Aulas en campaña: candidatos y visiones poco claras para la educación

Sociedad 18/10/2019 Por
Más allá de algunas polémicas desatadas durante el debate, a 9 días de las elecciones, poco se conoce en relación a las propuestas concretas en materia educativa.
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UNIVERSIDADES

Antes y después del primer debate presidencial obligatorio del pasado 13 de octubre poco se dijo sobre los destinos que se barajan para los próximos 4 años en lo referente a la educación. Esto a pesar de que el encuentro entre los postulantes al Sillón de Rivadavia se realizó en la Universidad Nacional del Litoral, una de las más prestigiosas instituciones del país.

“Hay que emprender una revolución”

El presidente Mauricio Macri, quien va en busca de su reelección de la mano de Juntos por el Cambio, presentó ante la ONG “Argentinos por la Educación” un marco de propuesta que contiene 12 hojas de promesas. De lo expuesto en este documento, se dijo poco y nada durante el debate. No obstante, el mandatario decidió centrarse en el objetivo de consolidar “una revolución tecnológica y científica” en la educación que, a su decir, se viene implementando desde hace cuatro años. “Mejoramos en todas las provincias y reducimos las brechas entre los peores alumnos y los mejores alumnos. Hay que darles herramientas a los chicos para acceder a los trabajos del futuro”, sostuvo.

El mandatario pretende llevar adelante una estadística nominal que permita hacer un seguimiento de los estudiantes. Además, apunta a la creación de ofertas educativas y el mejoramiento de los indicadores de terminalidad.

En lo referente a lo universitario, Macri planea impulsar un sistema de créditos basado en la tasa de graduación. A su vez, durante su exposición en el debate dejó en claro que observa una realidad positiva en los presupuestos de las universidades y que a lo largo de su gobierno lograron “aumentos por encima de la inflación”.

“Soy hijo de la Universidad pública”

A pesar de que Alberto Fernández (Frente de Todos) no haya presentado un proyecto concreto en la materia, se encargó de instalar la idea del respeto y la revalorización de la educación pública en el país. A través de diferentes declaraciones realizadas en medios de comunicación y, también, durante el encuentro con sus contrincantes, reivindicó su formación y se autodenominó como “hijo de la Universidad pública”. No dudó en resaltar, en reiteradas oportunidades, los valores de la Reforma Universitaria del ‘18 y la importancia de la Universidad Nacional de Córdoba en la historia del país.

Si algo nos hizo distintos es la educación pública. Fuimos distintos en el mundo porque nuestros chicos pudieron aprender y porque el día que las universidades fueron gratuitas se llenaron de hijos de trabajadores. Creo que en la educación está el futuro (...) Para desarrollar el conocimiento tenemos que darle oportunidades a todos”, aseveró el pasado domingo.

En esa misma línea, Fernández se comprometió a alentar la ciencia. Además, aseguró que de ser electo presidente el área volverá a tener un ministerio bajo el precepto de que “las sociedades que crecen son las que invierten en la inteligencia porque crean riqueza”.

“La vuelta al sistema centralizado”

Creo en un proceso de centralización acordada con las provincias para terminar con este mosaico de 24 sistemas distintos de contenidos educativos, de tipos de pruebas, de designación de los docentes (...) Un proceso educativo idéntico para todo el país”, propuso Roberto Lavagna (Consenso Federal) desde la UNL.
En sintonía, su plataforma electoral señala que el país está sumergido “en una coyuntura compleja y frustrante, que se agrava por la dificultad para construir consensos mínimos. Esa dificultad se observa también en el ámbito educativo donde naufragan muchas reformas porque desconocen la realidad de las escuelas”. Define al sistema como atomizado, desjerarquizado, desnacionalizado.

Así plantea seis ejes para superar este contexto: mejorar los ingresos docentes y garantizar un financiamiento educativo equitativo; evaluar de modo permanente todo el sistema educativo; jerarquizar la formación docente; aumentar la inversión en tecnología e infraestructura escolar; fortalecer el vínculo entre educación y trabajo; y garantizar la jornada escolar extendida y la seguridad alimentaria.

La educación como servicio, la Universidad como gasto

El candidato José Luis Espert (Unite por la Libertad y la Dignidad) desató la polémica cuando, sin tapujos, dijo que es necesario arancelar la Universidad pública porque “representa un gasto para la sociedad”. A pesar de que planteó la necesidad de otorgarle a la educación el estatus de “servicio público, básico y esencial”, para evitar la pérdida de 40 o 50 días de clases al año a causa de las protestas gremiales, el economista afirmó que se gasta “muchísimo” en materia de políticas universitarias y que ese gasto es financiado por “chicos pobres que compran un sachet de leche con IVA para que un estudiante de clase media” ocupe un banco.

Un dato que el candidato omitió aportar es que pretende crear un Instituto de Becas que establezca una escala de carreras prioritarias (mayor cantidad en educación y medicinas; nivel intermedio para ciencias duras, y nivel bajo para las ciencias sociales).

De acuerdo a estos objetivos, las universidades tendrán que arancelar la enseñanza y reestructurar su oferta académica para adecuarse a la demanda del alumnado, tal como lo hace cualquier Universidad privada. “Cuando el proceso de reestructuración requiera el despido de personal, la reinserción laboral del mismo se hará con el mismo mecanismo previsto para la reinserción laboral del sobre empleo estatal”, sentenció.

“Eliminar de las aulas la ideología de género”

Juan José Gómez Centurión (Frente Nos) aseveró que la escuela pública ha sido rehén sistemáticamente de las mafias sindicales. En ese sentido, señaló que su propuesta se basa en un calendario obligatorio de 190 días de clases.

Asimismo, su programa pretende eliminar de las aulas lo que él denomina “la ideología de género” mediante la promoción de una educación sexual que integre “aspectos afectivos, éticos y morales libre de ideologías”, que deberá ser aprobado previamente por los padres.

Su visión para la educación se cimenta en tres ejes: alianza estratégica escuela-familia, jerarquización docente e “introducción a los alumnos en la doble riqueza de la cultura del hoy”, lo cual implica las humanidades y las habilidades CTEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática).

“Por un sistema único, científico, laico y gratuito”

Desde el FIT Unidad, encabezado por Nicolás del Caño, se pretende defender “la educación pública gratuita, científica, para el pueblo trabajador” y aplicar una suba presupuestaria de 10% del PBI, “en base al no pago de la deuda externa e impuestos a las grandes fortunas”.

“Derogación de la Ley de Educación Nacional, de la Ley de Educación Superior y todas las leyes antieducativas que provocaron el deterioro y la crisis de la educación pública”, propone. “Hay que revertir todo lo que hizo Menem en los ‘90 y dar una respuesta integral. La educación debe ser nacional y el Estado se tiene que hacer cargo de garantizar los salarios de los trabajadores, hacerse cargo de la infraestructura y de proveer los recursos tecnológicos”, aseguró Del Caño.

 

 

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