Decreto de Necesidad y Urgencia sobre Inteligencia: ¿qué hipótesis de conflicto?

La represión no puede ser tan eterna como el ajuste de motosierra y licuadora. Hay que prevenir. Esto es, espiar. "El poder se ejerce con dosis desiguales y combinadas de consenso y coerción", sostiene el autor en la columna de análisis.
Opinión30/01/2026 Sergio Edgardo Tagle

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SIDE
El presidente Javier Milei dictó un decreto que habilita a los espías a aprehender personas no solo en casos de flagrancia o por pedido de un juez, sino también “en el marco de actividades de Inteligencia”. Foto ilustrativa: gentileza

El DNU que modifica la Ley de Inteligencia complementa al protocolo antipiquetes. Un brazo del Estado reprime y otro espía, quizá para prevenir estallidos que no podrían ser contenidos por agentes de seguridad que tienen una sola experiencia de combate: apalear jubilados.

Cuando los aparatos represivos del Estado perfeccionan sus servicios de inteligencia dan cuenta de una situación, en cierta medida, defensiva. Significa que su radar detectó un peligro. 

Necesidad sí, urgencia quizá

Un argumento de la oposición para criticar al DNU presidencial dice que "no existe necesidad ni urgencia que justifique abordar un tema tan sensible por fuera del Congreso". 

Pero el Gobierno, en tanto poder que pretende consolidar una “hegemonía dura”, tiene razones que por su naturaleza deben prescindir de las instituciones y la transparencia. No puede informar en conferencia de prensa, por ejemplo, una posible preocupación ante la hipótesis según la cual la paz de cementerios no sea una paz perpetua.

Lo dijo el Presidente: la gente, antes de morir de hambre, algo va a hacer. 

El repertorio de acciones que puede emprender “la gente” es amplio. Uno de ellas es la protesta que desobedezca y desborde al protocolo antipiquetes. Para el Gobierno puede aparecer, entonces, como necesario (y quizá urgente) complementar la violencia estatal pura y dura con una vigilancia y control preventivos, con ojos y oídos que no solo vean y escuchen qué hoja se mueve. También deben tener capacidad de disciplinar para que “todo marche acorde al plan”.

Castigar y vigilar

El poder se ejerce con dosis desiguales y combinadas de consenso y coerción. Cualquier fuerza política desea gobernar por las buenas. Pero cuando la aceptación social a su administración se agota, activa los dispositivos de represión estatal. 

La Libertad Avanza invirtió esta secuencia. Inició su gestión reprimiendo no obstante contar con altos índices de popularidad. Parafraseando el título del libro quizá más leído de Michel Foucault*, primero castigó y ahora quiere vigilar.

La violencia estatal de los orígenes no quiso detener algún conato de desobediencia social. Tampoco garantizar el libre tránsito de los argentinos de bien. Fue “propaganda armada”, práctica que en conflictos bélicos (e insurgentes) tiene por fin desmoralizar al enemigo, quebrar su voluntad de lucha, influir en la población civil a través de acciones violentas que no producen bajas. 

También fueron palos, gases y balas de plomo pedagógicos. A partir de ese día cada quien sabe que protestar cuesta ardor y dolor en ojos y piel; perder parte de la visión, huesos rotos o un traumatismo de cráneo. 

Las lecciones fueron asimiladas, pero la paciencia no es infinita. Y las clases populares argentinas cuentan con aprendizajes adquiridos en la experiencia de los tiempos largos de la historia. Dos años es poco para que la sociedad olvide una tradición insumisa que supo irrumpir cuando la superficie de lo visible informaba calma. 

Entonces, por las dudas, la violencia cruda debe ser complementada (no sustituida) por mecanismos menos rudos de control social en todos los rincones de la sociedad. 

La filosofía del siglo XX indagó y mostró cuán complejas, sutiles y capilares son las lógicas que definen el poder de un régimen. Foucault alumbró intersticios oscuros donde la servidumbre circula en el interior de relaciones cotidianas, discursivas; disciplinas aprehendidas a través de vínculos, discursos y prácticas sociales. 

Ni el Estado y sus fuerzas represivas, ni las instituciones políticas, explican ni bastan para garantizar la estabilidad de un orden social. También son necesarias técnicas que vigilen y disciplinen en espacios microsociales: lugares de trabajo, estudio, sindicales, espacios de encuentros comunitarios en general. Hoy: redes y el espacio virtual.

La “inteligencia encubierta” anticipada por el DNU podrá desempeñar dos funciones: obtener información “estratégica para la toma de decisiones del Poder Ejecutivo” al tiempo que paralizar acciones y enmudecer palabras ante el rumor, la sospecha, el temor de que ahí, en ese lugar, la SIDE esté escuchando y viendo, aunque esto no ocurra. Esto es, oficiaría como un panóptico, la teoría más popular o popularizada del filósofo francés, basada en una observación de la arquitectura carcelaria. 

Esta permite una vigilancia que todo lo ve sin ser vista. En el centro de esa disposición circular de las celdas, se erige la torre desde donde el guardiacárcel las puede ver. A la inversa, los presos no tienen posibilidad de advertir si hay o no personal penitenciario en ese puesto. La vigilancia se automatiza. La cabina de la torre puede estar deshabitada, pero, por temor a estar en la mira policial, los reclusos actúan como si desde allí los apuntaran ojos y un fusil.

Foucault extendió esta lógica a la sociedad para mostrar un modelo disciplinario donde el sujeto se vigila a sí mismo, aunque no sea observado, por miedo a ser descubierto y castigado por conductas que no respondan a “la norma”. El régimen patrulla la vida de las personas para sancionar a las “anormales”. 

Norberto Bobbio, teórico y filósofo de la política italiano, lo dijo con otras palabras: “La forma ideal del poder es la del poder atribuido a Dios, el invisible que todo lo ve”. 

El decreto presidencial extiende la actividad de inteligencia a las oficinas estatales; habla de “amenazas cognitivas”; crea la Agencia Federal de Ciberseguridad cuya tarea específica es “ejecutar estrategias de seguridad en el ámbito digital”. 

Será una vigilancia ubicua, por aire, mar y tierra. 

Falta saber si el enemigo detectado que ordena esta hipótesis de conflicto interno amerita tanto poder de fuego preventivo. 

*Vigilar y castigar: el nacimiento de la prisión

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 
* Vigilar y castigar: el nacimiento de la prisión

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