Juan Schiaretti se pinta la cara color triunfo y empieza armar el 2023

El gobernador se puso la campaña al hombro. Ante el desafió de sostener la centralidad política en la provincia, se proyecta nacionalmente. Preguntas sobre una estrategia audaz.
Schiaretti ocupó un rol central en la campaña y fue el principal orador en el bunker de Hacemos por Córdoba. Foto: Oficial HxC

Al igual que Alberto Fernández, Schiaretti se las arregló para presentar la derrota como un triunfo. A diferencia del Presidente, cuya fuerza política efectivamente logró achicar los márgenes por los que había sido derrotada en las primarias, Hacemos por Córdoba perdió una banca en la Cámara de Diputados entre septiembre y noviembre; sin el embargo al gobernador eso no pareció importarle.

Schiaretti celebró a partir de las debilidades ajenas, esas que según entiende están “empatadas” y que por esa razón necesitarán de los representantes cordobeses para llegar a los consensos que permitan avanzar legislativamente a alguno de los espacios mayoritarios, a poner el ojo en la diferencia de casi 30 puntos que le sacó Juntos por el Cambio en el escrutinio provisorio que cerró pasadas las 22 horas.

Posiblemente tampoco se haya detenido a analizar la forma en que los números reunidos entre el PRO, el radicalismo, el juecismo y sus nuevos aliados superaron a las expresiones del panperonismo que, si bien crecieron, reunidas siguen quedando muy por detrás de la expresión opositora. Para pasarlo en limpio, si Hacemos por Córdoba y el Frente de Todos hubiesen formado parte de un mismo espacio, Juntos por el Cambio hubiera vencido por más de 360 mil votos. Es decir, el peronismo unido (una quimera en la Córdoba de los últimos diez años) tampoco hubiese garantizado nada.

¿Por qué, entonces, la celebración? Porque Schiaretti sabe que mañana hay que empezar a trabajar en la elección del 2023. Y su estrategia para hacerlo no se enuncia mirando hacia adentro, sino intentando posicionarse a nivel nacional. La estrategia, que nadie saber a ciencia cierta hasta qué punto puede proyectarse, lejos está de sonar descabellada. Más bien, es lógica. "Hacemos por Córdoba trabajará para construir un espacio nacional con mirada federal", dijo desde el bunker ubicado en el hotel Quorum, al norte de la ciudad. Allí, demostró que hay una convicción para ir en una dirección determinada y que esa postura no se trató simplemente de una estrategia de campaña. “Es brillante”, decía un operador de Hacemos por Córdoba semanas atrás. Bueno, eso lo veremos con el tiempo. 

Schiaretti sabe que no puede ser reelecto y que, en ese marco, su poder corre serio riesgo de diluirse. Además, acaba de ser derrotado por una lista opositora que desde hace tiempo, por virtudes propias y/o por cierto lobby nacional, viene proyectándose como opción cada vez más sólida para disputar el poder provincial.  ¿Cómo es posible que un hombre con el lomo político curtido se quede de brazos cruzados ante esa realidad? Schiaretti no da tiempo ni a imaginarlo y se proyecta, se sostiene, busca que lo miren, y lo consigue. Por ahora lo consigue.

El gobernador había dicho que se iba a poner la campaña al hombro y que cada uno de los intendentes y los dirigentes territoriales era candidato en esta elección en la que la clave era “defender los intereses de los cordobeses y cordobesas”. Nadie podría cuestionarle nada a Schiaretti en ese sentido. Pero de ahí para abajo, todos tienen cosas que enrostrarse y que empiezan a poner a jugar para la discusión por la sucesión. Ya el domingo, con números y planillas en la mano, los dardos cruzados empezaron volar. Es necesario que alguien ordene todo ese proceso y ese alguien es el propio Schiaretti.

No hay otro, él lo sabe.

Todos y todas lo saben.

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