Opinión Por: Flavio Colazo21/06/2026

Messi, Adorni y Trump, en el centro de la escena de un turbulento momento

Esto es así en virtud de los impactos -y las repercusiones de los mismos- que sus acciones provocan tanto en el ánimo social como en las consecuencias institucionales, políticas y geopolíticas.

Desde los recientes días pasados  tres actores – Lionel Messi, Manuel Adorni y Donald Trump- han tomado la atención de la gran parte de las ciudadanías argentina y mundial. Estas figuras públicas ocupan la centralidad de las noticias - provenientes de sus muy diferentes ámbitos de actuación- hasta el día de hoy. Esto es así en virtud de los impactos -y las repercusiones de los mismos- que sus acciones provocan tanto en el ánimo social como en las consecuencias institucionales, políticas y geopolíticas, cuyas magnitudes son de importantísimo grado. 

Messi festeja contra Argelia. Foto archivo 

Messi, la alegría en el Mundial de las vergüenzas. 

Los tres goles que hizo el gran jugador argentino -en el partido que enfrentó a la selección nacional contra su par de Argelia- no solo trajeron alegría a los argentinos, sino que también desparramó esa emoción entre los varios millones de admiradores y fanáticos del fútbol mundial -y de él particularmente-. A la vez, con su actuación -particularmente por los récords alcanzados- , hizo que el mundial que se está disputando alcance ribetes históricos. Pero su brillante juego no logra quitar de foco la larga serie de medidas aberrantes que EE.UU. -por los designios de Donald Trump y su administración- ha tomado sobre algunos individuos. 

Redadas y discriminación mundiales (al estilo Trump). 

Nos referimos a, por ejemplo, las redadas para "cazar" a inmigrantes que lleva adelante el ICE. En dichas redadas ya se han cometido numerosas detenciones arbitrarias durante el mundial -que han sido denunciadas públicamente en manifestaciones populares-. Otro escándalo discriminatorio fue la consideración de "inadmisible" al ingreso del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan -Trump ya había expresado tiempo atrás que Somalía es un "país repugnante"-. También desde la administración trumpista se pusieron trabas para el ingreso de la madre del arquero de Cabo Verde, Vizinha. Finalmente, tras visibilizarse esta situación -por la gran actuación del jugador en su primer partido- la señora fue autorizada a ingresar a EE.UU. Ahora, más allá de estos despropósitos,  ninguna situación escandalosa tiene mayor envergadura que aquello que se le está haciendo vivir al representativo de la República Islámica de Irán. En primer lugar a los iraníes los obligan a jugar en territorio estadounidense (cuando bien podría haberse decidido que jugara sus partidos en México o Canadá), pero no les permiten pernoctar en el país en cual  compiten. El plantel persa debe entonces competir en gran desventaja con el resto de los participantes debido al gran desgaste físico y mental que acarrea para el plantel el constante traslado -casi cotidiano- de un país a otro. La  segregación humillante de la que es víctima el representativo de Irán, juntamente con los demás despropósitos señalados, han llevado a que un país como Noruega le reclame oficialmente a la FIFA que le sea retirado a Donal Trump el Premio FIFA de la Paz -que la entidad le otorgara meses atrás al presidente estadounidense-. Así las cosas el mundial sigue su curso con la única expectativa de despertar emociones positivas mediante el colosal desempeño del mejor jugador del mundo -Lionel Messi-. 

Adorni, la aleta del tiburón.

Cuando un individuo -o un grupo de individuos-, estando en el océano, divisa a la distancia la aleta de un cetáceo surcando la superficie no experimenta temor por la aleta en sí, sino que las alarmas internas se le encienden a partir de la simple especulación de que  dicha aleta sea de un tiburón o una orca. La lógica reacción de cualquier individuo -ante la visibilización de la aleta- es la de tomar rápidamente la mayor distancia posible entre él y el cetáceo -sin esperar a ver si, por surte, es un delfín-. La situación descrita bien podría emparentarse con el caso de corrupción expuesta que protagoniza hoy el jefe de gabinete, Manuel Adorni. Se podría pensar así, porque en comparación con los negociados que se están llevando adelante, y mediante los cuales el gobierno de Milei está desguazando a la Argentina, las cifras del obsceno despilfarro de Adorni -que al gobierno de Milei le produce día a día un daño político descomunal-  resultan de una ínfima magnitud. Pasados varios meses desde el estallido del escándalo Adorni, insólitamente, el presidente Milei –como el tiburón debajo de la aleta- se empeña en sostener expuesta "la aleta Adorni", a sabiendas del espanto y el deseo de alejamiento -del tiburón, no de la aleta en sí- que esta produce. Quizás pudiera ser que esta obstinación tenga como finalidad que los observadores centren su atención en "la aleta Adorni" mientras el tiburón hace de las suyas superficie abajo. 

 Los estragos del "tiburón Milei". Entrega del Paraná y favores al grupo Clarín (entre gol y gol de Messi).

Como si fuera cosa de menor importancia los medios hegemónicos apenas han hecho eco de la gravedad de lo acordado durante la semana entre el gobierno de Milei y la empresa belga Jan De Nul -sobre la comercialización del río Paraná-. En lo que constituye una entrega mayúscula de recursos y soberanía  se le han otorgado derechos a la empresa -sobre el Paraná- por los próximos 25 años -mediante la resolución publicada en el boletín oficial 36/2026-. También -como quien no quiere la cosa (al decir popular)- en inmediatos días pasados se acordó que se lleve adelante la compra de Telefónica por parte de Telecom. Esta maniobra era un viejo anhelo de Clarín para  convertirse en el único operador  de comunicaciones en Argentina. Sobre este tema destaca que, hace tiempo ya, Milei publicó un tuit despotricando contra Clarín y su intención de coptar todo el espectro de las comunicaciones. Al tuit lo tituló "Clarín: la gran estafa argentina". Curiosamente hasta el momento de redactar esta nota, y luego de que Milei  "firmara la rendición" -permitiendo que se realizara la operación citada-, el tuit del presidente contra Clarín continuaba fijado.

Apostilla de cierre. Irán: el gran fracaso de Trump.

El presidente Trump perdió la guerra". Seguramente este  titular del New York Times -del 16 de junio- debió causar una fuerte descompostura en la emotividad del presidente estadounidense. Y también es muy factible que esta descompostura se haya agravado al adentrarse en el contenido de la nota editorial del prestigioso periódico. Como sea lo concreto es que el mundo todo asistió  a la imagen humillante de un presidente de EE.UU. –Trump- firmando en Versalles un acuerdo que fue presentado por la prensa del planeta como una rendición. Las consecuencias -de haberse metido en una guerra en la cual no debió intervenir jamás- son incalculables en cuanto al daño que se auto infringió el propio Trump, y el que le ha causado al país que preside. Una vez más -desde Vietnam en adelante- EE.UU. se muestra como un Goliat al que cualquiera –sea David u otro- derrota. Claro que como consuelo el "Goliat" Trump podría -si quisiese- pavonearse exhibiendo al secuestrado presidente venezolano, Nicolás Maduro -encerrado en una cárcel estadounidense gracias a una "insuperable" operación militar de sus FFAA-.    

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