Jóvenes privados de la libertad, con derecho a observar las estrellas

Sociedad 31/07/2017 Por Miriam Campos
Mirar el cielo nocturno es un derecho cultural de todos, inclusive si el contexto es la cárcel. Científicos del Observatorio de Córdoba, conectan a adolescentes privados de la libertad con algo tan cotidiano, universal y que a veces ni siquiera miramos, como son las estrellas.
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Si una noche despejada, uno se para en cualquier esquina del centro de la ciudad de Córdoba, levanta la vista hacia el cielo e intenta contar las estrellas, seguramente no podrá identificar más de 140 -según un experimento científico-. Observar el cielo nocturno es un derecho para todos y se está perdiendo. En todas las grandes ciudades, por la contaminación, la humedad, las luces, uno tiene menos acceso a la contemplación de los astros.

El cielo es cultura. Es algo que apreciamos y lo que observamos se puede interpretar como constelaciones, por ejemplo. De eso puede hablar una abuela, un padre, los niños. Las familias saben cosas del cielo y las cuentan. Alguien puede hablar sobre las fases de la luna o cuándo es la mejor época para cultivar. Por ello, los conocimientos vinculados al cielo son construcciones humanas y ese aspecto lo convierte en cultural. Sin embargo, es algo que se está perdiendo, sobre todo en contextos particulares, como los lugares de encierro punitivo.

En esa línea, Derecho al Cielo Nocturno es un proyecto de astronomía que trabaja con jóvenes privados de la libertad y busca rescatar esa conexión humana con el cosmos. La idea y la dinámica de trabajo comenzaron en 2012, en la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de La Plata y en 2015 llegó a Córdoba a través de la investigadora Carolina Charalambous, quien había trabajado en el proyecto en Buenos Aires.

“Hay muchos chicos que llegan a las instituciones de menores, tras una situación de violencia o tal vez llegan drogados o de noche y entran a un edificio pero no saben dónde están”, explica Charalambous y cuenta: “Una actividad que se realizó en el marco del taller en el Cecam -Centro Socioeducativo para Mujeres Adolescentes- por ejemplo, fue identificar las paredes por donde aparece el sol durante la mañana, con eso aprendimos sobre su trayectoria en el cielo, luego pusimos un mapa en el suelo orientado de acuerdo a los puntos cardinales y cada uno dijo de dónde venía. Así, entendían que su casa estaba en tal punto respecto a la ciudad. Un adolescente puede saber dónde está su casa, entendiendo algo tan sencillo como por dónde sale el sol. Eso moviliza porque los chicos en situación de encierro pueden saber dónde está la familia, por ejemplo, y para ellos es importante”.

Derecho al Cielo Nocturno en el Cecam y el Complejo Esperanza

Este año Derecho al Cielo Nocturno, en concordancia con la Secretaría de Niñez Adolescencia y Familia (Senaf), trabaja con adolescentes del Complejo Esperanza -un establecimiento para jóvenes en conflicto con la ley penal y que está ubicado en la localidad de Bouwer-. “Los dos años anteriores, los talleres se hicieron con las chicas del Cecam y culminó con una visita de ellas al Museo del Observatorio de Córdoba, fue una manera de reconocer lo que ya sabían. Fue una instancia más del proyecto, las chicas estaban muy entusiasmadas con el hecho de venir a observar, explica Facundo Rodríguez, astrónomo de la UNC, quien realiza una especialización en divulgación pública de la ciencia.

Que adolescentes en situación de encierro puedan hacer este tipo de actividades culturales como cualquier otro joven, no es tan simple, se necesita que la Justicia autorice la salida. Ese día, en su visita al museo, las adolescentes del Cecam presenciaron la apertura de la cúpula del observatorio y al mirar por el telescopio contemplaron Saturno y el encanto de sus anillos. El juez que ese día brindó el permiso para el paseo, de alguna manera entendió la fuerza significante de una oportunidad así.

“El objetivo del proyecto es trabajar en simultáneo dos cosas: los derechos y la observación nocturna, o los conocimientos acerca de la astronomía. Al mismo tiempo, se intenta romper esas estructuras de la dinámica de encierro en los jóvenes, porque ellos no tienen derecho a salir al patio de noche”, explica Rodríguez y agrega: “En realidad cuando se habla de un niño o adolescente en contexto de encierro, tienen los mismos derechos que cualquier otro niño o adolescente. Por lo tanto, la situación de encierro no debería vulnerar el derecho a poder observar las estrellas”.

Democratizar el saber

En su dinámica, Derecho al Cielo Nocturno no expone clases si no que realiza talleres donde “el saber astronómico circula durante los encuentros semanales que se realizan con los jóvenes a los que siempre les explicamos que ninguno está obligado a participar. El mismo tiene un carácter estrictamente interdisciplinario, del que además de astrónomos participan personas con formación en psicología, antropología, filosofía y comunicación social”, explica Román Vena Valdarenas, astrónomo que también trabaja en actividades de extensión en la Estación Astrofísica de Bosque Alegre y el Telescopio Itinerante, otro proyecto de divulgación del Observatorio de Córdoba.

“Las actividades que planteamos apuntan también a democratizar el saber científico, de poder acercar un saber que quizás en ese contexto no se da”, aporta Oscar Vives desde una óptica antropológica y agrega: “En las instituciones de encierro para los jóvenes, hasta las cuestiones educativas están divididas por género, por eso en Cecam hay talleres de peluquería, maquillaje, bordado y en el caso del Complejo Esperanza, donde hay varones, los talleres y actividades tienen que ver más con trabajos en la huerta, en usar la fuerza, estas actividades están directamente relacionadas con la cuestión del estereotipo de género”. Visto desde este plano, Derecho al Cielo Nocturno busca democratizar el saber, va más allá de la oferta tradicional que tienen los adolescentes en estos contextos.

¿Por qué poder observar el cielo es un derecho cultural?

Armando Mudrik se especializa en astronomía cultural, dentro de este marco trabaja en el área de etnoastronomía y cuenta: “Por un lado la práctica de observar el cielo se da en casi todas las sociedades, algo que está vinculado a distintos planos de la vida social de las personas que lo practican. Excepto los astrónomos académicos o científicos, la observación del cielo es algo que se realiza en el contexto de otras actividades y no con un fin intelectual. En ese sentido, si bien en un contexto de encierro uno está privado de su libertad, observar el cielo sigue siendo un derecho no considerado y vulnerado”.
De acuerdo con Mudrik, la psicóloga Antonella Mur, quien participa en el proyecto desde el comienzo y aporta desde su experiencia profesional en contextos carcelarios, comenta: “Cuando alguien, adulto o joven, es detenido empieza un proceso judicial porque cometió un delito, es juzgado y tiene una sentencia que va a cumplir en determinada cantidad de días encerrado, según el caso. La ley explica que esa persona, el único derecho que va a tener coartado es la libre circulación, los demás deben estar garantizados: educación, salud, recreativos, derechos culturales”.

Para Mur, cuando uno entra a un lugar de encierro punitivo, se encuentra con el horror. “Hay muy poco garantizado, es más, el sistema a veces solo garantiza que una persona sobreviva, con comida, una frazada, agua caliente en determinados horarios y nada más”, comenta y señala que la cárcel tiene un propósito, implícito o explícito, que es sacar de su condición de sujeto a una persona para corregirla, para que aprenda, para reeducarla. "Existe el derecho a mirar el cielo, a ubicarnos en el mundo, a reconocernos como personas"  explica la psicóloga y destaca: "Particularmente cuando uno está encerrado, es el derecho a poder tener un contacto con lo que está afuera de la cárcel y lo más exterior que se tiene estando encerrado; es el cielo”

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