Economía Facundo Piai 19/09/2018

Las altas tasas de interés complican la economía de las familias y empresas

Las decisiones tomadas por el Gobierno nacional agravan el grado de endeudamiento de personas y empresas. Como prueba de ello, aumenta el uso de tarjetas de crédito y débito.

La inflación acumulada hasta agosto fue de 24,5% y de 34,1% en los últimos doce meses, según el Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET). - Foto: archivo
La inflación acumulada hasta agosto fue de 24,5% y de 34,1% en los últimos doce meses, según el Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET). - Foto: archivo

El Gobierno nacional aplica políticas monetaristas para intentar revertir el deterioro de las principales variables de la economía. Los efectos de las medidas implementadas no son neutros. Como explicamos en anteriores entregas de este semanario, el conjunto de la estrategia económica apunta a secar la plaza de pesos para de este modo acabar con la inflación (una de las promesas de campaña de Cambiemos). Estas acciones son consecuencia de una visión unicausal del aumento sostenido de los precios (considerados como variable dependiente de la liquidez monetaria).

En esta estrategia se enmarca la elevada tasa de retorno de bonos y letras de deuda que buscan canalizar los pesos de la economía para reducir el circulante. Sin embargo, los resultados no fueron los esperados. Los compromisos de deuda por los jugosos retornos de los instrumentos licitados (Lebacs, Letes, Novac, por mencionar algunos) generaron una “bola de nieve” cercana al billón de pesos, mientras que la inflación continúa ascendiendo.

Los ajustes de las erogaciones del Estado también se enmarcan en esta fallida estrategia antiinflacionaria.
Frente a la corrida cambiaria y la consecuente devaluación del peso, el Banco Central resolvió incrementar la tasa de interés de referencia al 60% nominal anual (que se mantendrá en estos valores en lo que queda del año, según anunciaron recientemente).

Con esto el Central busca generar diversos incentivos financieros con elevados retornos para apaciguar la demanda de dólares. La elevada tasa de referencia también repercute en el costo del dinero encareciendo los préstamos y diferentes modos de financiamiento, lo cual tiene repercusiones en toda la dinámica económica.

De este modo, el costo financiero total de un préstamo personal bancario oscila aproximadamente entre 100% y 130% anual, según el tipo de cliente y dependiendo del banco. Cabe aclarar que la tasa de interés de referencia de 60 por ciento, la más alta a nivel mundial, no incide únicamente en préstamos directos. Por el contrario, también repercute en el financiamiento del consumo mediante tarjetas de crédito y el giro a descubierto en cuenta corriente.

La tasa de interés de referencia de 60 por ciento, la más alta a nivel mundial, no incide únicamente en préstamos directos. Por el contrario, también repercute en el financiamiento del consumo mediante tarjetas de crédito y el giro a descubierto en cuenta corriente


El encarecimiento constante de los alimentos, los servicios y los combustibles, sumado a salarios depreciados frente a la inflación, explica que muchas familias deban financiar sus gastos corrientes

Cordobeses endeudados

Una encuesta realizada por la consultora D’alessio Irol, publicada recientemente en un medio local, estima que casi un setenta por ciento de los cordobeses tiene algún compromiso de deuda. De la totalidad de deudores; un 48 por ciento lo está con la tarjeta de crédito, un 42 por ciento debe un préstamo al banco, mientras que el 11 por ciento adeuda a concesionaria o terminal por la compra financiada de un automóvil.

Desde la consultora alertan sobre el aumento del uso de la tarjeta de crédito para comprar alimentos o para cargar combustible, lo cual da cuenta del desacople entre los ingresos y los gastos que deben afrontar los trabajadores cotidianamente.

En tanto, un nuevo informe del Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET), que analiza la inflación en base a la estructura de gastos del conjunto de los asalariados, revela que la inflación acumulada hasta agosto fue de 24,5% y de 34,1% en los últimos doce meses. Mientras que por el atraso de los salarios el poder adquisitivo cayó 8,3% en un año (11,7% en lo que va de la gestión Cambiemos), ubicándose en el nivel más bajo de los últimos ocho años.

De lo expuesto se deduce que el encarecimiento constante de los alimentos, los servicios y los combustibles, sumado a salarios depreciados frente a la inflación, explica que muchas familias deban financiar sus gastos corrientes. Pagar el mínimo del resumen de la tarjeta podía ser una estrategia viable anteriormente con tasas más bajas, hoy implica un encarecimiento que debe ser evitado en la medida de lo posible, por la aplicación de tasas de hasta el 120 por ciento. Aunque en muchos casos la urgencia y las necesidades imposibilitan ordenar los gastos con mayor racionalidad y previsión.

El uso de tarjetas de crédito para comprar bienes de primera necesidad por el deterioro del ingreso de los asalariados y los aumentos sostenidos de los gastos corrientes (expensas, transporte, combustible, alimentos, servicios, etc.) explica el aumento de la morosidad de las familias.

Crece el uso del “plástico”

El vicepresidente de la Cámara de Supermercados y Autoservicios de Córdoba (Casac), Víctor Palpacelli, confirmó el aumento de las compras mediante plásticos. El titular de la cadena de supermercados Almacor afirmó, en diálogo con este medio, que las tarjetas avanzaron “desde hace dos años como medio de pago” y que desde abril se percibe mayor uso de tarjeta de crédito.

El empresario mostró sorpresa por el aumento de compras con débito y crédito durante la última disparada del dólar, en donde percibieron una “participación inusual de las tarjetas” que representó en toda la cadena de supermercados Almacor un “promedio del 55% de todas las ventas”. El avance de las tarjetas genera otro problema que son “las elevadas alícuotas” para los comercios, se quejó.

En el mismo sentido, Vanesa Ruiz, del Centro de Almaceneros y Autoservicios de Córdoba, dijo que, de todas las transacciones con tarjeta, “entre el 3% y el 5% se hacen bajo la modalidad de crédito”. “Aunque el porcentaje aun es bajo en almacenes, se ha duplicado en el último tiempo”, sostuvo la gerente comercial de la red de comercios minoristas, al tiempo que reveló un “crecimiento en el financiamiento de la compra de alimentos de entre un 20 y 30 por ciento” en personas que no solo consumen en almacenes, de acuerdo a la Encuesta Permanente de Hogares que realizan desde el Centro de Almaceneros.

El uso de tarjetas de crédito para comprar bines de primera necesidad por el deterioro del ingreso de los asalariados y los aumentos sostenidos de los gastos corrientes (expensas, transporte, combustible, alimentos, servicios, etc.) explican el aumento de la morosidad de las familias. El último Informe sobre Bancos difundido por el BCRA muestra que el coeficiente de morosidad total de los préstamos a las familias fue de 3,5% en julio, medio punto porcentual por arriba de la morosidad del mismo mes del año pasado. Donde se percibe un aumento de la irregularidad mayor es en préstamos personales y tarjetas de crédito.

La tasa de referencia que fijó el Central y el deterioro económico general, no solo afecta al consumo, también perjudica a la producción y a toda la oferta de bienes y servicios. Como ya mencionamos, el elevado costo del dinero dificulta la inversión del capital, paralizando la economía. El sector empresario también debe afrontar una crisis de liquidez con la imposibilidad de financiarse. Si una empresa tiene que afrontar un pago a un proveedor y al no disponer en su cuenta corriente de los fondos necesarios opta por girar en descubierto (recurre a un financiamiento bancario de cortísimo plazo) deberá afronta un costo financiero total ridículo.

Muchas Pymes (que son el sector que más empleo genera) acumulan pasivos que asfixian su capacidad y deterioran la cadena de pagos. Una situación que de no mejorar lleva indefectiblemente al cierre a cualquier empresa chica, mediana o grande. De acuerdo a información del BCRA, en el sector privado aumentó la morosidad. Al igual que ocurre en el sector familia también permanece en niveles relativamente bajos, sin embargo, esto no oculta el aumento respecto a comparaciones con periodos anteriores.

La decisión de subir la tasa bancaria para canalizar “el excedente monetario”, paraliza la economía por el alto costo del dinero, no hay aumento de la actividad, no se generan riquezas. Esto dificulta el funcionamiento de la economía y tampoco se baja la inflación y se tranquiliza el mercado cambiario. A la vez, se consolida el endeudamiento del país y los trabajadores ven limitado su acceso al consumo. Sumado a ello, el tejido productivo y comercial perece por la caída de la demanda a la par que se ve perjudicado por las elevadas tasas del sector financiero. Conclusión, los únicos privilegiados son los bancos.

Un negocio concentrado

En Argentina se cobran comisiones altas en tarjetas de débito y crédito en comparación con otros países del mundo, según una investigación del Departamento de Ciencias Económicas de la Universidad de San Luis. Actualmente son del 2,35% para compras con crédito y de 1,1% con débito.

En el año 2015 (con tasas más elevadas aún), las ventas del comercio minorista (“comercios de calles, avenidas y shopping”) se estimaron en $802.800 millones. De este total, el 35% fueron ventas en efectivo, el 20% con tarjeta de débito y el 45% con tarjeta de crédito. El informe concluye que-con las comisiones de ese entonces por pagos con tarjetas- los comercios transfirieron a los bancos “en carácter de recargo por compras con tarjetas, $13.200 millones aproximadamente”. Estas transferencias le quitan capital al comercio y liquidez a la economía.


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