Las madres de los futbolistas

Un relato que rememora la figura materna en los jugadores de fútbol, tanto profesionales como amateurs; y las múltiples cosas que hacen para que sus hijos puedan practicar el deporte.
madres de futbolistas
Dos jugadores de Ajax tuvieron un se hicieron acompañar de sus madres previo al duelo de la Liga holandesa en el 2015. - Foto: AJax.

Estábamos sentados en una silleta, tomando unos ricos mates, al costado de la cancha, donde la cal que marca la línea de la cancha te salpicaba las zapatillas cada vez que un jugador pasaba por la zona. Los dos, mi mamá y yo, mirábamos un partido de un torneo de fútbol amateur, y hablábamos de fútbol. ¡Un contexto ideal para charlar de todo! Ella me narraba todo lo que siente una madre cuando tiene a un hijo futbolista...

El partido pasó a un segundo plano, me quedé atento a lo que me contaba, sobre cómo eran esas noches largas por los viajes de su hijos futbolistas en colectivo o en avión. Noches que no se acababan más.

Me explicaba sobre las sensaciones de cuando tu hijo vive afuera del país, o en otras provincias y recibís malas noticias de ese lugar, que es muy difícil explicar lo que se siente y no saber a quién expresarles tus emociones, “solo el silencio”. La lectura de la Biblia, la oración, aplacan un poco el sentimiento de tristeza o desolación.
Mi madre me decía lo que sentía cuando su hijo salía a la cancha. Nervios. Alegría. Gozo. Ansiedad. Múltiples percepciones. Y ese deseo de que le vaya muy bien. Orgullo, claro... Un mundo de sensaciones, y, mientras tanto, tu hijo corriendo detrás de una pelota con el fin de colaborar con los demás para ganar un partido.
“¿Cómo explicar lo que se siente cuando le hacen una falta o sale lesionado?”, me exponía. Y todas esas preguntas: “¿Y qué decir cuando termina el partido y a tu hijo no le salieron las cosas adentro de la cancha?” “¿Cómo revertir esa cara, sacarle una sonrisa o hacer que se sienta bien?”. Me decía que a veces en su cabeza corría pensamientos como “¿Qué comida le puedo hacer para que se sienta mejor?”. “¿Y qué pasa cuando tu hijo se lesiona?”. ¡Ay, mamá! Puff, esas preguntas que de chico nunca me planteé, yo jugaba al fútbol, mientras ella se preocupaba en “¿Cómo hacer para que se alegre mi hijo, para que el tiempo pase rápido, para que no duela tanto?”.

Mientras hablábamos, pensaba en todas esas madres que un día, acompañan a su hijo a la terminal de colectivos, o al aeropuerto, y le dan un beso, cuando ellos, sus hijos se están yendo a un nuevo club, aún cuando el dolor sea muy grande, ellas anhelan que les vaya muy bien, que queden en los clubes, que firmen contratos, que sean felices haciendo lo que más les gusta. Sin duda este deseo, va totalmente en contra de ellas, y de su corazón, “por dentro”, bien en lo profundo, “ellas” quisieran que no se vayan, o que el club este en su ciudad, y así poder disfrutarlo un poco más... asi es la vida, a veces un poco dura, pero si se toma bien, lo único que hace que ese chico se vaya es que el “sueño” es mucho mas grande que todo lo demás.
Entre risas nos acordábamos de las meriendas post entrenamientos. Todo lo que hay en la heladera al servicio del futbolista, ¡¿Cuánta inversión por favor?! Días y días alimentando al deportista que come mucho más de lo normal. Cuántas veces tratando de usar el último dinero, incluso dejando algunas boletas impagas, tan solo para que el chico pueda comer mejor.

Pensamientos... Vivencias de madre que solo ellas pueden expresar.

Ni que hablar cuando los hijos son pequeños. Los viajes. Llevarles el mate cocido caliente, una facturita, los mates, la silleta al costado de la cancha. Todo es parte de un folklore que expresa el amor de madre.
¡Madres! Un monumento a la perseverancia, el aguante, la confianza, la dedicación, el cariño...
Después de esa charla con mi mamá a la orilla de una cancha, y el partido ya había finalizado, me quedé pensando, y recordando. Y empezaron a caer imágenes, rememorar mi infancia, con esas imágenes también se me cayeron algunas lágrimas, no se bien que era, gratitud, nostalgia, ganas de darle un beso, en fin.

Veía una cancha de tierra, un gran descampado. Al costado de la cancha dos autos, entre medio, un grupo de chicos cambiándose, y ellas calentándolos de cualquier manera. Tal vez en esta parte los nombre para el que no las conoce no son tan importantes, pero donde quieras que hayas estado, vas a poder recordar el nombre de las madres que estuvieron presentes en tu infancia. Puedo retroceder el tiempo y ver a una Anita, mamá de Lucas, a la Mirta, mamá de “La Topita”, ahí está parada “La Alicia” alimentando y alentando a todos sus hijos; puedo ver a mi mamá Graciela, llevándome en una bici, o tal vez en un colectivo, no se... ella se las ingenia para que yo esté a esa hora en ese lugar, y pueda jugar al fútbol.

Veo algunas madres más, que no recuerdo su nombre (al fin al cabo no importa por que su cara la tengo guardada en mi corazón) pero a alguien que le decían santiagueña, a la mamá de Fernandito Argüello, a la señora del “nene Funes”, a la señora de Pilo... y recuerdo que armaron un buffet... Sí, sí, un tablón, dos caballetes, y ahí vendían panchos y gaseosas para recaudar “fondos”. Y a los chicos que no tenían dinero les salía gratis... Ahh, y si podían le compraban un par de botines a algunos de los chicos que no tenían. ¡¡¡Que lindas madres!!! ¡¡¡Que modelos!!!

Hoy cuando veo a mi esposa Lorena acompañar a sus hijos en sus tareas, en sus viajes, en desarrollar sus dones, veo que valió la pena haber aprendido; que todavía vale la pena ser madre y hacerlo bien; que vale la pena invertir en nuestro mayor recurso, que son nuestros hijos. Hoy veo a través de sus ojos y todo lo que se pueda invertir, es nada, comparado a verlos a ellos disfrutar y ser felices.

La vida es mucho más que vivir una experiencia, son los sentimientos, los abrazos, las risas, los mates, las mañanas frías, la escarcha sobre las esquinas, mientras tus padres te llevaban a entrenar o jugar, cuantas cosas por favor...

Este texto que se produjo después de ese diálogo con mamá a la orilla de una cancha y con una pelota picando a unos metros, es para homenajear a todas las madres que nos acompañaron en nuestra carrera deportiva, y a las miles de madres que anhelan que sus hijos solo sean felices junto a una pelota. ¡Gracias!

(*) Extraído del Facebook del ex futbolista Damián Felicia.



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