La historia detrás de un penal atajado en una final inolvidable

Entrevistas 18/04/2020 Por Marcos Villalobo
Evelyn Block fue protagonista de un partido histórico en el fútbol cordobés en el que se enfrentaron Talleres y Belgrano y se terminó definiendo por penales.
Eb Abrazos de Casas y Primo a Block
Una imagen que vale más que mil palabras y refleja el espíritu del fútbol femenino en Córdoba. - Fotos: Cronómetro en Cero.

Ese día Evelyn Block se despertó cerca de 6.00 de la mañana. Cada vez que tiene partido se levanta bien temprano. Así vive las jornadas futboleras la entrerriana de 32 años. Aquel 30 de noviembre de 2019 era especial para ella, se jugaba la final femenina de la Copa Córdoba. Y enfrentaban al clásico, a Belgrano.

Como pocas veces los medios capitalinos se hicieron eco de la final. Todos hablaban de este juego. El fútbol femenino cordobés había ganado la escena. ¡Todo un logro!

El equipo del barrio Alberdi llegaba tras coronarse campeón del torneo de la Primera A de la Liga Cordobesa hacía muy pocos días, en un certamen donde había conseguido 43 unidades producto 14 partidos ganados, un empate y ninguna derrota, además de 50 goles a favor y 8 en contra. Por el lado del conjunto del barrio Jardín, las chicas en la Liga se habían quedado con el segundo puesto tras sumar 38 puntos, producto de 12 partidos ganados, dos igualdades y una derrota (justamente ante las “Piratas”). Convirtieron 59 goles y le marcaron seis.

En semifinales de la Copa, la “T” le ganó 2-0 a Unión Florida y la “B” 4-1 a Camioneros.

No había dudas, la finalísima la jugaban dos de los mejores equipos de Córdoba: el Belgrano Campeón y el Talleres goleador. 

El historial de enfrentamientos, en la previa, favorecía las chicas que vestían de camiseta violeta por sobre las albiazules: 12 victorias en 18 juegos, y 6 empates.

eb ingreso
Por eso era especial, también, para Evelyn Block. 
Una final. Ante el clásico rival. Con el historial adverso. Era el día para romper un sinfín de tendencia.

- Me venís a remover todo esto ahora -, me dice y hace una pausa larga. Silencio. Un silencio incómodo. Me replanteo muchas cosas. ¿Era necesario? Ha pasado mucho tiempo desde aquel día. En los medios, por ejemplo, todavía no se hablaba del coronavirus y ni nos imaginábamos algo símil a este abril de 2020.

Es que el fútbol para Eve es muy importante en su diario vivir. Le provoca muchas emociones, la levanta de momentos ingratos de la realidad. Y, el fútbol, esa tarde, le hizo vivir una situación ingrata.

- Esa final en particular la esperaba hacía mucho tiempo –continúa Eve, tras aquel silencio-, ese partido con Belgrano. Siempre jugué en Racing, desde el 2011, estuve en el 2016 a préstamo en Talleres, volví a Racing, y ya desde el 2019 sigo en Talleres. Por eso, era una finalísima.

El partido fue un partidazo. Un primer tiempo favorable a las del equipo dirigido por Daniela Díaz, que había sido compañera de Block en la “Academia”, y Sabrina Maldonado había abierto el marcador.
El partido era un partidazo y se vivía como tal. Muchísima gente en las tribunas del estadio de MEDEA. Cánticos por doquier, con ambas hinchadas y en una armonía folclórica de cierta nostálgica. No había cantos xenófobos ni homofóbicos. Las canciones eran de aliento. Una fiesta del deporte. Y las protagonistas en el terreno de juego lo disfrutaban como tal.
El partido era un partidazo. En el segundo tiempo las Matadoras fueron con todo a por el empate. La arquera Yanina Sosa se atajaba todo. Hasta que sobre el final, Florencia Pianello, de penal, lograba la igualdad. De película.
El partido fue un partidazo. Tuvo de todo. Condimentos abundantes para un juego que quedó marcado en aquellos que estuvieron presentes. Privilegiados sin dudas.

Y se fueron a definir el campeón a los penales.
Penales. Amados y odiados penales. 
Y empezaron a patear. Todos bien ejecutados. La primera tanda de cinco ejecuciones cada una, tuvieron cien por ciento de efectividad.
Y a seguir pateando. Gol. Gol. Gol. Gol. 7-7.
Llegó el turno de Evelyn Block.

Eb Eve Block
- No estaba preparada para patear el penal.
Entré a cabecear en los últimos minutos del partido. Los marcadores centrales suplentes entran si hay algún lesionado o si hay algún cambio estratégico del técnico, como en este caso.

Acomodó la pelota con las dos manos. E hizo siete pasos para atrás, mirando el arco. Se paró y la árbitra dio la orden de ejecución. Y salió disparada a patear. Inclinó el cuerpo hacia su lado izquierdo para darle con el pie derecho dirección. Quería ponerla al lado del palo, con el pie bien abierto. Su remate buscó ese lado. En su cabeza se hizo un silencio ensordecedor. Y vio que Sosa le había adivinado la intención. Sus ojos se cerraron y escuchó los gritos de festejo. Y no eran de sus compañeras. Le habían atajado el penal. Dio media vuelta y regresó al mediocampo donde estaban sus compañeras. En las tribunas había un griterío. Una final con un superclásico. Y ella miraba el suelo, miraba a sus compañeras, no sabía a dónde mirar. Acababa de fallar su remate. O no, se lo acababan de atajar. 

- Cuando vi que lo atajó me corrió un frío, un frío por todo el cuerpo. Y la verdad que me emociono un poco, porque cuando me di vuelta no quería ni mirar a las chicas, me sentía responsable en cierta forma– Otra pausa larga. Otro silencio incómodo. Nuevamente me planteo el por qué la hago recordar este infausto momento para ella...-, pero sí, la responsabilidad era mía. Y cuando las veo venir a las dos, me levantaron desde el mismísimo piso. Estoy re emocionada, perdón...

“Las veo venir a las dos”. Cuando dice eso, hace referencia a Catalina Primo y Pilar Casas.

También era un partido especial para Catalina Primo. Era una final muy singular para ella. Es que imaginaba que, quizás, ese juego ante Belgrano era su último partido con la casaca albiazul. Con el tiempo se confirmó, fue su último cotejo en Talleres, ya que semanas después se confirmó que se sumaba a la UAI Urquiza, y el 20 de enero del 2020 firmó su primer contrato como futbolista profesional.
Por eso era excepcional esa final. Se quería ir campeona de Córdoba.

Cata es oriunda de Río Tercero. Y desde que era niñita tuvo un amor por la pelota de fútbol, jugando con los nenes de su barrio Medialuna. Desde aquel momento en que le regalaron una pelota con tan sólo dos años de edad y la hizo propia. Desde ese instante que fue a jugar a Sportivo 9 de Julio de Río Tercero a los 5 años y sus goles silenciaron lenguas prejuiciosas. Así, Cata Primo se fue haciendo camino en el fútbol. Jugando en el “Patriota”, luego en Hernando, y a los 15 años decidió armar el bolso, dejar el hogar de Río Tercero e irse a vivir, junto a su hermana mayor Sofía, a Córdoba. Y claro, para jugar al fútbol en la Liga cordobesa. Estuvo seis meses en Instituto, y después se fue a Racing de Nueva Italia, donde conoció a Evelyn Block.

“Eve es como una madre para mí. Desde que me fui a vivir a Córdoba Capital está presente. Jugamos en Racing y en Talleres juntas, y somos muy amigas”, relata Primo desde Buenos Aires.
Primo y Block se quieren mucho. Se apoyan en cada situación que les toca atravesar. 

Por eso, cuando Sosa atajó el penal y a Eve se le paralizó el cuerpo, Cata no lo dudó un instante. 
Y salió a buscarla. A abrazarla, a decirle que no importaba, que “somos campeonas igual, tenes que sentirte así”. A veces las palabras no salen, o no dicen lo que se quisiera decir. Lo importante es el gesto, el apoyo a la amiga, siempre. Porque Catalina y Eve suelen tomar mates juntas, se ríen, hacen bromas, comparten la pasión del fútbol. Y también están para esos momentos ingratos, como cuando pierdes una final ante tu clásico rival.

“Cuando atajaron el penal no pude más que sentir orgullo por todas mis compañeras, porque se animaron desde los doce pasos a esa situación”, recuerda la atacante. Y, claro, orgullo. ¡Qué palabra orgullo! Orgullo, se puede usar con tintes negativos y positivos. Orgullo. En este caso, Primo sintió orgullo por esas compañeras que la habían acompañado durante todo el 2019 desde que arribó desde Nueva Italia. Orgullo. Encima en voz alta suena bien. En inglés es “pride”; es más musical en castellano. Orgullo. Y Cata Primo sintió orgullo por esa amiga que siempre tiene “energía súper positiva, da muy buenos consejos, se puede hablar de lo que sea”. Orgullo por atreverse. Errar erran los que se atreven.eb penales
El primer partido de Pili con la camiseta de Talleres fue ante Camioneros en el 2018. Ella recuerda muy bien ese juego porque estaba cumpliendo el sueño de jugar con la casaca albiazul, y, entonces, le dolía la panza de los nervios, las piernas se sentían frágiles; pero en el terreno de juego sintió una química especial que tenía ese grupo de chicas. Era lo que quería.

Pili. Pili es Pilar Casas. Una tonada cordobesa y juvenil que deja en evidencia sus 16 años. Y con esa juventud está repleta de ilusiones futboleras desde que jugaba a la pelota con su papá Martin y su hermano Tomás en un vecindario por Manuel de Falla llamado Valle del Oeste. 

Previo a su arribo a las “Matadoras”, Casas jugó en Lasallano, en la B de la Liga cordobesa. Su anhelo era jugar en la A. Por eso hizo de todo para que la pudieran probar. Habló con Paulina Gramaglia, que ya era una de las figuras albiazules y con la que había coincidido el año anterior en una Selección juvenil de Córdoba, y ella le dijo que se hacían pruebas en el club. Se contactó con la preparadora física, la probaron y quedó.

Pili está terminando el secundario y todavía no se decidió qué va a estudiar. Le gusta la música, pero lo más probable es que sus estudios terciarios o universitarios estén ligados al deporte. Es la que la apasiona, como ver jugar al español Andrés Iniesta, a quien admira por sobre cualquier otro deportista.

Pilar nunca había vivido en una cancha de fútbol la adrenalina que sintió en esa final entre Talleres y Belgrano por la Copa Córdoba. “¡Una sensación tremenda!”, cuenta ya pasado un tiempo a quien le pregunta por esa tarde de diciembre del 2019. Ella siente que ese día jugaron un gran partido, el mejor, quizás, del año. “Lo dejamos todo en esos 70 minutos”, resalta. Fue inolvidable para ella. Tan es así, que meses después cuando puede, se pone a ver nuevamente el video del gol agónico de Flor Pianello que las llevó a la definición por penales.
Esa tanda interminable de penales que le dejó un sinfín de sensaciones. Una ametralladora de ilusiones. Goles, goles, goles, goles, goles, y más goles. 7-7...

Y llegó el penal de Evelyn Block.

Pili. Pilar Casas tiene 16 años y una cara aniñada. Aun así tuvo la valentía de cuando todas las chicas vestidas de violeta celebraban la atajada de Yanina Sosa y ver a su compañera derrumbarse, miró a Catalina Primo y la acompañó para salir a esperar a la número 18 albiazul.

“Es una sensación compleja de explicar, me parece. Luchamos mucho para llegar hasta ahí y saber que se nos iba de las manos no fue lo mejor... Pero, como dicen, los penales son una lotería. Entonces me surgió la idea de ir a buscarla junto a Cata. Cualquiera lo podía haber errado y, al fin al cabo, somos un equipo. Si ganábamos, ganábamos todas, y viceversa”, relata; y agrega: “Además, me puse en su lugar, y me hubiese gustado apoyo en ese momento complicado”.

Pili. Pili es Pilar Casas. Tiene 16 años, todavía no terminó la secundaria. Pero tuvo la madurez para interpretar rápidamente que el equipo y Eve necesitaban ese momento de cabeza en alto.

No recuerda lo que le dijo. Tal vez no le dijo nada. El apoyo era lo que valía. El apoyo a alguien que en su vida es de relevancia. El fútbol femenino es eso, más allá de goles, partidos ganados, partidos perdidos, penales convertidos, penales errados, vueltas olímpicas y un vértigo de etcéteras más que obsequia el deporte. El fútbol femenino enarbola el compañerismo, la amistad, las luchas... “A Eve la considero una hermana mayor, siempre que tuve rachas malas ella fue la primera en levantarme y motivarme a más”, cuenta Pili. Cosecharás tu siembra.

Pili es Pilar Casas, mediocampista. Juega por los extremos. Luce la camiseta de Talleres. Tiene anhelos futboleros. Sueños desde que jugaba en la placita del barrio.

En la famosa final del mundo jugada el 10 de julio de 1999 en el Rose Bowl, en Pasadena, también todas las ejecutantes fueron certeras. Salvo una: Liu Ying, a la que la arquera norteamericana Briana Scurry le contuvo el remate.
La diferencia es que a Liu Ying nadie fue a consolarla en ese momento. El trayecto de retorno fue en solitario ante la mirada de unos 90 mil espectadores en las tribunas y más de 40 millones de televidentes solamente en Estados Unidos, según los datos que dio a conocer FIFA. China perdió la final de la Copa del mundo aquella tarde ante Estados Unidos, y Liu Ying no la pasó muy bien a su regreso al país asiático, según narró Gay Talese en el legendario artículo que apareció en su libro “La vida de un escritor”.

Evelyn Block tuvo a Catalina Primo y Pilar Casas, y tuvo un equipo que la respaldó. Fútbol nuestro.

Pili y Cata. Empatía, apoyo, comprensión, banca. Compañeras de camino, compañeras de equipo, humanas. 

Y esperanza...
Faltaba el penal de Romina Gómez. En el arco estaba Valeria Alzapiedi, y le tenían fe que atajara.

Por eso, también, Eve Block se emociona al recordar aquel día. Una tarde donde aprendió mucho. Dicen que en las adversidades, sinsabores o tropezones se aprende. Evelyn afirma que sí, ella aprendió.

- Jugué muchas finales, pero nunca había pateado penales en finales, quizás en torneitos de fútbol 7. Siempre estuve del otro lado. Juzgando o acusando a quien de mis compañeras fallara y todo. Y la vida te pone siempre en los zapatos de los demás, fue un aprendizaje muy grande. Fue lo primero que aprendí, hay que estar –relata la nacida en Paraná, pero que desde los cinco años anda por la provincia de Córdoba, donde habitó en más de una vivienda e hizo de las mudanzas una habitualidad.

eb Yanina Sosa belgrano
Gastón Rodríguez es muy hincha de Belgrano. Desde hace un tiempo tomó la decisión de seguir a las Piratas... “La histeria con la que se vive la realidad del deporte profesional del club me generó un gran desencanto. Entonces me puse a pensar que tenía al alcance de mi mano una experiencia nueva. Sumado a la nostalgia de una liga cordobesa que no vi, solo a través de lo que me cuenta mi viejo, creo que se hace un combo hermoso. Eso de ir a los barrios siguiendo a Belgrano me gustó. Además, este equipo juega bien y mete uña a lo Belgrano”, expresa.
Y, claro, estuvo aquel noviembre en la cancha.
A la definición por penales la vivió con mucho nerviosismo. Pero cuando llegó la ejecución de Evelyn Block, tuvo una sensación. “Yanina venía estando cerca y lo que recuerdo fue que la pibita de Talleres iba muy livianita, sin tanto aplomo como ya se la veía a Yani. Asique mi sensación, y de los que me rodeaban, fue que era éste, que ese penal lo atajaba”. Se apasiona Gastón cuando habla de esa final. Fue a la cancha junto a Iván Podio y Juan del Capillo, éste último es la primera vez que asiste un partido de fútbol femenino y está admirado por el juego de Celeste Guevara.
Y cuando se expresa se nota que tiene una admiración por la arquera. Pero con argumentos. “Recuerdo una atajada de Yanina en el último minuto del partido versus Camioneros, en el predio de Belgrano. Era un partido clave porque ambos venían invictos y Ale Server, la defensa central, quiere salir jugando y pierde la pelota. Era tiempo cumplido del segundo tiempo, y se fue mano a mano una de Camioneros, que no era delantera, y nos salvó Yanina. Creo que demostró que es arquera para Belgrano, que necesita eso, arqueros que saquen las que van adentro”.

Yanina Sosa nació en Las Lomitas, Formosa. Siempre jugó al vóley. Su hermana Emilce es una referente del voleybol argentino. Y, por supuesto, su gran referente. 
La aconseja constantemente a Yanina. “Tomátelo como una profesional”, le advierte. Y Yanina le hace caso, por eso hace un entrenamiento extra del club con un trabajo específico de arqueros.
Yanisa Sosa estuvo en Belgrano en el 2014, luego pasó por Lasallano, jugó la Córdoba CUP con Juniors, estuvo un tiempo en Camioneros y retornó el año pasado al club de barrio Alberdi. Con esta trayectoria, la arquera, además, trabaja en el hotel mutual de gendarmería nacional, donde es administrativa.

- A medida que pasaban los penales sentía muchas emociones juntas. Y sobre todo adrenalina. Porque fue un partido bastante intenso para todas nosotras. Y lo vivimos como nunca. Mientras mis compañeras pateaban yo estudiaba su manera de patear. De posicionarse en cada penal y trataba de aplicarlo cada vez que me tocaba estar a mí en el arco. Algunos los pude leer y otros me la jugué jaja... –ella sí sonríe al recordar aquel penal.

- ¿Y cómo fue con el penal de Eve Block?
- Con el penal de Block me la jugué. Sentía que era la última oportunidad para mí en darlo todo. Y gracias a Dios se me dio.

eb Evelyn Block
Evelyn Block comenzó a jugar al fútbol a los 17 años en Universitario. En ese equipo cosechó a las mejores amigas. Sus compañeras dicen que hace culto a la amistad. “El compañerismo la caracteriza”, relatan. Cuando el femenino en aquella época desapareció, en el 2011 comenzó con el proyecto de Racing de Nueva Italia, que estaba en sus inicios, donde pasaron muchas cosas, y fueron abriendo caminos para lo que hoy se conoce como el fútbol femenino cordobés. Luchando, de eso se trata el fútbol femenino. Una lucha constante, con conquistas que se celebran en familia, otra característica de esta disciplina. “Luchamos mucho para que nos dejaran jugar al fútbol 11, nos dieran espacio, con Gabriel Pereyra y Alejandro Gimeno, el mejor técnico que tuve en mi vida”, rememora ya con otro tono de voz. 

Desde hace dos años Eve Block tiene una pollería en barrio Juniors, cerca de la cancha del “Albo”. Y, a propósito, no hay un año que no la tientan para ir a jugar al equipo del barrio.

- Pero yo soy de Talleres – y ahí sí, lo dice bien firme.

Volvamos al penal de nuestra historia.

- Yo no tenía pensado entrar, ni muchos menos patear un penal. Quedaban dos pateadoras delanteras que son hacedoras de goles y no quisieron patear. Entonces pase yo, porque mis compañeras estaban totalmente negadas, una de ella Pilar, que me dijo después el penal lo pateaste por todas, por las que no querían patear. Y agarré la pelota, lo tenía que enfrentar.

Segundos que se hicieron eternos. Tic tac. Tic tac. Ese retorno hasta la mitad de la cancha fue muy difícil. Pero tenía a dos compañeras apoyándola. 
Y luego todo el equipo.
Y, posteriormente, toda la gente de Talleres.

- Otra de las cosas que te juro que me dio vuelta la cabeza y me hizo cambiar de perspectiva fue la gente, la hinchada. Estaban mis dos sobrinos, mi pareja, mi perra, y la gente me aplaudía... Una cosa que nunca había vivido. Juego partidos hace mucho, sobre todo la cantidad de gente que fue a verlo, el reconocimiento, el hecho de no juzgarme nunca, fue tan lindo lo que se vivió en Medea. Después, eso sí, me fui a mi casa y me quería morir. Pero el reconocimiento de la gente fue muy sanador.

eb belgrano hinchas femenino 2
Romina Gomez fue la encargada de patear el penal número 16 de la definición. 
En las tribunas el murmullo era con signo de interrogación. “¿Por qué todavía no patío la Pepa?”. La Pepa es la 10 de las Piratas y una leyenda del fútbol cordobés, con dos decenas de vueltas olímpicas.
Pero, ¿qué pasaba? La “Pepa” no quería patear.

Es que los últimos penales ejecutados los había fallado. Se había dicho en una noche de insomnio que no pateaba más penales. Y lo estaba cumpliendo, además sus compañeras convertían.
Quedaba lo que podía ser el último penal. Sus compañeras le dijeron: “¡Andá, Pepa, vos!”. Le insistieron y la convencieron.

La “Pepa” fue con cientos de dudas. La caminata fue larga. Un sinfín de sensaciones. Cada paso parecía eterno... Caminaba e iba rumbo a enfrentarse a Valeria Alzapiedi. 

Llegó al punto del penal. Acomodó la pelota. En la mitad de las canchas sus compañeras se mordían las uñas. Miró al arco. Observó a la arquera de vestimenta anaranjada. Las pibas de Talleres rogaban que fallara. Dio cinco pasos hacia atrás. Dalma Pérez, la arbitra, da la orden.
Y la “Pepa” emprendió una carrera corta, ejecutó a la derecha y la pelota entró. ¡Gol! Campeonas...
Y salió a celebrar.

“No quería patear, había errado muchos. Por fin me pude sacar la mufa”, declaró luego la panadera durante los festejos.
Se redimió.
Tuvo su revancha.

A la noche, ya con su almohada como testigo, Evelyn Block se juró: “Quiero volver a patear un penal, quiero tener una chance más”.

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