Tres cordobeses, embajadores musicales en China

Cultura 27/12/2018 Por
El Trío MJC cierra un año intenso. Editó “Frutal”, su primer disco de composiciones propias, y giró por China, en una experiencia única de intercambio cultural.
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1 / 2 - - En esta gira por China, además de conciertos, el grupo estuvo dando algunos workshops y masterclasses en algunos de los conservatorios más importantes del país asiático. Foto: Prensa MJC

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Pablo Jaurena se toma su tiempo para responder, explicar y tratar de poner en palabras lo que siente. No ha sido un año más para el bandoneonista nacido en Río Tercero, hoy una de las mayores referencias en el instrumento a nivel nacional e internacional. (Y más si se habla de tango.) En realidad, habría que decir que fue un año más de crecimiento y fronteras abiertas. Una temporada especial a nivel creativo y profesional en el marco del Trío MJC, proyecto que sostiene, junto al vientista Mauro Ciavattini y al pianista Jorge Martínez, desde 2006.

“Yendo de atrás para adelante, no entendemos cómo pudimos hacer tantas cosas en tan poco tiempo”, confiesa Jaurena. “Nos vemos de manera muy similar a cuando comenzamos. Éramos muy jóvenes y estábamos con toda la energía para ir para adelante y descubrir cosas. Arrancamos el año sabiendo que teníamos la invitación para ir a China durante tres semanas. Organizamos toda la actividad en función de eso, pero en el medio tuvimos que terminar la producción de nuestro último disco, que teníamos grabado en parte”, comenta, sobre el complejo calendario que manejó el grupo en este 2018.

En primera persona

“Todos los discos son, en un punto, una superación del anterior. Uno trata de no repetir errores y de pulir algunos puntos del proceso en base a aprendizajes pasados. En este caso el trabajo fue muy concentrado, grabamos en dos tandas de sesiones en el estudio ION, en Buenos Aires”, repasa Jaurena. “Nos trajimos todo y lo editamos por nuestra cuenta. Me puse el desafío de aprender a usar Pro Tools. Hoy en día es cada vez más normal. Grabás todo en un pedazo de estudio y después lo trabajás en tu casa. Te da otra tranquilidad para escuchar el material, sin el apremio del tiempo”, analiza el músico.

El disco al que hace referencia se llama Frutal y fue publicado y presentado en la segunda mitad del año. Allí puede escucharse la célula identitaria del proyecto: música de raíz argentina con foco en los arreglos y una instrumentación poco habitual, con el contrapunto permanente del bandoneón, el piano y los diferentes vientos que aparecen en el paisaje. La gama de géneros folklóricos es amplia, pero el tratamiento persigue una línea común: darle entidad propia a un grupo de ritmos que forman parte del reservorio artístico del país.

-Después de dos discos de versiones llegaron al primer material de autoría propia. ¿Cómo se dio esa decisión?
-El disco se llama “Frutal” porque maduró el tiempo que tenía que madurar. Eso sentimos, fue algo natural que se fue dando. Se sintió como un paso más. Lo fuimos probando en shows, vimos que la respuesta estaba buena, nos fue gustando eso que se generaba. Por otro lado, cuando empezamos a proyectar este disco nos fuimos dando cuenta de que habíamos acumulado material durante varios años. Es mucha la energía, el tiempo y el dinero que se invierte en grabar y producir. Lo hicimos durante más de una década con obras de otras personas. Si nosotros tenemos nuestras composiciones, ¿por qué no optimizar eso y apostar todo a nuestra música? Es una apuesta, uno sabe adónde se está metiendo. Hay un poco de idealismo también: si yo no salgo a defender esta música, ¿quién lo va a hacer por mí?

“Cuando hacés temas propios es completamente diferente el acercamiento que uno tiene incluso con su propia obra”, agrega Jaurena. “Una cosa es hacer un arreglo de ‘Libertango’, de Piazzolla, o ‘Piedra y camino’, de Yupanqui, y otra cosa es presentar un tema que no conoce nadie. Hay que ser muy claro en ese mensaje, porque uno está sumando un nuevo granito de arena a un cuerpo de música de muchos años. A nosotros nos ha renovado las energías”, resume.

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El último disco de MJC ofrece música de raíz argentina con foco en los arreglos y una instrumentación poco habitual. Foto: Julio Audisio/Prensa MJC



Plantar bandera

Sin embargo, más allá de Frutal, y de que ya hay material grabado para un álbum de tangos propios (algo que terminará de completarse en 2019), el año del Trío MJC vivió un antes y un después a partir de agosto, mes en el que Jaurena, Ciavattini y Martínez giraron por China, donde se presentaron en ocho ciudades y también oficiaron de docentes en clases magistrales para estudiantes de música. No era la primera vez fuera de Argentina para el trío, que ya es local en Colombia y el año pasado estuvo recorriendo Europa.

“Me ha tocado ir de gira un mes a Japón como bandoneonista de otra compañía. Pero otra cosa es ir con tu proyecto, que te elijan a vos por la música e ir a defender la bandera de algo que es independiente, que no depende de ninguna marca o de ningún productor. Eso te hace valorar muchas cosas, te renueva y te pone en perspectiva. Cuando cruzás el charco y te vas a la otra punta del mundo, y ves que la gente se conecta y disfruta con lo que hacés, eso te resignifica todo lo que uno viene trabajando”, expone Jaurena, quien destaca además el valor de exportación de la música argentina y su prestigio en el mundo entero.

-¿Qué reflexiones inspiró el viaje?
-En esta gira, además de conciertos, estuvimos dando algunos workshops y masterclasses, así que estuvimos en algunos de los conservatorios más importantes de China. Muchos alumnos se acercaron a preguntarnos sobre la posibilidad de especializarse en Argentina, poder hace un master en Tango. Y acá está muy virgen ese tema, falta tomar esa conciencia y explotarlo.

No existe a nivel universitario algo así. Y creo que es hora de tomar dimensión de esta música que nos identifica, nos hace quedar bien. ¿Cuándo le vamos a dar el lugar que se merece? Allá estuvimos con un profesor que enseña flauta de bambú. Tenía una cátedra en Shenzhen, la tercera ciudad más grande de China. Hacía 60 años que daba clases ahí. Allá en los conservatorios se enseñan los instrumentos típicos, hay departamentos de música tradicional. Acá todavía hay mucha distancia entre el valor que se la da a la música europea y ese otro escalón en el que se pone a la música argentina. Sin embargo, cuando hay que mostrar lo que nos da singularidad, de lo primero que se acuerdan es del tango. Es tiempo de darle a esta música el espacio que merece.

  

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