La historia de Leandro y la reunión que unió tres décadas con su ídolo

Leandro Fowler es fanático de Claudio Paul Caniggia y colecciona camisetas de él. Cuando el “Hijo del viento” estuvo en Córdoba pudo conocerlo en un encuentro especial.
Caniggia

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Por: Marcos J. Villalobo y Juan del Campillo

¿Cuántas veces habrá soñado con cruzárselo en su vida? Parecía utópico, pero él, en algún rincón de su corazón, mantenía la esperanza. Mientras tanto, su admiración por aquel legendario futbolista crecía.

Esa mínima esperanza le bastó para mover cielo y tierra, incluso animarse a mandar mensajes a personas que parecían imposible, cuando se enteró que él estaba en Córdoba. Pasaba los días y se complicaba. Pero no bajó los brazos, y horas antes de que se fuera de la ciudad, Leandro Fowler pudo conocer a Claudio Paul Caniggia.

Pero contada así la historia, parece una tontería. Ya les advertí del final. Los dos personajes de esta historia se conocen, pero la previa y el durante son los que hacen que esta narración tenga sentido.

Sí, sí, todo comenzó en 1990, durante la Copa del Mundo de Italia, donde la Selección argentina obtuvo el subcampeonato, y Diego Maradona, Sergio Goycoechea y el “Cani” se llevaron todos los flashes. No era para menos, los tres a su modo tuvieron un papel relevante en aquel Mundial. Y “Lean” quedó admirado por el “Hijo del viento”. Gritó los goles a Brasil y a Italia con una pasión increíble. Ese melenudo se iba transformando en su héroe deportivo.

Parte de la historia de Fowler la contamos en La Nueva Mañana en octubre de 2017, en la sección HISTORIAS DE CAMISETAS. Pero sólo una parte, ya viene el desenlace.

“su excentricidad, eso siempre me llamó la atención. Por la nostalgia, ya que me lleva a la adolescencia, mis años más felices”.

En aquel entonces, Leandro explicaba que su admiración por Caniggia se debía a “su excentricidad, eso siempre me llamó la atención. Por la nostalgia, ya que me lleva a la adolescencia, mis años más felices. Y por último, la velocidad, fue siempre lo que más me impactó de Caniggia”. La nota en aquel entonces estaba referida a que nuestro protagonista es un coleccionista furioso de camisetas usadas por “Cani”, y atesora en su ropero más de una decena de prendas que el ex futbolista transpiró a lo largo de su carrera en distintos clubes del mundo.

Esa admiración en los ’90, cuando él tan sólo tenía 6 años, tuvo un click mayúsculo en el 2008. ¿Por qué? Un portal web ofrecía una camiseta de River usada por el “Pájaro” en uno de sus primeros partidos en Primera. Y Leandro la quería sí o sí. Justo tenía previsto un viaje a México. La casaca tenía el mismo valor del viaje. Hubo dudas. Llegó a pensar en no subirse al avión. Al final viajó, pero a la vuelta estuvo tres años rastreando al vendedor de aquel artículo, hasta que lo encontró. Y sí, pudo comprar esa camiseta. Su trofeo.

Después le siguieron la del Verona, Atalanta, Boca y demás. Se contactó con ex compañeros de “Cani”, rivales a los que había visto por televisión intercambiarle la camiseta después de un partido, parientes del jugador... un trabajo de hormiga que tuvo sus frutos. Armar su preciada colección, que es envidia para cualquier fanático.

El encuentro

Leandro estaba nervioso. La cita era a las 10.40 del sábado. Leandro llegó a las 10.45. El “Pájaro” lo estaba esperando, ya que había llegado a horario. Estaba junto a una persona. Desde el momento en el que Leandro se enteró que se iba a juntar con Caniggia se le cruzaron cientos de cosas. Fue un sinfín de emociones. El miedo a conocer al ídolo, para no perder el misticismo, como explicaba Enrique Bunbury. La noche anterior no durmió bien producto de los nervios. ¿Qué remera le llevo para que me firme? ¿Cuánto tiempo tendré?, se preguntaba en el viaje mientras miraba a cada rato la hora. La cita era en la calle Hipólito Yrigoyen casi esquina Montevideo. Allí estaba Claudio Paul, lo estaba esperando sentado en un sofá. Sentado de manera especial, como él, como un rockstar. Los ojos a Lean se le agrandaron. Un abrazo. Timidez. Nervios. “Sos igual a Robert Smith”, le dijo el ídolo. Y rompió el hielo.

- ¿Sabés quién es Robert Smith?
- Sí, sí, el cantante de The Cure.
- Te gusta la música. Axel me dijo que te gusta la música.
- Sí, sí...
- ¿Escuchaste los Stones? Tenés que escuchar a Los Stones hasta el ’78...

La cita se había producido gracias a la amabilidad de Axel, el hijo no mediático del “Cani”, que vive en Málaga. Leandro lo había contactado tiempo atrás por el tema de su colección de camisetas, y cuando se enteró que estaba en Córdoba le envió un mensaje, y el pintor de la familia Caniggia activó todo. “Yo creo que Axel quería que nos juntáramos. Es un chico muy bueno, de una gran amabilidad, perfil bajo”, le relató, luego, Fowler a este medio.

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HISTORIAS DE CAMISETAS.  En octubre de 2017, en el suplemento deportivo AREA, de La Nueva Mañana, contamos la historia de Leandro.

Leandro llegó a la reunión junto a su hermano y su novia Eugenia. Él sentía que tenía que ir acompañado. Quizás solo no iba a poder hacer todo lo que quería. Sacarse fotos, hablar con él, que le firme las camisetas que llevaba... Todo eso se produjo. Y más. Los guarda como un tesoro. Ese tiempo que no se paga con nada, el tiempo que une aquella infancia de la década del ’90 en Río Cuarto y este presente del 2019 en Córdoba.

Hablaron de música; y claro de fútbol. Se refirieron al partido de la Supercopa del año 1988 ante Racing Club. ¿Por qué? Leandro tiene la camiseta de River que usó el “Hijo del viento” ese día. “Me acuerdo de ese partido, me hicieron un penal. Alzamendi se erró, creo, dos goles en la línea”, rememoró Caniggia, mientras se lamentaba que ese día habían perdido, aunque él la rompió.

Hablaron de las otras camisetas que tenía. Le contó Fowler que la camiseta que tenía de la Selección la consiguió a través de un futbolista peruano. Esa casaca es especial, debido a que fue el último juego oficial del otrora delantero con la Albiceleste.

Incluso, la charla fue tan amena que hasta se preguntaron por la salud de cada uno. El “Cani” está con un dolor y tiene que ir al médico por unos estudios. “Todo va a salir bien”, lo alentó el admirador a su admirado. Se dieron otro abrazo. En realidad, a lo largo de la reunión hubo tres abrazos. Todos eternos para Leandro.
“Caniggia es una persona muy cálida, muy cariñosa. Está preparada para tratar a la gente que se le acerca. No conocí a otro jugador de fútbol como él, con esa clase. Me sorprendió hasta su forma de vestir. Fue todo increíble. Le di un abrazo tan fuerte, como si abrazara a una persona muy familiar, no sé cómo explicarlo, con mucho cariño; y él fue recíproco”, narró el coleccionista.

Leandro Fowler a pesar de que lo soñó, jamás pensó que alguna vez se iba a encontrar con Claudio Paul Caniggia. Era un sueño. Era impensado. Fueron 25 minutos. La charla pareció eterna y no es una exageración. Le firmó las camisetas y también la nota en la que Fowler salió en LA NUEVA MAÑANA. El “Cani” tenía ganas de seguir hablando, pero se tenía que ir al médico. Fowler, aún no lo puede creer, logró estar con aquel héroe que estaba en el álbum de figuritas del Mundial, el “culpable” de haber hecho una caravana en el escarabajo amarillo de su papá por las calles de su Río Cuarto tras el triunfo a los italianos, por el que se había enojado con Pasarella por no llevarlo a Francia ’98... por el que busca camisetas de él por todo el mundo.

Y a propósito, tras el encuentro, Fowler sigue en la búsqueda de una camiseta que sería una coronación para su historia. Está cerca. Ya inició las gestiones. Es una casaca icónica en la carrera de Caniggia, una de Italia ’90.

Allá va... ¿Tendremos un tercer capítulo con el encuentro con esa casaca legendaria?

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