Con complicidad de mamá y hasta que convenció a papá, forja sueños futboleros

La historia de Gisel Arrieta, la defensora de Central de Bell Ville que, junto a su hermana Mariana, se sumará al equipo de Camioneros, que milita en la Liga Cordobesa.
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Gisel Arrieta con la flamante casaca del femenino del Club Atlético Central, de Bell Ville. - Foto: Gentileza.

De niñita a Gisel Arrieta le gustó jugar con la pelota. Lo hacía siempre con su hermana Mariana. Jugaban al fútbol y eran felices allá en Ballesteros sur. Ella defensora y su hermana mediocampista fueron forjando su pasión, que la llevaron a cuesta cuando se mudaron a Bell Ville. Allá continuaron jugando. Siempre juntas. Incluso las dos se fueron a probar para el selectivo juvenil de AFA y las dos fueron bien vistas. 

Juntas...

Juntas también se destacaron en esas evaluaciones y llamó la atención del club Camioneros, que las invitó a ambas a sumarse a las filas del equipo que milita en la Liga cordobesa. Y juntas decidieron sumarse a esa nueva aventura.

Pero. 

“Pero”, palabra favorita de la pandemia, que frenó. Sí, “frenó” otra de las palabras favoritas de este contexto. 

Pero se frenó todo debido a la cuarentena. Sin embargo, ambas siguen entrenando y unidas en esta pasión por el fútbol.

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“Empecé a jugar a los nueve, diez años con mi hermana. La pelota siempre me llamó”, comienza a narra la defensora del Club Atlético Central de Bell Ville en diálogo con LA NUEVA MAÑANA. Esos inicios con Mariana los sintetiza con un “cuando vinimos a Bell Ville buscamos y empezamos a jugar al fútbol acá, que ya había torneos de fútbol femenino, es que la pasión del fútbol me tira”.

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De niña en Ballesteros sur.

Y empezó a jugar en los barrios con el equipo llamado “Las Diablas” y después empezaron a viajar, a salir de la ciudad. “Jugué en los barrios, salimos campeonas. Con las Diablas fuimos a jugar a Carlos Paz, a Villa del Dique, a Santa Rosa de Calamuchita, ahí llegamos a la final”, recuerda Arrieta, que tiene guardados todos esos trofeos de la época infante cuando empezaba a soñar fuerte con el fútbol. “Recuerdos que quedan para siempre”, sentencia.  Y en concordancia con esos “recuerdos que quedan para siempre” está el de la complicidad de mamá Alicia.

¿Por qué? Es que en el origen de esta pasión está que su papá Mario no estaba muy de acuerdo con que las nenas jugaran a la pelota.

“Mi mamá nos mandaba a jugar al fútbol y lo hacía a escondidas, porque mi papá no quería saber nada. Ella nos preparaba la mochilita y nos mandaba”, rememora.

Pero eso es pasado. Hoy Mario está feliz con que sus hijas jueguen al fútbol. “Después de un tiempo lo convencimos y ahora no se pierde ningún partido”, expresa pletórica Gisel y le envía a LA NUEVA MAÑANA una foto de las dos hermanas junto a su papá celebrando después de un partido. WhatsApp Image 2020-07-22 at 15.46.38
El fútbol femenino estaba creciendo en la zona. Muchas chicas se sumaban a la práctica. Querían más. Y fueron por más.

 “El año pasado se formó un lindo grupo de chicas, entonces fuimos al Club Central que queríamos formar parte del club, seguir creciendo, hablamos con la dirigencia”, narra Gisel. Y les abrieron las puertas. Y la evolución continuó. “Se formó un gran grupo con chicas que veníamos jugando desde hace tiempo juntas y chicas nuevas que se sumaron y se adaptaron muy bien, entrenando mucho todas y con muchas ganas de jugar”, agrega.

Tan es así que entre la sub-15 y la Primera hay unas 30 jugadoras en el club. ¡Golazo de Central de Bell Ville! La institución en sus redes está constantemente promocionando actividades de las chicas e invitando a sumarse.

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Gisel con el trofeo.

Pero no es todo. El crecimiento fue cuántico y cualitativo. Y con resultados deportivos, por si hacía falta.

El año pasado participaron del legendario Mundialito que se organiza en Arteaga, Santa Fe. No sólo participaron, salieron campeonas.

“El torneo es para juveniles y el año pasado fue el primero en el que se hacía para fútbol femenino. Primero nos tocó ir a Montebuey y en la primera fecha perdimos 1-0. No lo esperábamos, porque sentíamos que podíamos ganar. Fue una derrota que nos abrió los ojos. Al segundo partido ganamos 7-1, y al otro día volvimos a ganar, y ganamos otra vez más. Pasamos ya a jugar a Artega, jugamos cuartos de final, semifinal, llegamos a la final y nos volvimos a encontrar con el equipo que nos había ganado en la primera fecha (Defensores de Juventud, de Justianino Posse); y ganamos por penales. Fue hermoso, no lo esperábamos que tan pronto lográramos algo tan lindo como grupo y como equipo y salir campeonas del Mundialito”, relata Gisel Arrieta aún emocionada por aquella conquista.

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Campeonas.


Este año la Liga de Bell Ville iba a lanzar su primer torneo oficial, ya había equipos de distintas localidades conformando sus planteles femeninos. Pero la pandemia frenó el inicio.

“El año pasado jugamos un campeonato de la Liga pero era sin sumar puntos, era tipo encuentros en distintas localidades, estuvo muy bueno y, además, ganamos todos los partidos”, relata la marcadora central nacida el 1 de marzo de 2000, que aparte de defender trabaja en una carnicería en Bell Ville y estudia para ser Técnica Superior en Hemoterapia.

Un tiempo vertiginoso para Gisel Arrieta, ya que a esta primera experiencia con "El Rojo del Boulevard"  y la obtención del Mundialito en Arteaga, se sumaron dos hechos importantes.

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                     Una de las reliquias de la infancia de Gisel.

“Se hizo una preselección para la Selección argentina, para sub-20 y Mayor, yo me presenté para la sub-20 y quedé preseleccionada, después tuve que ir a otras pruebas más”, narró la oriunda de Ballesteros y ex jugadora de handball, que agregó: “Estaba muy contenta, muy feliz, y ahí me vio el profe de Camioneros, nos habló y dijo si queríamos sumarnos a Camioneros. Sí, y este año habíamos empezado la pretemporada, yo la hacía acá, en Bell Ville, me mandaban todos los trabajos, después lo complementaba con Central. Pero después llegó esto del aislamiento y, lamentablemente, no se pudo hacer más nada. Era un logro muy lindo y grande poder ir a jugar allá”.

 Cuando habla en plural habla de ella y su hermana, la volante central de 23 años, que también se sumaba al equipo de la Liga cordobesa.

"Siempre con mi hermana jugamos en el mismo equipo. Jugamos en central, también quedó preseleccionada en la Selección y también la habían hablado de Camioneros”, afirma la piba que sueña con “jugar al fútbol profesionalmente” y llegar “lo más lejos que pueda”.

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Las hermanas Arrieta en la cancha de Camioneros.



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