La invitación a jugar que le cambió la vida a Mariana González

La historia de la directora técnica de Peñarol no es una más. Deja enseñanzas, recuerdos, empatía... Tiene mucho por decir, lo dice, y hace por el fútbol femenino cordobés.
Mariana Gonzalez PEÑAROL FEMENINO
Mariana González y un abrazo eterno con una de sus dirigidas de La Peña. - Fotos: Gentileza Femenino Club Argentino Peñarol.

Tiene una amplia sonrisa cuando sonríe, y unos ojos astutos que han visto mucho. Tantas cosas han visto. Tiene ojos soñadores. Y posee una historia que la avala. Por momentos parece reservada y prudente y en otros, respetando esa cualidad, sentencia verdades que atraviesan los oídos que quieran oír.

Cada nota que me propongo, como relator de historias futboleras de nuestra tierra, son un desafío y responsabilidad. Y esta no fue la excepción. Pero desde enero que, por una cosa u otra, no lograba abordarla, aunque sí iba tomando nota ante cada aparición pública en sus redes sociales para hacerme un perfil de ella. Sabía que ella tenía una historia que dejaba una enseñanza e iba encontrando que, además, poseía algo por decir.

Después de una hora de charla con Mariana González lo confirmé. La directora técnica de Argentino Peñarol no habla demasiado. Es más, se califica como tímida. Habla, pero dice. Dice cosas. Y muchos pueden hablar demasiado, pocos pueden decir. Y ella dice. Porque el encuentro con alguien que dice es un acontecimiento fabuloso, que propone horizontes.

El diálogo con la DT, que esta semana cumplió un año al frente del plantel principal de fútbol femenino de Peñarol, se inició con el recuerdo de la primera vez que jugó a la pelota. Una remembranza que la lleva hasta cuando tenía unos seis años de edad y un nenito de la cuadra la invitó a patear al terreno baldío. Una invitación genuina y las llaves a una vida que la empezó a acompañarla por siempre. ¡Una invitación a jugar! ¡Una invitación a vivir!

 - El amor por el fútbol fue inmediato. Toqué la pelota y me enamoré. Tenía tres hermanas más chicas y ellas jugaban a la casita, a las muñecas, pero yo me escapaba al campito para jugar con los chicos al fútbol... Veía a los nenes jugar en el sitio baldío que estaba a media cuadra de casa y yo los miraba, quería jugar con ellos, no a las muñecas. Y mi tía vio eso y me llevó a jugar a Huracán de Tancacha –cuenta en los primeros minutos de la charla con LA NUEVA MAÑANA.

La tía que entendió todo es la tía Mercedes. Mercedes González, a principio de la década del ’90, en un pueblito cordobés del departamento Tercero Arriba, alejada de cualquier prejuicio, vio que a su sobrina le fascinaba jugar a la pelota y la llevó al club y la alentó a jugar a lo que ella quisiera. 

-¡Mi tía fue una genia! -exclama Mariana. mariana gonzalez femenino peñarol
El misterio de la memoria te permite recordar detalles increíbles. Por eso Mariana cuando entra en ese “túnel del tiempo” es capaz de decir que en ese primer partidito junto a esos niños de su cuadra jugaron con una pelota de básquet desinflada, toda gastada. ¡No importaba la pelota, importaba el momento! Memoria, memoria... Un momento iniciático. Una tardecita de gloria infantil. Tanto fue el amor por ese juego, que al tiempo llegaría Navidad y pediría de regalo un fútbol. Y Papá Noel cumplió, se la jugó y le obsequió una pelota amarilla y negra Penalty. Recuerdos imborrables. “No me olvido más”, afirma. Esas cosas no se olvidan.

Pero cuando hurgamos en los recuerdos, aparecen también otros detalles que, a veces, no suelen ser tan gratos ni vienen envueltos en papel de regalo. Mariana Gonzalez 0
- Recientemente en una charla de Instagram con Coti Guerra hablaste del “fútbol como escape”. ¿Qué quiere decir eso en tu vida?

- Yo tuve una infancia muy dura, muy difícil en muchos sentidos – hace una pausa. La sensación es que toma aire, exhala-. Obviamente que me ayudaron muchos años de terapia para poder hablarlo hoy con normalidad, porque por ahí a la gente la golpea... En mi casa éramos muy pobres, había días que no había para comer y, a veces, mi mamá nos llevaba al basural a juntar cosas. Mi mamá hacia borlas de fraile y teníamos que salir a vender, porque, a veces, no había para comer. Y a todo esto sufrí violencia por parte de mi papá. Entonces, necesitaba irme de mi casa, porque no la pasaba bien. Y creo que ahí el fútbol tomó más fuerza de la que tenía. Y el fútbol me dio muchas herramientas, porque aprendí ahí lo que es compartir, a tener amigos. Los nenes que jugaban conmigo a la pelota me trataban como una igual. En mi niñez era una más que jugaba, indistinto a si era nena o nene, era una más que pateaba una pelota. Por eso a mí el fútbol me sacó de lugares y me ayudó a que el frío, el hambre y toda esa violencia no la sintiera tanto. Desde niña fui feliz por el fútbol.

Los niños y su mundo lúdico. La niñez y su inocencia. Jugar como escape. El fútbol como escape. El fútbol como contención. El juego como refugio. El juego de la pelota como excusa para sonreír.

 - El deporte te da herramientas y valores que no tenés en casa -dice Mariana, que tiene una voz pausada cuando habla. Como si cada palabra que está expresando las pensó muchas veces. Sabe qué decir. Y por eso en los recuerdos que podrían ser ingratos, ella los transforma en un aprendizaje o en un valor por rescatar-... Yo no tenía ni para comprarme el juguito. En esa época se compraban los juguitos congelados – se ríe-, no tenía, pero los nenes con los cuales jugaba sabían y siempre compraban uno de más para mí -Por eso, también, a cada rato recuerda a su tía Mercedes y a su abuela. “Mariana, tenés que estudiar”, le decía siempre su abuela María Springer. Y Mariana hizo caso. Siempre tuvo muy buenas notas en el colegio, entendió la importancia de ese mandato -. Sabía que era una salida a esa realidad tan dura, expresa. Se lo enseñó su abuela.

- En el secundario los tres primeros años tuve asistencia perfecta, y era porque no quería estar en mi casa. Prefería estar en la escuela, estudiando y aprendiendo. Prefería eso, elegía eso, porque me lo enseñó mi abuela. El colegio era un refugio.Mariana González 2
Y un día salió de su casa

Sus padres le habían dado una sentencia: “Hasta los 18 dependes de nosotros y haces lo que nosotros decimos”. Esperó, ahorró plata trabajando y cuando cumplió esa edad, armó el bolso y se fue. “Trabajaba en un quiosco en Tancacha y Ñata me enseñó el valor del trabajo. Aprendí a trabajar para lo que yo quería”, cuenta.

De niña Mariana jugaba al fútbol y también le gustaba dibujar y pintar. Por eso, al tiempo que se fue de su casa, también se fue del pueblo, y el destino fue Buenos Aires. Y la “ciudad de la furia” encontró un mundo nuevo. Distinto que le permitía ser lo que ella quería ser. Más allá de que al inicio estudió Turismo, en Río Tercero, ya en Capital se encontró con la carrera de Diseño Gráfico; actividad que ejerce desde hace 15 años. El fútbol en ese período quedó a un costado. Lo miraba de reojo. Fueron unos años en Buenos Aires, luego vivió en Gualeguaychú y en el 2010 llegó a la ciudad de Córdoba. Y volvió el fútbol a su vida. 

- A los dos años de estar acá empezó a crecer el fútbol femenino, se veía en la cancha sintética, en torneos amateurs, y me animé de nuevo a conectarme con  el fútbol. Y una cosa me llevó a otra. Como siempre estaba buscando crecer, decidí buscar un entrenamiento y ahí conocí a Coti (Constanza Guerra), ella me llevó al futsal de Talleres, ella dirigía, yo era parte del plantel, después le llegó a Coti la propuesta de Peñarol y ahí me sumó como como ayudante técnica - relata.

 Y llegar al club Argentino Peñarol fue otro momento clave en su vida. Empieza otro capítulo. La vida de Mariana González tiene vaaaarios capítulos importantes. Algunos los fuimos pasando rápido, y en otros nos detenemos, porque “La Peña” forma hoy parte de su cotidianidad. Y parte importante y relevante.

En el 2017 se suma a Peñarol ayudando a Guerra y al año siguiente siendo parte del plantel como jugadora. A finales de 2018 sufre una lesión importante: LCA y meniscos. Otra trompada que la vida le da. Pero si algo se aprende de escuchar a Mariana González es que esas piñas la hacen más fuerte y rápidamente se transforma y le saca jugo a la situación. Adversidades, en cada capítulo de la vida de “Marian” hay adversidades que superar. Y lo que pasó después fue impensado.

Porque se lesiona en la Córdoba Cup en diciembre, en febrero le llega la propuesta a Coti Guerra para ser la primera técnica mujer del Belgrano femenino. González quedó como delegada de Peñarol, haciendo diversas tareas administrativas, mientras en el plantel los dos técnicos que se hicieron cargo no logran los resultados esperados y a cinco fechas del final del Reclasificatorio de la Liga cordobesa les finalizan el vínculo. El club le propone, entonces, a Mariana González que se quede como entrenadora, aceptó y los resultados fueron más que favorables. A tal punto que de estar cerca del descenso, terminaron clasificando.  peñarol femenino Gonzalez dt
- El objetivo era quedar en la A, no se estaba logrando, me convenció la Pepi (Bartoloni), nuestra capitana. Teníamos una PF, una entrenadora de arqueras, una kinesióloga, no teníamos DT, yo estaba dejando las muletas, recuperabndome de la cirugía. Me convenció Pepi y las otras chicas. Y en el club siempre habían pensado que cuando se fuera Coti, seguía yo. Era algo que no estaba en mis planes. Y menos en esa situación, donde estábamos casi en la B. Tenía que ocurrir algo milagroso. Quedaban cinco fechas del torneo. Hubo una entrega total de las jugadoras. Mis primeras palabras habían sido que de la única manera que podíamos salir de esto era que ellas estuvieran convencidas y trabajando las seis semanas que nos quedaban. Y así fue. Las chicas me dieron una lección de vida, me enseñaron que cuando una se enfoca, puede. Se agarraron de eso, la hicieron bandera y en cinco fechas clasificamos, algo que no estaba en los planes. Bah, era de los planes ideales. Fue un proceso de semana a semana, muy lindo y después cuando clasificamos no nos fue como hubiésemos querido, pero entiendo que fue tal la magnitud de entrega en esas semanas, el desgaste emocional que llegó... -relata la hoy entrenadora sobre aquel génesis en su profesión.

 - Y me quedé como entrenadora, y me gusta. Aunque no tuve mucho tiempo para pensarlo. Y pasa que ante la adversidad una se hace más grande. Y fue precisamente eso. Las chicas de Peñarol son lo más, todo lo que hacen, la entrega que tienen, creen mucho en el proyecto. Somos una familia muy grande en la Peña.

 A propósito, en un hecho para destacar. Argentino Peñarol tiene en su estructura femenina unas 70 jugadoras, que van desde el equipo de Primera A que juega en la Liga cordobesa, el Recreativo y la escuelita de fútbol. Todo un logro, que tiene a Constanza Guerra y a Mariana González como las figuras principales, aunque ellas destacan que hay un grupo de trabajo que lo lleva adelante.

 En el plantel que conduce Mariana y que es capitaneado por la legendaria Pepi Bartoloni son 34 jugadores. Un número muy grande, que creció mucho en el último tiempo. A tal punto que la DT recuerda que cuando asumió eran entre once y quince chicas. 

 - Me llena de orgullo ver todo esto. Creció muchísimo -dice feliz. Y se le nota en la voz. Su timbre de voz cambia de repente cuando habla del trabajo que se hace en el club con las chicas -.Brindamos un espacio de escape, aprendizaje y valores a través del deporte e intentamos empoderarlas.BANDERA PEÑAROL FEMENINO
Pero no todas son flores. Y es una habitualidad en el fútbol femenino, lamentablemente. Hay muchas espinas. No todos se comprometen con el momento histórico que vive la disciplina.

 - Se habla que el fútbol femenino es un espacio de lucha y es así, porque estás luchando por un espacio en tu mismo club, luchas por un espacio en tu liga, entonces es un espacio, lamentablemente, de lucha. Nosotras somos esa generación de transición, estamos construyendo lo que va a venir. Y nos estamos replanteando cómo queremos el fútbol. Uno de mis sueños es que ojalá esas nenas ocupen espacios en el club que hoy cuesta tanto, cuesta muchísimo... Es así el fútbol femenino lleva esa revolución –comienza a narrar González, a meterse de lleno en la coyuntura que atraviesa esta disciplina, que va a avanzando, pero aún tiene varias batallas que sortear. Situaciones que se viven en el día a día, aún en cuarentena e incluso en tu propia casa. Por eso, Mariana González es de las que tienen algo que decir y saben de la importancia que tiene lo que dirá. 

 - Entendí el espacio que ocupamos. Estamos ocupando un espacio en Peñarol y merecemos ser reconocidas como tal. Vos me podes preguntar si en el club se reconoce al plantel femenino de Peñarol, y yo tengo que decir que no. Lamentablemente hoy no. Antes si éramos reconocidas. Pero este año con el ingreso de un nuevo encargado está complejo. Ni pelotas nos dieron este año. Es una realidad. El ninguneo es una forma de violencia. Lo que viví este año no lo había vivido años anteriores. Soy muy agradecida a Sergio Fittipaldi, que es el presidente, soy muy agradecida a Luis Escalda, a Luis Acuña y Lito Fernández... Tenemos los colores del club y me apena que no seamos acompañadas como era en años anteriores –asegura. 

Y continúa. Levanta la bandera. Quiere ser escuchada. Entonces no es casualidad que postee en sus redes sociales la frase de Walt Disney: “Puedes soñar, crear, dibujar y construir el lugar más maravilloso del mundo. Pero es necesario tener gente para transformar su sueño en realidad”.

 - El fútbol femenino necesita respaldo institucional y ser tratadas como una categoría dentro del club. Nosotras representamos a la Primera de Peñarol. Por lo menos nos podrían dar elementos para entrenar. Mis chicas, el cuerpo técnico y todas las que colaboramos llevamos el escudo de Peñarol y trabajamos por y para ese escudo. Y todas tenemos un gran sentido de pertenencia por lo que hacemos por el club. Soy muy agradecida a Peñarol y a Fittipaldi, que fue un visionario al poner una mujer DT en el femenino, le dio espacios a la mujer, nos apoyó desde el minuto cero... Ojala la realidad fuera distinta. El fútbol femenino necesita el respaldo de los clubes, del gobierno y de la liga.

Mariana González tiene una historia... Hay escasez, pero abundancia de risas. De tristezas, pero consuelos detrás de una pelota. De aprender a superarse. De escapes y refugios. De escuchar los consejos de la abuela. De escuchar los alientos de la tía Mercedes. De agradecer a ese nene que la invitó a jugar, o a esa señora que le advirtió sobre el valor de trabajar... Mariana González tiene una historia, de triunfos y derrotas, como todos. Y por eso se arropa en una bandera esperando ser escuchada, pero no por ella, sino por las que vendrán. A las que invita, también, a jugar...

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