La producción de alimentos en el cinturón verde cubre apenas el 21,3% de las frutas y verduras recomendadas

Un estudio de la UNC plantea que hay que comer y producir mejor, y que para ello es necesario contar con alimentos frescos de proximidad.
 
Córdoba08/05/2026Redacción La Nueva MañanaRedacción La Nueva Mañana

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"Medir en términos de kilos de soja no es medir alimento, ni accesibilidad, ni seguridad alimentaria y nutricional de las personas", asegura Matías Scavuzzo, autor del trabajo, presidente Fundación InnovaComunidad y docente de la UNC. Fuente: UNCiencia

Un estudio de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) que analizó la relación entre el cinturón verde cordobés y el consumo de alimentos concluyó que la producción local solo cubriría el 21,3% de las frutas y verduras recomendadas para cubrir una dieta saludable de la población.

En ese marco, plantearon desde el equipo de investigación que la promoción es clave para que se produzca más, así como los entornos saludables para que se consuma más y mejor.

Se trata del estudio "Análisis multidimensional de la seguridad alimentaria y nutricional de una región agroalimentaria en una ciudad argentina de tamaño medio", que fue realizado por Ricardo Vera, Juan Mato, Micaela Campero, Rosana Maidana, Matías Scavuzzo, Dolores Román, Mariana Eandi y Victoria Marinelli.

Participaron las siguientes instituciones: Centro de Investigaciones en Nutrición Humana (Escuela de Nutrición de Facultad de Ciencias Médicas de la UNC), Instituto de Altos Estudios Espaciales Mario Gulich (UNC y Comisión Nacional de Actividades Espaciales, Conae), Conicet, Observatorio de Agricultura Urbana, Periurbana y Agroecología del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Fundación InnovaComunidad de Córdoba.

Un artículo en UNCiencia que repasa este trabajo de investigación destaca que pone en jaque la idea de que Argentina “produce alimentos de sobra” y aporta al debate sobre la soberanía alimentaria.

“El sistema alimentario promociona índices, según los cuales, sobra la comida en Argentina. Pero hay algo que no se está midiendo bien. Medir en términos de kilos de soja no es medir alimento, ni accesibilidad, ni seguridad alimentaria y nutricional de las personas”, asegura Matías Scavuzzo, autor del trabajo, presidente Fundación InnovaComunidad y docente de la UNC.

Por su parte, Victoria Marinelli, investigadora en el Instituto Gulich, de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) y de la UNC, agrega: “Queremos contribuir a la discusión de que hay que comer y producir mejor. Para eso es clave comer alimentos frescos de proximidad. Tenemos una población que se enferma, en parte, por la mala alimentación”.

Al vincular la capacidad productiva y el consumo regionales, el estudio logró construir un Índice de Autosuficiencia Alimentaria. Esta herramienta permite estimar qué proporción de los alimentos consumidos por una población se produce dentro de la misma región. El objetivo fue conectar dos campos que habitualmente se estudian por separado: el sistema productivo y la nutrición.

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“Se necesita un ordenamiento territorial que promocione el acceso a tierras periurbanas para la producción de alimentos. Tendría múltiples beneficios, no solo la producción, sino también de trabajo y los servicios ecosistémicos”. Foto: UNCiencia

“Si bien ya existe en la bibliografía, nosotros adaptamos el índice para una región y una producción en particular. Es la primera vez que se aplica en América latina. Para Argentina tiene más importancia porque somos un país productor de alimentos”, dice Micaela Campero, investigadora del Centro de Investigaciones en Nutrición Humana de la Facultad de Ciencias Médicas y del Gulich, de la UNC.

El estudio revela un contrapunto entre lo que se produce, lo que se consume y lo que debería consumirse para llevar una dieta saludable, desnudando fallas tanto en la “oferta” como en la “demanda” de frutas y verduras.

Uno de los hallazgos del trabajo apunta a que la estructura productiva del territorio no necesariamente responde a las necesidades de una dieta saludable. Los investigadores señalan que el sistema alimentario está condicionado por decisiones económicas y productivas que influyen en qué se cultiva, qué se comercializa y qué termina consumiendo la población.

“No podemos ser inocentes y pensar que la soberanía alimentaria no está condicionada por los grandes intereses mundiales y por el interés de transformarla al servicio de las grandes empresas”, asegura Marinelli.

En su tesis doctoral, la investigadora había determinado que el cinturón verde de Córdoba tuvo una disminución del 75% de su área productiva desde la década de 1980 hasta el 2020. “Mientras la población creció, disminuyó el área que la alimenta. ¿Por qué? Porque se alimenta mal con otra cosa y porque se alimenta poco, ya que la pobreza creció”, comenta. Y detalla que en el sur de la ciudad esas huertas se transformaron en urbanizaciones y en agricultura industrial, en el noreste.

“Además, la producción no se volvió más eficiente. Por ejemplo, no se hicieron mejoras en el manejo del agua para riego, un insumo clave de la horticultura. Y también trajo problemas sociales, porque la gente que producía se quedó sin trabajo. Y ecológicos, porque se redujo la biodiversidad y los servicios ecosistémicos”, agrega.

Para Marinelli, la clave para que el cinturón verde produzca más frutas y verduras es la promoción: “Se necesita un ordenamiento territorial que promocione el acceso a tierras periurbanas para la producción de alimentos. Tendría múltiples beneficios, no solo la producción, sino también de trabajo y los servicios ecosistémicos”.

La investigadora asegura que hay tierras disponibles en la región. “También habría que dar disponibilidad del recurso hídrico. Y promocionar la producción de bioinsumos agropecuarios que no sean perjudiciales para la salud de los vecinos, como fertilizantes y el manejo integrado de plagas”, señala.

En cuanto a la demanda de frutas y verduras, Scavuzzo cree que la clave es generar entornos alimentarios comunitarios que faciliten el acceso de estos alimentos. “Esto se genera con educación alimentaria, pero también con otras medidas”, asegura.

Y explica que las personas son conscientes de que deben comer sano, pero no tienen el dinero para comprar y tienen que comer productos ultraprocesados. “Una fruta no puede salir el doble que un alfajor. Tiene que tener un impuesto para que se pague el costo de la salud de esos ultraprocesados”, asegura.

Y agrega: “Se necesita un Estado presente que regule con normas, programas, políticas a favor de la salud de la población y del pequeño productor”.

Por su parte, Campero reflexiona: “Son múltiples los factores que se necesitan para revertir este escenario. Entre ellos, el consumidor es el último y, quizás, el que tiene menos capacidad de acción”.

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