El costo oculto del superávit: dudas sobre la sustentabilidad fiscal tras la denuncia por el fondo vial

La admisión oficial de pisar lo recaudado por el impuesto a los combustibles expuso las costuras de un superávit fiscal que sufre el impacto de la recesión y la caída de la recaudación.
Economía15/08/2026Facundo PiaiFacundo Piai

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La denuncia que enfrenta el gobierno sobre un aparente desvío de fondos de asignación específica enciende las alarmas. No por la gravedad de la denuncia en sí, sino por lo que esconde el supuesto dolo en función de la sostenibilidad de uno de los pilares del modelo económico. Fue el vocero del gobierno Ravier quien corrió el velo y reconoció que no todo lo recaudado en concepto de impuesto a los combustibles se destina al mantenimiento de rutas. “Una parte”, expuso, es para “lograr el equilibrio fiscal”.

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El vocero del gobierno Ravier quien corrió el velo y reconoció que no todo lo recaudado en concepto de impuesto a los combustibles se destina al mantenimiento de rutas, que lucen destruidas. Foto Sitio Andino

En efecto, si el gobierno recurre a artimañas del estilo de pisar partidas presupuestarias, la pregunta que urge es cuán consolidado es el equilibrio fiscal celebrado. Dicho de otro modo, el orden de las cuentas públicas ¿tiene fundamentos sólidos?

La recaudación sufre el frío del congelamiento de la actividad

Quitando los adjetivos pomposos de la narrativa oficial, cierto es que mediante un ajuste del tamaño del 5% del PBI, Argentina logró equilibrar la balanza entre los recursos que ingresan y los gastos estatales. Cayendo sobre este último todo el peso del sacrificio fiscal. Es decir que, reduciendo el presupuesto asignado a: salud, educación, obra pública, jubilaciones y subsidios, principalmente, las cuentas primarias volvieron a la senda del superávit.

Sin embargo, ahora el equipo económico tiene que sortear la segunda ola generada por aquella medida. Refiero a la reacción directa del ajuste que redunda en un congelamiento del nivel de actividad. Ahora bien, dado que la estructura impositiva argentina se nutre principalmente de impuestos ligados al consumo y la actividad, cuando estos motores se paran también desploman a la recaudación. En términos prácticos, como se consume menos, cae la recaudación del IVA (casi un tercio de los ingresos de ARCA). En efecto, queda comprometido el superávit fiscal por depresión de los ingresos.

Una merma en ingresos es lo que se advierte en el último balance del organismo recaudador. De hecho, en los primeros siete meses del año, todo lo recaudado por ARCA cayó 5% en relación a la inflación acumulada en el período. Si ponemos la lupa en tributos específicos, vemos que el IVA tuvo una caída real de 8% en la comparación interanual, lo cual da cuenta de la contracción del consumo. Asimismo, los impuestos que aplican al comercio exterior (presión impositiva a las exportaciones e importaciones) se contrajeron respecto a la inflación casi 30%.

Si bien esto último puede ser positivo al estimular las ventas al mundo y el ingreso de divisas; la caída de tributos a las importaciones da cuenta de la apertura comercial, mientras que la quita de presión impositiva a sectores con alta capacidad contributiva al tiempo que se quitan subsidios y pisan jubilaciones puede ser una asignación de recursos que favorezca la recesión, generando un círculo vicioso.

La meta fiscal bajo la lupa

Carlos Pérez, Director de Fundación Capital, comentó a LNM que “el orden fiscal es bienvenido” al tratarse de una variable que explica la “desinflación que tiene Argentina”. Para el economista, el superávit es tan importante como la recomposición de reservas y la desaceleración de los precios, objetivos que también se están cumpliendo. Pero aquello es tanto importante como la recuperación del salario, el consumo y la actividad.

Tras el ajuste, “el superávit debiera conseguirse por el lado de la recaudación. Para lo cual el crecimiento es clave”, señaló el ex director del Banco Central, quien advirtió que, de no ocurrir, “se pone en duda la inter temporalidad del equilibrio”. Máxime cuando los resultados del primer semestre arrojan un superávit de 0,6% del PBI, esto es un valor menor al del primer semestre del 2025 (0,9%) y sensiblemente abajo del conseguido en junio de 2024 (1,2%).

Esto significa que los desafíos del segundo semestre de este año son altos para poder cumplir con los objetivos fiscales del Fondo, “una meta fiscal cada vez más difícil de cumplir”. Si bien Pérez destacó la voluntad del gobierno, también explicó que “no solo es querer, sino poder lograrlo”. Y para conseguirlo, la instancia del ajustazo ya está agotada, especificó el macroeconomista.

El gobierno se enfrenta aquí a un verdadero desafío. Quizás meter anabólicos al consumo mejora la actividad (y recaudación), pero calienta la inflación, mientras que priorizar la desinflación a costa de la actividad puede tener un efecto adverso en su objetivo fiscal. Lo cierto es que para que el equilibrio fiscal persista, no hay mucho margen para seguir ajustando el gasto. Podría tocar subsidios que debieron incrementar dada la suba del precio internacional del petróleo, pero sinceraría el precio de la nafta y calentaría precios. Todo indica que tiene que mejorar la actividad para que la recaudación repunte.

 

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