Laura Escudero: “El desafío es buscar resquicios por donde producir inquietud creativa”

El pasado fin de semana tuvo lugar en la ciudad santafecina de San Jorge el “I Congreso Nacional e Internacional de Literatura Infantil y Juvenil”, donde se debatió sobre la realidad de este sector.
Cultura21/06/2017 Redacción La Nueva Mañana

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Laura Escudero
Laura Escudero

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El pasado fin de semana tuvo lugar en la ciudad santafecina de San Jorge el "I Congreso Nacional e Internacional de Literatura Infantil y Juvenil (LIJ)", donde confluyeron docentes, estudiantes, autores y dibujantes para debatir sobre la realidad de este sector que tanto ha crecido en los últimos años.
“La LIJ: restricciones y aperturas en el siglo XXI” fue la premisa que convocó a los interesados, quienes llegaron desde diferentes puntos del país y dijeron presente a este evento organizado por la Maestría en Literatura para niños (Facultad de Humanidades y Artes UNR), la Escuela Normal Superior N° 41 y la revista Aquelarre, de literatura infanto juvenil.

Córdoba es, desde hace tiempo, territorio fértil de profesionales ligados a esta literatura. Y desde aquí partieron para ser parte del Congreso autores como Teresa Andruetto, Ignacio Scerbo, Graciela Bialet, Laura Escudero y actores como Alejandro de la O y Natalia Moya, quienes representaron a la provincia, ofreciendo sus aportes a los diferentes cuestionamientos. Desde Babilonia hablamos con la escritora y poeta Laura Escudero, quien nos brindó su parecer sobre lo importante de realizar eventos como este, donde ese campo donde se trabaja se abre a las diferentes voces, buscando sentido y horizonte a la creación artística.
La también docente y psicóloga con un gran conocimiento de causa y un espíritu abierto al devenir de la literatura infanto juvenil, Escudero habló sobre lo la necesidad de redefinir los tiempos de la infancia, entender sus necesidades si perder de vista sus miradas y también estar alerta a los cambios que sin dudas han modificado los contratos de lectura y el acceso de los niños a la literatura.

- Teniendo en cuenta este primer Congreso donde participaron docentes, escritores, artistas, ¿Cuánto hay para debatir sobre la literatura infanto juvenil en argentina si tenemos en cuenta lo mucho que han crecido las opciones?
- Me parece que dentro de un campo cultural como el que nos convoca, la reflexión y el debate son muy deseables. Es una criatura viva, en movimiento, una comunidad en diálogo continuo con otras y consigo misma. La identidad se fortalece en un vaivén de lectura crítica hacia adentro y hacia afuera, preguntarse sobre la materia de la escritura, la ilustración o la narración y también sobre los efectos de la industria, los modos de circulación del libro, viene como ejercicio para entenderse que no termina nunca pero entusiasma siempre. El desafío es salir del empantanamiento de lugares comunes, buscar los resquicios por donde producir inquietud creativa que provoque nuevas preguntas, crecer no es sólo expandirse, es profundizar la mirada, estallar sentidos inesperados, asombro, fuerza vital de encuentro entre los creadores y quienes cultivan el arte de acercar libros de literatura a los chicos. En este contexto de despojo cultural, la apuesta por fortalecer la lectura crítica del mundo aparece como lugar resistente a la complacencia. El arte destinado a los chicos no es menor, es particular, y tiene sus propios modos de buscar la belleza que no es ajeno al marco cultural que lo contiene.

- Desde el Congreso también hablan de “aperturas y restricciones” en la literatura infanto-juvenil, ¿qué crees -como escritora- que se debe trabajar en estos aspectos?
- Las aperturas y restricciones son parte del movimiento. Algunas restricciones, creo, están ligadas a creencias y cristalizaciones, por ejemplo, en relación a las definiciones de infancias. Si suponemos que hay una sola infancia o una juventud y que debe producirse una literatura para ese destinatario presupuesto, aplanado, sobreentendido, podemos confinarnos a la composición de obras sin espesor, que se mimetizan con la norma. Y la literatura es lo extraordinario. Concibo las aperturas como el margen de libertad para explorar formas, buscar los bordes en los que la palabra brille, aparezca nueva, recién venida a los sentidos que evoca, emerja de la página con ánimo de captura y fugue al misterio, es un trabajo de revolución silenciosa en el fuero íntimo de cada creador, y cada creador, compone desde la honestidad de estas tensiones dentro de sí mismo. Es un deseo y una dirección de búsqueda.

- El mercado editorial se ha abierto de manera exponencial en materia infanto-juvenil para ilustradores, narradores, historietistas, ¿creés que la poesía ha quedado algo relegada?, ¿por qué?
- La poesía es la pequeña voz del mundo dice Diana Bellessi, no es apurada ni demandante, pide modos sutiles, por esa razón quizá ocupa un lugar de intimidad. Apuesto a la disponibilidad de los mediadores para hacerla circular, abrir caminos de entrada a esa zona delicada en que las palabras son cadencia, puro juego de sentidos, partituras que cada lector interpreta. La poesía resiste los predicados de utilidad. A veces la escuela, que es el lugar en el que todos los chicos tienen la oportunidad de encontrarse con la literatura, no sabe qué hacer con ella. Y estos espacios de trabajo compartido con los mediadores permiten llegar de un modo pleno, con el cuerpo entero, el cuerpo es la caja de resonancia de esa música, a los oídos de quien tal vez no ha tenido la oportunidad de ligar sus experiencias poéticas privadas (las voces que apaciguan en la primera infancia, los instantes atesorados, la invención sonora) a eso que cuando viene en página impresa puede desconcertar. Ligar esas experiencias es motivo de alegría y apuesta a que la poesía pulse viva como posibilidad para todos.

- La niñez y adolescencia transitan por escenarios y plataformas digitales que recién ahora comienzan a vincularse con la literatura, ¿cómo vislumbras este vínculo entre uno y otro a mediano plazo? ¿Las nuevas tecnologías pueden restarle espacio a la literatura en papel?
- Hay que soportar la pregunta. No sabemos qué va a pasar. Podemos imaginar/desear que nada reste. Que los nuevos formatos sumen (sobre todo lectores). Tenemos la tendencia a ponernos apocalípticos con las revoluciones tecnológicas. Pero es un lindo ejercicio jugar con las predicciones: yo auguro nuevas poéticas en las que los soportes nos sorprendan por sus naturalezas inesperadas y para eso sería muy interesante que los profes acompañen con sensibilidad a los chicos en sus exploraciones y estimulen incluso lo que escapa a su entendimiento porque entre ellos está el arte que nos espera.

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