
Versiones // El otro viaje a la Luna
“El The Wall de la Generación X”. Así se presentó el tercer álbum de Smahing Pumpiks en palabras de su propio creador, Billy Corgan. Era el año 1995, el reinado del grunge todavía se mantenía (un año antes Kurt Cobain era encontrado muerto en su casa de Seattle), y esta banda de Chicago enrolada en el siempre amplio concepto de “rock alternativo” sacaba su obra cumbre: “Mellon Collie and the Infinite Sandness”, álbum doble de 28 canciones (se llegó a editar en formato de triple vinilo) que vendió dieciséis millones de copias, galardonado con nueve discos de platino y uno de diamante, tuvo siete nominaciones a los Grammy, y fue considerado el mejor disco editado en ese año ’95.
Si bien no es una obra estrictamente conceptual (como sí lo fue el The Wall de Pink Floyd), el disco está dividido en dos conceptos muy específicos: Dawn to dask (Del amanecer al anochecer) y Twilight to Starlight (Del ocaso a la luz de las estrellas), que son los subtítulos de los dos discos que lo componen. La luz y la oscuridad, el amor y la muerte (Eros y Tánatos, según un tal Sigmund Freud), “la condición humana del sufrimiento mortal”, según las palabras del propio Corgan.
Sufrimiento, congoja, excitación, angustia, euforia, todo condensado en canciones como “Bullet with buterfly wings”, “Zero”, o “1979”, que reflejaron casi a la perfección el mundo del adolescente errático marcado por los noventa, el ABC de la llamada Generación X. La banda venía trabajando con el exitoso productor Butch Vig (“Nevermind” de Nirvana, entre otros) pero esta vez quiso Billy Corgan agarrar las riendas del asunto apoyado por el resto de la banda (James Iha en guitarra, D’Arcy Wretzky en bajo y Jimmy Chamberlain en batería).
La característica central de este álbum doble desde lo estético, la dio ese aire onírico y anacrónico que combina elementos victorianos con el imaginario espacial–lunar, y es ahí donde la referencia a George Méliés se hace inevitable. El cineasta francés, precursor de los efectos especiales, de la ciencia ficción, y uno de los padres del surrealismo, con su “Viaje a la luna”, de 1902, marcó un antes y un después en el uso de estos recursos, y transformó a ese filme en una de las obras ms influyentes del arte moderno. En la canción “Tonight Tonight”, con la ambientación de la Orquesta Sinfónica de Chicago, y más precisamente en su videoclip, es donde el tributo a la obra de cine mudo de Méliés se manifiesta. El clip muestra el lanzamiento de un zeppelin a la Luna, y esa Luna posee una explícita similitud a la cara lunar de “Le Voyage dans la Lune”, como el cohete en el que escapa la pareja protagonista, también muy parecido al de la película de Méliés. En épocas del auge de MTV, el tener un videoclip que marque diferencia era imprescindible para cualquier banda de primera línea, por eso todos los cañones estuvieron apuntados a esta especie de superproducción, contratando a la dupla Valerie Faris y Jonathan Dayton como directores. Los trajes utilizados por la banda y por los actores del clip son de época (estilo victoriano), y la anécdota curiosa al respecto es que como el clip de filmó casi al mismo tiempo que se rodaba la faraónica película Titanic, Jame Cameron; se hizo muy difícil para la producción conseguir todo el vestuario solicitado, ya que la filmación de la película había prácticamente agotado el stock de esa indumentaria. La portada estuvo a cargo de John Craig, uniendo las imágenes de una enciclopedia infantil con la estrella de una publicidad de whisky, más el torso de la mujer del cuadro Saint Catherine Of Alexandria de Rafael; y la cabeza de otra mujer de la obra The Souvenir (Fidelity) de Jean-Baptiste Greuze. Originalmente iba a ser una foto de la banda, pero por cuestiones presupuestarias (el fotógrafo elegido se excedió en el número) se decidió acudir a esa opción, que terminó por conformar una de las tapas más reconocidas y mejores logradas de los noventa.
Es “Mellon Collie and the Infinite Sandness” no sólo la obra cumbre de Smashing Pumpiks, sino el último disco con la formación clásica, ya que el baterista Jimmy Chamberlain se iría de la agrupación poco tiempo después. Los siguientes trabajos (sobre todo “Adore” y “Machina/The Machines of God”) tuvieron que sortear el difícil escollo de ser los sucesores de un disco icónico, único e irrepetible. Nada hubiera sido posible si el francés Méliés no lo hubiera hecho 93 años antes…
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