Canción Animal, el disco con el Soda Stereo redescubrió al rock argentino

Hace exactos 30 años, se publicaba el quinto disco de la banda integrada por Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti. Una decena de canciones con aires retrospectivos que se proyecta como bisagra entre las últimas dos décadas de la música argentina del siglo 20.
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Zeta Bosio, Gustavo Cerati y Charly Alberti en 1990, inmortalizados en las fotos oficiales para Canción Animal. - Foto: Caito Lorenzo / Alfredo Lois.

Apenas cuando la década del ochenta bajaba su telón y la Argentina se ambientaba nuevamente a su cíclico escenario de crisis internas y explosiones sociales, la banda que había conquistado el continente en medio del destape post-dictatorial decidía, una vez más, cambiar de piel. Luego de confirmar un estado de gracia casi inédito para el rock argentino de la época y de consagrarse en toda latinoamérica a partir de su excelencia pop; Soda Stereo se despachaba con un disco visceral y rockero, con guitarras al frente y diez canciones imbatibles que expusieron un ADN originario e inspiracional anclado en el rock argentino como nunca antes la banda se había animado a hacerlo. De eso se cumplen hoy 30 años. El 7 de agosto de 1990, la banda integrada por Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti lanzó el disco Canción Animal.

El sonido del álbum, el más nítidamente rockero de toda la discografía del trío, basó su potencia en el color orgánico del clásico guitarra-bajo-batería, una idea que había formado parte de las intenciones primigenias de su antecesor, Doble Vida (1988), pero había quedado en un stand-by por las decisiones estéticas propuestas por el entonces productor Carlos Alomar.

La muestra más cabal de esas formas compositivas se pueden observar en canciones como (En) El Séptimo Día, Entre Caníbales, Cae el Sol, Sueles Dejarme Solo, Hombre al Agua, la propia Canción Animal, o en el megahit De Música Ligera, el track más recordado de aquel material.

Canción Animal marca también el reencuentro definitivo entre Gustavo Cerati y Daniel Melero, que luego grabarían un disco en conjunto (Colores Santos - 1992) que sería el germen para la revolución sonora inmediata que se presentaría con Dynamo (1992), el siguiente álbum de la banda. En el trabajo grupal también habían sumado sus partes Pedro Aznar y Fabián "Tweety" González, que completaban la triada creativa fundamental para dar vida a las canciones que nacieron (casi) exclusivamente de la pluma de Gustavo Cerati. “Nosotros nos estamos abriendo a trabajar con otra gente”, decía el compositor en una entrevista con la Revista Pelo en los días previos al lanzamiento del disco, “entonces vemos que en el choque que se produce, o en las similitudes, salen cosas interesantes, a veces contradictorias y a veces con la posibilidad de abrir otros caminos”.  

De hecho, para la grabación que se repartió entre Buenos Aires y Miami, el trío se reforzó con la percusionista Andrea Álvarez y el "Gonzo" Palacios en vientos, que junto a Gonzalez venían trabajando con Cerati, Bosio y Alberti desde la grabación de Languis y Mundo de quimeras, apenas unos meses antes de que los temas de Canción Animal se pusieran sobre la mesa.

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Sesión de fotos Canción Animal. - Fotos: Caito Lorenzo / Alfredo Lois.


Las canciones, puestas en valor tres décadas más tarde a partir de un reconocimiento cerrado de colegas, especialistas y escuchas, terminaron por consolidar a Cerati como uno de los compositores más importantes de nuestro país. Desde lo musical, descubriéndose heredero de los sonidos de la generación que lo había antecedido en el armado histórico de estilo hoy reconocido como rock argentino; y desde lo lírico, presentándose como el hacedor de un lenguaje capaz de descubrir imágenes cotidianas a partir de juegos estéticos nacidos de una personalísima mixtura que combinaba la vanguardia y el pulso popular. Eso, quizás, lo emparentaba con las mejores versiones de Charly García. Para entonces, ya había trazado su contacto con la música de raíz a partir de su trabajo previo con Leda Valladares.

Entre sus primeras composiciones de la década, Gustavo también le corría el velo a su conexión directa con Luis Alberto Spinetta, pariendo la canción más spinettiana de entre las que no compuso el hombre nacido en el Bajo Belgrano: Té para tres

Desde su estallido amparado en la primavera del regreso democrático, Soda Stereo era una banda que hacía convivir a los públicos de diferentes preferencias musicales, pertenencias sociales y gustos estéticos. Eso, en buena medida, puede servir para explicar las situaciones de histeria colectiva que se vivieron alrededor del trío a lo largo de todo el continente durante la segunda parte de la década de los ochenta. Las canciones se permitían ser disfrutadas por los escuchas de tradición más rockera, como también por quienes no eran reconocidos como asiduos visitantes al género que apenas si tenía 25 tumultuosos años de historia. Haber llevado la tradición de esa cultura, durante décadas subterránea, a un público que quizás nunca había tenido contacto con dichas expresiones, es otra de las particularidades que hacen de Canción Animal un disco trascendental.  

El material, que arrasó con todas las encuestas de los suplementos y medios especializados del año 1990, también sirvió para afianzar la popularidad del grupo que encaró una gira nacional que movilizó camiones con casi un centenar de personas y dos escenarios que recorrió el territorio nacional y se desplazó por América Latina, España y los Estados Unidos, completando la friolera de 81 conciertos que incluyeron 14 Gran Rex y un show gratuito en la porteña Avenida 9 de Julio ante un público que se calcula en más de 250 mil personas.

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