Gustavo “Cuchi” Leguizamón: el pianista que “pintó” su aldea

Cultura 26/09/2020 Por Flavio Colazo
El 27 de septiembre del 2000 fallecía el genial músico quien forma parte del encumbrado grupo de los grandes compositores argentinos.  A 20 años de su partida recordamos su mayúscula figura .
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Gustavo “Cuchi” Leguizamón - (Foto: La Gaceta Salta)

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Especial para La Nueva Mañana

Gustavo Leguizamón es parte del selecto y más encumbrado grupo de los grandes compositores musicales argentinos. Su figura es comparada con las de Astor Piazzolla, Hermeto Pascoal y Thelonious Monk, entre otros. Como homenaje al genial compositor. El-entre otras cosas- documentalista Claudio Koremblit presenta este 27 de septiembre el documental Gustavo Leguizamón creando la tierra.  

La Nueva Mañana lo entrevistó y accedió a pareceres y detalles del documental al que se podrá acceder, desde el domingo -y de manera gratuita-, en el canal YouTube de Archivo Armusa.

Claudio, ¿cuál fue la motivación para asumir el trabajo sobre el Cuchi?

- La devoción por su obra, el deseo de profundizar en los aspectos creativos misteriosos y la intención de volver a mostrar los homenajes realizados hace 35 años.

¿Cuál es tu consideración valorativa de la figura del Cuchi como músico?

- La obra del Cuchi tiene la virtud de ser tradicionalista y vanguardista a la vez. Parte de las raíces para encontrar mundos nuevos. Lo del Cuchi con la armonía es de una audacia y una belleza que no tiene límites ni precedentes. Un revelador sonoro, destapador de oídos, sean músicos o melómanos. Descubre la magia de los intervalos disonantes ante una audiencia de música popular que siempre estuvo atada a una armonía decimonónica.

Y esas ideas que trabajó primero en el piano, al transportarlas a dos voces en los extremos de los registros, con un juego contrapuntístico inusitado y con acordes vocales nunca escuchados en el canto popular de cualquier parte del mundo, ha generado una fascinación en su auditorio y un cambio en la apreciación de la música, suya y de cualquier otro, que es de un valor cultural y una trascendencia que no podemos medir.

Como no dejó un manual o un método, en tanto no era un académico ni buscara ser reconocido por la enseñanza de la música, ni siquiera dejó discípulos, hay un vacío enorme que tenemos que ir llenando. Obviamente, busqué aportar un granito de arena en ese sentido, llamar la atención sobre todo lo que se puede ampliar en materia del Cuchi.

No alcanza con interpretarlo, sino que hay que estudiarlo y profundizarlo, siendo fieles a sus conceptos e ideas, no queriendo imitarlo o recrearlo libremente, sino abriendo la percepción a su sensibilidad y a su visión. Aún no se entiende por qué estamos atados a “lo conocido”, a la belleza reconocible y obvia. El Cuchi es una puerta al futuro. 

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¿Cómo dimensionás su obra?

- Como la más importante contribución a la música popular salteña, argentina y latinoamericana del siglo XX. No creo que sea tan solo una idea mía. Quizás yo lo haga más extensivo a la música del continente y podría ampliarlo al mundo entero, pero es el lugar que tiene naturalmente por su originalidad. Hay quienes lo comparan con Thelonious Monk, otros con Erik Satie.... Son los “uno en un millón”.... Todos los “grandes músicos” que conozco lo consideran un referente. Un creador esencial, único e irrepetible. 

¿Con qué método asumiste el trabajo? 

- Intenté embriagarme de -y con- el personaje.  Escuché sus composiciones  con introspección para percibir qué es lo que me conmueve de ellas, qué me emociona y qué intereses me despiertan. Además uso otras técnicas… intuitivas, sensibilizadoras… que implican la espera a que llegue a mi inconsciente. Avancé sobre el guión cuando empecé a soñar con todo esto, cuando estuve “poseído” por el Cuchi y su obra. Lo hice solo, sin voz “narradora”, solo con las voces de los propios retratados en la narración. 

¿A cuáles de los artistas con los que se vinculó señalarías como los más trascendentes en la  vida del Cuchi, y por qué? 

- A los poetas que lo acompañaron en sus canciones, Manuel J. Castilla, Miguel Ángel Pérez, Armando Tejada Gómez, también al pianista José Juan Botelli,  y a sus amigos “fijos” de tiempos juveniles (Leda Valladares, Adolfo Abalos, Manolo Gomez Carrillo, Mono Villegas, Lois Blue, Rodrigo Montero, Horacio Salgán), porque fueron pioneros iconoclastas quienes- cada uno en lo suyo- marcaron el rumbo de la mejor música argentina.

La  “Cocina”  Leguizamón/Castilla

El “Castillólogo” Aldo Parfeniuk (ver Manuel J.Castilla, pastor de coplas. LNM 14/08/2018) revela algunos secretos del método compositivo que aplicaban ambos artistas para realizar sus obras en conjunto.

Aldo, ¿qué se sabe sobre cómo “hacían” esas maravillosas canciones?

- Conversando con Gustavo Leguizamón en Salta, en 1989, me reveló cómo trabajaban con Castilla. Era de diferentes maneras. En ocasiones algún poema de Castilla, ya escrito o reciente inspiraba a Leguizamón y, en otras ocasiones, el Cuchi le hacía conocer a Castilla un motivo musical, y el poeta trabajaba sobre ese material. Generalmente entre ellos todo armonizaba rápidamente (las destrezas de ambos en sus quehaceres resolvía con eficacia cada obstáculo) y el tema pronto quedaba terminado; pero en otros casos se realizaban ajustes, y los aportes de uno y otro se aceptaban rápidamente.

Leguizamón me comentó que en “ Balderrama” él intervino en la letra proponiéndole a Castilla algunas palabras como lucero, solito, brillo… Esas palabras, con su masculinidad, casaban mejor con las notas agudas que deliberadamente, y para equilibrar la femineidad del resto de la composición (las palabras con a, como canal, mañana, Balderrama, alba, madrugada y otras…), debían contrastar pero integrarse al todo.

El “Cuchi” en Córdoba, festival y rock and roll.

En el festival de rock realizado en La Falda en 1984 Mario Luna (organizador a cargo) decidió dedicar el festival de ese año al músico salteño. El Cuchi tuvo entonces en el mundo del rock nacional el reconocimiento que el folclore de Cosquín no le dio. Durante cada jornada subió a tocar un par de temas instrumentales y una de esas noches se deslumbró con la actuación de un muchacho por su riqueza compositiva musical y su gran vuelo poético en las letras de sus canciones: Luis Alberto Spinetta. Después de escucharlo desde el costado del escenario pidió conocerlo personalmente, y de ese momento es el registro de la icónica foto de este encuentro entre “gigantes”.

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Para ver y escuchar:

Archivo Armusa: "Maturana", de Leguizamón y Castilla, por Chango Farías Gómez.

Más Info:

Manuel J CastillaManuel J. Castilla, pastor de coplas

   

  

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