Y son maravillosas de distintas maneras para cada uno. El libro como artefacto de lectura, su soporte, el que sea, va a sumar un lector nuevo y eso es lo importante: ya sea que le guste el códice más oloroso, el libro objeto escrito en pergamino, alrededor de una botella, en un saquito de azúcar o en la pantalla de un celular”.

Más info:

Blog: "Enero en la Ciudad"

N. de la E.: Barbi Couto es autora en su blog donde publica artículos similares a este que fue producido para La Nueva Mañana. 

 

 

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