Andrea quería ser Marta... y juega como Marta

Un breve cuento futbolero, que repasa el legado que la estrella brasilera del fútbol mundial ha dejado durante su carrera en su lucha por la igualdad en el deporte. La realidad y la ficción en un juego de paridad.
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La estrella del fútbol mundial, Marta, y un legado que será eterno.

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Andrea soñaba con ser Marta. A veces en su escuela se le reían. Y ella se incomodaba. Le daba impotencia. Andrea quería ser como Marta. Por eso cuando su novio regresó de sus vacaciones familiares en Camboriú le trajo la camiseta brasilera con el número 10 de Marta. Andrea admiraba a Marta y por eso se pasaba horas nocturnas viendo videos de las genialidades de la mejor futbolista de la historia.

Los sábados iba a jugar con los pibes en el barrio, ahí nadie se reía de ella, al contrario, la respetaban. Es que Andrea no sólo quería jugar como Marta, jugaba como Marta.

En la canchita del barrio la cuidaban, y todos la querían en sus equipos. Era de una de las primeras que elegían en el pan y queso. A ninguno le importaba el género, Andrea la rompía con esa zurda exquisita. Además era guapa, encaraba a los aguerridos defensores. Todos temían a los Mellizos Guzmán, que le pegaban hasta a la madre con tal de evitar un gol. Pero con Andrea no podían. Ella era escurridiza y buscaba siempre la pared para posicionarse. Los Mellizos Guzmán no podían con Andrea.

Andrea admiraba también a Marta porque sentía que tenía una vida similar. En su casa la peleaban y le decían que “el fútbol no es para mujeres”. Marta alguna vez narró en una entrevista que “querían que jugara a las muñecas o que hiciera algo para volver al mundo femenino”. Lo mismo le pasaba a Andrea.

Pero a Andrea la banca su novio Román.

Ellos se conocieron en la canchita del barrio, una tarde mientras esperaban que llegaran todos los chicos a jugar. Rápidamente se entendieron. Él era nuevo en la ciudad, su papá había conseguido trabajo en una fábrica. Román se enamoró de ella y de los golazos que hacía.

Román también sueña con ser jugador de fútbol profesional, aunque él admira a Pablito Aimar, que es riocuartense como él. Román la consuela cuando ella se angustia por las peleas familiares. Sus padres, al igual que Marta, se separaron cuando ella era una niña.

Marta es su superhéroe. La admiraba y admira como futbolista, y también por lo que predica.Marta Vieyra03
El martes, Andrea leyó que Marta narraba que si fuera una superhéroe, sus poderes serían: “Esparcir la igualdad de género por todo el mundo. Se trata del respeto, empoderamiento, implica todo lo necesario para entender que, como seres humanos, somos capaces de hacerlo todo”.

Se la cayó una lágrima. Esa noche soñó que la conocía y jugaban un picado en su barrio. Tiraban paredes, y sonreían. Se despertó por culpa de los gritos que venían del comedor. Era su mamá y su hermano mayor que discutían por cuestiones económicas. “¡Macri nos odia!”, escuchó gritar a su mamá.
Esa mañana antes de salir de su casa, abajo del uniforme escolar, se puso la casaca que le había obsequiado Román.

Al entrar al aula, los chicos estaban hablando del anuncio del “Cholo” Guiñazú. Ella se puso entre ellos y dio su punto de vista. Mateo la frenó. “¡Vaia pa’llá, el fútbol no es para mujeres!”, le espetó.

Andrea agachó la cabeza. Fue sólo un segundo. Porque tomó fuerzas, lo miró a los ojos y lo retó a un mano a mano, en el recreo, con una pelota que tenía en la mochila. Mateo, agrandado, aceptó.

Ese recreo será recordado eternamente. El paseo que le pegó Andrea a Mateo fue fabuloso. Le tiró uno, dos, cuatro caños, se la movía de un lado para el otro. Mateo no se la podía sacar. Y cuando lo pudo, rápidamente la perdió. Andrea le regaló una clínica de manejo de la pelota. Todos se quedaron asombrados. Cuando tocó el timbre, hubo aplausos...

Ayer, cuando terminó el horario de cursado, Mateo estaba esperando a Andrea.
La miraba desafiante.
Andrea no se inmutó.

- Andrea, estamos armando el equipo del curso... ¿Querés jugar?

Adrea quería ser como Marta, y juega como Marta.

 

 

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