Graciela Bialet: “Hoy la infancia es un territorio que está en riesgo”

Cultura 18/09/2018 Por
“Los medios y los miedos” es el tema del Encuentro de Literatura Negra y Policial Córdoba Mata que tendrá lugar en la Feria del libro. ¿De qué manera la literatura puede ser un puente liberador?
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Graciela Bialet es escritora, docente, comunicadora y especialista en literatura infantil y juvenil. - Foto: archivo.

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“Los medios y los miedos” es el tema del Encuentro de Literatura Negra y Policial Córdoba Mata que tendrá lugar en la Feria del libro esta semana y la excusa perfecta para entrevistar a Graciela Bialet, quien forma parte de la mesa del ciclo dedicada a la infancia. ¿Qué riesgos corre la infancia por estas épocas y de qué manera la literatura, al ser arte, puede ser un puente liberador?

Graciela Bialet es escritora, docente, comunicadora y especialista en literatura infantil y juvenil. Formará parte de la mesa destinada a la infancia del ciclo Córdoba Mata junto a Laura Rossi, Perla Suez, Ana Mariani, Garba, que será coordinada por Leandro Calle y que tendrá lugar este miércoles 19 de septiembre a las 17 en la Sala 1 del Cabildo Histórico.

En entrevista con La Nueva Mañana, Graciela reflexiona sobre las temáticas de los medios y los miedos en la literatura para la infancia, la sobreprotección de los padres, el consumismo de los medios y el poder de la literatura para darle a los niños herramientas para defenderse.

-¿Cómo suelen tomarse estos temas: “los miedos”, “los medios” en la literatura destinada para los más chicos?

A raíz de cómo pensamos hace algunos años, desde Graciela Montes, y antes con Malicha Leguizamón, María Elena Walsh y Javier Villafañe, acerca del tabú a los miedos hay muchísima literatura. Aunque una nunca termina de leer todo lo que se publica, me parece que los miedos son temas que se han abordado muchísimo, desde los más básicos a los más existenciales, sobre todo el miedo a la muerte, a perder a tus seres queridos, el miedo a los monstruos, a la oscuridad. Ha habido un gran desarrollo en la literatura. Creo que Elsa Isabel Bornemann abrió una puerta cuando empezó con su literatura, por ejemplo, con el libro “Socorro” que fue el primero.

Por el contrario, con el tema de los medios no hay tanto. Hay cuentos de conflictos con las pantallas, de que los chicos se pierden en la pantalla, o que tergiversan la información. Jordi Sierra i Fabra tiene una novela muy buena que se llama “Un hombre con un tenedor en una tierra de sopas” y me impactó mucho. Habla sobre un pibe que encuentra a su hermano que se ha suicidado. El hermano era un reportero gráfico que ha fotografiado escenas de guerra y en la búsqueda del porqué del suicidio, descubre el vil comercio de los medios. También “La babirusa atómica”, de Joaquín Areta con ilustraciones de Magui Ledesma, es muy significativa porque también desnuda el tema de los medios como gestores de una realidad paralela que tiene como intención modificar la realidad cotidiana. Cómo los medios ficcionalizando la realidad, convierten un montaje en algo creíble.

Estas dos piezas hacen una reflexión crítica, pero no son tantos. Es un gran tema pendiente de la literatura infantil y juvenil porque los medios ocupan un papel muy preponderante hoy en la sociedad. También creo que faltan más temas como los conflictos humanos, más sociales, como la pobreza, la exclusión, los emigrados, el racismo, las invisibilizaciones.

-Pensando en la maldad como tema, ¿creés que hay una necesidad de los adultos de ‘proteger’ a los chicos?

La literatura infantil en sus orígenes surge como un espacio de ficción, de arte, donde hablar de estos temas. En los cuentos de hadas, los cuentos maravillosos, siempre hay un malo, los niños se pierden en el bosque, el lobo se come a alguien. La bella durmiente en la versión original termina con una suegra caníbal, y cuando aparece el príncipe lo tira a una fuente de aceite hirviendo. Todos estos temas han sido carne de cultivo de la literatura para chicos. Luego llegó esta sobreprotección, a mi modo de ver, ficticia e hipócrita sobre la infancia, al edulcorarle y suavizarle las cosas, aggiornar, que es una manera de desdibujar los verdaderos sistemas autodefensivos que los niños deben desarrollar frente a las injusticias.

Le hacen creer al chico que esa es la verdad y luego no tiene ningún argumento ni posibilidad de poder reflexionar cuando ve actos vandálicos contra él. Por ejemplo, el cuento “El que nada no se ahoga” habla de un pececito que le falta una aleta y nada al revés de los demás y la madre le dice “algún día vas a aprender”, pero eso no quita que haya una vieja Bigotuda del Agua que lo anda acechando, que lo toquetea, le pasa sus bigotes babosos por el bajo vientre y a él no le gusta, pero como es vecina y amiga de los padres, y tiene miedo porque es distinto y a veces no lo aceptan, se siente responsable de que le pase eso. Hasta que es capaz de mirarse en ese espejito de mica que fue a buscar para regalarle a su mamá y se da cuenta de que el que nada no se ahoga, y puede tener herramientas para huir. Uno puede contarle a los chicos estas escenas de abuso desde lo lúdico.

-En muchos dibujos animados para los más chicos por momentos parece que no hubiera maldad, las familias son contenedoras, los compañeros buenos o ‘con problemas’ pero nunca malvados ¿cuál es tu opinión al respecto?

Forma parte de esta mirada edulcorada, farsante que, en realidad, aprisiona al chico en un espacio de sentirse siempre mal. Tiene que ver con los códigos de la era del mercado, en el cual siempre tenés que estar incompleto, para necesitar algo y entonces tenés que salir a consumir. Mi mirada es crítica. La literatura, por ser arte, puede ser el puente liberador para cruzar este río. La fantasía y el realismo nos dan herramientas para encarar estas temáticas y entender los productos que los medios masivos nos están vendiendo. Los medios son herramientas del mercado. Cuanta más disposición tengamos al arte vamos a tener más herramientas emocionales e intelectuales para contrarrestrar y discernir los mensajes.

Como cierre de la entrevista, las palabras de Graciela invitan a los adultos a asumir compromisos y a compartir lecturas con las chicas y chicos: “Hoy los niños están demasiado solos y librados a arreglárselas como pueden, porque quienes los deben cuidar -que son los adultos responsables y el Estado-, unos están buscando trabajo y otros están mirando hacia sus horizontes de paraísos e islas fiscales. Hoy la infancia es un territorio que está en riesgo y los que trabajamos para niños tenemos que asumir un lugar de compromiso.

La crisis editorial siempre se corta por lo más vulnerable y siempre son los niños y los ancianos. Los libros para niños que están más baratos son los que el mercado ofrece porque su función principal es seguir imponiendo modos de consumo. Lo mejor que podemos hacer es pensar que los libros son objetos culturales y podemos acercarnos a través de la lectura o la narración. Contarles un cuento todos los días es una manera de salvarlos de las pesadillas y darles herramientas para que puedan manejarlas también. Hay que dedicarles un tiempo de escucha, de diálogo, de leerles o contarles un cuento. Es algo que podemos hacer siempre, pero sobre todo, en estas épocas más críticas”.

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