La historia detrás de la postal de los 70 mil pañuelos

Para cubrir la Plaza de Mayo de pañuelos blancos, se cortaron –y donaron- 16.000m2 de polipropileno. La idea fue una propuesta difundida en las redes sociales. Una fábrica de ropa descartable se encargó de la producción.
País15/05/2017

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Foto: Eitan Abramovich -AFP-

Las marchas históricas del miércoles 10 de mayo, en repudio al fallo del 2x1 de la Corte, tuvieron momentos de mucha emoción. Uno de estos, sucedió en Plaza de Mayo en Capital Federal, cuando 70 mil pañuelos confeccionados con spundbonded, el material que se utiliza para hacer barbijos, ambos y otras indumentarias descartables cubrió la mítica Plaza de pañuelos blancos.

Un símbolo que atraviesa la historia argentina, y que se resignificó a partir de esa imagen que dio la vuelta al mundo. 

Tiempo Argentino siguió de cerca el hecho y publicó la historia detrás de esta iniciativa. “Era la oportunidad de poder hacer una mínima ayuda. La idea la podían tener muchos, pero la podíamos instrumentar porque es nuestro trabajo permanente”, dice Sergio Pomeraniec, quien llevó adelante la iniciativa junto a Guillermo Buitrago y Sabrina Pipman, sus compañeros de trabajo. 

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“Soñé esa foto que anda dando vueltas”, dijo Sergio Pomeraniec.  La idea fue tan espontánea como el llamado a marchar con el icónico símbolo de las Madres y Abuelas, una propuesta difundida en las redes sociales que los organismos resolvieron aceptar y promover.

Durante dos días, la fábrica se convirtió en una usina de producción de pañuelos. En dos horas, cortaron 35 mil pedazos de tela. El martes, dos cortadores se quedaron después de hora para llegar a la segunda tanda. La noticia del proyecto ya en marcha llegó a diversas agrupaciones que pasaron a buscar bolsones. 

El miércoles, los pañuelos se entregaron en distintos puntos de la Ciudad. Guillermo se guardó unos pocos para repartir con los hijos, gemelos de nueve años, cerca de la Catedral. No pudo pisar la Plaza. Sergio tampoco. Regaló los últimos pañuelos cuando entró al subte A en Flores. El vagón, de a punta a punta, se vistió de blanco. “Me lo pedían todos. Se pusieron a cantar. Fue conmovedor”, recuerda Sergio.

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