Manuel J. Castilla, pastor de coplas

Cultura & Espectáculos 14/08/2018 Por
Se cumplen 100 años del nacimiento del gran poeta salteño y La Nueva Mañana dialogó con Aldo Parfeniuk, autor del libro "Manuel J Castilla- Desde la aldea americana”.
Manuel J Castilla

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Por: Flavio Colazo - Especial

Manuel José Castilla nació el 14 de agosto de 1918 en la casa de la estación ferroviaria de Cerrillos, a pocos kilómetros de la ciudad de Salta. Si bien se reconocía como salteño, más lo hacía como un hombre de su región, el noroeste andino, más como un miembro de la comunidad cultural regional que habitaba que como ciudadano legitimado por una administración pública.

Al transcurrir de los años se desempeñó como periodista en los periódicos “El Intransigente” y “Salta”, sin abandonar nunca su producción poética, en tal sentido formó parte del trascendente grupo literario La Carpa. Durante su vida publicó una veintena de libros de poemas. Su obra de mayor consideración es Copagira, de 1949, un poemario que se centra en las trágicas condiciones laborales del pueblo boliviano.

Coplas y canciones

La máxima divulgación de su poética la alcanzó mediante las canciones que compuso junto a notabilísimos músicos como Eduardo Falú (La atardecida, La catamarqueñita) y Rolando Valladares (Bajo el sauce solo, Canción de las cantinas, Subo) aunque el ápice de sus creaciones dentro del espectro del cancionero folklórico las forjó junto a su entrañable amigo, Gustavo “Cuchi” Leguizamón (Balderrama, La arenosa, La pomeña, etc.).
La poética de sus canciones puede incluirse entre los idearios divulgados en el manifiesto del Movimirnto Nuevo Cancionero fundado por Mercedes Sosa, Armando Tejada Gómez, Manuel Oscar Matus y Tito Francia.

Párrafo del manifiesto “Movimiento del Nuevo Cancionero”

“Nosotros afirmamos que este resurgimiento de la música popular nativa, no es un hecho circunstancial, sino una toma de conciencia del pueblo argentino... que no le escamoteen ni al artista ni a su pueblo, esta toma de conciencia, es lo que se propone el nuevo cancionero. (...) el nuevo cancionero propone la integración de la música popular en la diversidad de las expresiones regionales del país... la participación de la música típica popular y popular nativa en las demás artes populares... rechaza a todo regionalismo cerrado... se propone depurar de convencionalismos y tabúes tradicionalistas a ultranza, el patrimonio musical... desechará... toda producción burda y subalterna que, con finalidad mercantil, intente encarecer tanto la inteligencia como la moral de nuestro pueblo... buscará la comunicación, el diálogo y el intercambio con todos los artistas y movimientos similares del resto de américa...”

Sus canciones influenciaron fuertemente, tal sus propias declaraciones públicas, a poetas y músicos de la generación del movimiento del Rock nacional como Luis Alberto Spinetta y Miguel Abuelo.

Leguizamon Spinetta
La poética de Castilla influyó en artistas como Gustavo “Cuchi” Leguizamón y Luis Alberto Spinetta.

Anécdotas de poemas y canciones

La pomeña, zamba que compuso junto al Cuchi Leguizamón, fue fruto de una desafío coplero que perdieron en una peña a manos de la pastora y coplera Eulogia Tapia. Toda vez que Eulogia estaba al tanto de la fama del dúo el pago de la apuesta consistió en una canción que la nombrara.

Al boliche Balderrama Castilla se llegaba a comer picante de panza con los choferes de los coches de plaza y los obreros de una fábrica cercana, quienes llevaban el papel para hacer las servilletas que el presupuesto del establecimiento no contemplaba. Lo accesible del precio del menú y el vino los hacía persistir en su visita al local más allá de detalles como éste.

Durante los levantamientos populares en Bolivia, durante los años 80, los obreros distribuían poemas extraídos de Copagira a modo de divulgación de sus reclamos y reivindicaciones.

Poética

Su poética está imbuida de una terrenalidad en la cual lo telúrico trasciende lo paisajístico y costumbrista, y atraviesa todo el espectro cultural de su región, incluyendo mitos, costumbres, sincretismo religioso y festividades propias de las etnias originarias del noroeste argentino andino.

Los temas recurrentes en sus poemas: la tierra, las costumbres festivas de la cultura regional, los mitos locales, la mujer nativa (como representante cabal de la pacha mama y miembro fundamental del colectivo cultural regional- aquella de “…el ojo que mira al magma” en versos de Spinetta en La bengala perdida).

Eulogia Tapia
ulogia Tapia, la “pomeña”.


Entrevista a Aldo Parfeniuk

Posiblemente uno de quienes más se han adentrado en la intimidad del poeta salteño y su obra sea Aldo Parfeniuk. Oriundo de Carlos Paz, es magister en comunicación y cultura (UNC), licenciado en Filosofía (UNC) y profesor e investigador de la Facultad de Lenguas de la UNC. Su libro, “Manuel J Castilla- Desde la aldea americana”, es referencia obligada al hablar del poeta salteño. Parfeniuk accedió a una breve entrevista a La Nueva Mañana.

¿En qué tiempo se desarrolló la obra de Castilla?
Desde mediados de la década del 40 hasta fines de los 70.

¿Cuáles otros poetas salteños interactuaron con él al tiempo que compartieron sus intereses poéticos?
Entre los poetas que compartieron estéticas, proyectos e ideas comunes, se puede mencionar a Raúl Aráoz Anzoátegui y Jaime Dávalos, entre otros.

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¿Cuál es la diferencia entre la poesía de Castilla y la de los demás poetas salteños?
Creo que la diferencia más sustancial consiste en lo que podríamos denominar la refundación de la tierra (tanto en el sentido territorial, cultural y natural) con un encantamiento panteísta - de consustanciación, de fusión con la naturaleza y el cosmos andino- que no se encuentra en ningún otro poeta de su provincia; en tal sentido logró una profundización única.

¿Cómo se vincula la poética de Castilla con la transmisión oral de la región?
Bueno, la tradición oral de lo regional, en el caso del NOA, es un componente muy fuerte que está presente superlativamente en Castilla: diría que por su voz hablaba la voz de su región, no solamente el hombre de allí, sino el entorno mismo, los materiales mismos de ese mundo. Al comienzo de cada libro suyo él incluía una copla anónima, de esas que no se sabe de dónde vienen ni hacia a dónde van.

¿De qué modo influyeron las canciones en la divulgación de su obra?
Pienso que han sido útiles para que muchas personas hayan iniciado una relación con su poética, la cual las ha inducido a conocer su obra en profundidad.

¿Ve usted vinculación entre las mujeres que canta Castilla y la madre tierra, la pacha mama?
Sí, creo que trabajó intensamente esa relación, digamos metafórica, de una aparentemente remota pero significativa identidad entre ambos términos; muchas veces, en sus poemas y canciones, esos términos se fusionan y se identifican íntimamente.

Etimológicamente el poeta es el que hace, el hacedor, el creador, etc. ¿Cómo lo asume usted a Castilla desde esta perspectiva?
Diría que Castilla es una suerte de taumaturgo que, con los rasgos y contenidos de su mundo norandino, genera una cosmogonía inigualable, sin par en nuestra poesía; en tal sentido es un verdadero creador, un vate que encarna la poiesis de los antiguos griegos de una manera paradigmática.

El sincretismo religioso y la mitología regional están presentes constantemente en la obra de Castilla. ¿De qué modo se apropió el poeta de este aspecto de la cultura regional?
Poéticamente, con entera libertad creativa, pero con sus propias creencias de lugareño también en las cuales se cruzan aspectos muy fuertes del cristianismo y cultos paganos norandinos que conviven sincréticamente: el carnaval es un buen ejemplo.

En “Los hijos del limo” Octavio Paz discurre sobre el tiempo ideal de las culturas originarias de América, las cuales sitúan al mismo en el pasado a diferencia del cristianismo que lo coloca en el eterno futuro; ¿hay algo de esto en la cosmovisión de Castilla?
Indudablemente, cuando estuvo en México escribió “Ruinas de Palenque” e incorporó a la región del NOA al resto de una Latinoamérica cobriza y con tonada, a la cual, prejuiciosamente, nuestra cultura oficial y capitalina siempre le dio la espalda.

¿Cuál era la posición política de Castilla y de qué modo la asumió en su obra?
Sin conocer en detalle ese aspecto de su vida creo que fue un hombre que se identificaba con lo bueno que encontrara en los hombres y amigos que hacían política, sin importarle su filiación partidaria. Indudablemente se identificó con aquellos que se preocupaban por la condición social de los más necesitados.

¿Se puede hablar de influencias en la poesía de Castilla?
Yo creo que en Castilla se pueden encontrar rastros de las poéticas de Juan Carlos Dávalos, Luis franco, Enrique Ramponi o Ricardo Molinari. Por supuesto que también las de quienes, a su vez, influenciaron a los nombrados. En este tema no es fácil establecer genealogías claras y precisas.

El Gozante

Me dejo estar sobre la tierra porque soy el gozante. El que bajo las nubes se queda silencioso. Pienso: si alguno me tocara las manos se iría enloquecido de eternidad, húmedo de astros lilas, relucientes. Estoy solo de espaldas transformándome. En este mismo instante un saurio me envejece y soy leña y miro por los ojos de las alas de las mariposas un ocaso vinoso y transparente. En mis ojos cobijo todo el ramaje vivo del quebracho. De mi nacen los gérmenes de todas las semillas y los riego con rocío. Sé que en este momento, dentro de mí, nace el viento como un enardecido río de uñas y de agua. Dentro del monte yazgo preñado de quietudes furiosas. A veces un lapacho me corona con flores blancas y me bebo esa leche como si fuera el niño más viejo de la tierra. De cara al infinito siento que pone huevos sobre mi pecho el tiempo. Si se me antoja, digo, si esperase un momento, puedo dejar que encima de mis ingles amamante la luna sus colmillos pequeños. Zorros la cola como cortaderas, gualacates rocosos, corzuelas con sus ángeles temblando a su costado, garzas meditabundas yararás despielándose, acatancas rodando la bosta de su mundo, todo eso está en mis ojos que ven mi propia triste nada y mi alegría. Después, si ya estoy muerto, échenme arena y agua. Así regreso.

  

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