Homenaje a “Musha” Carabajal en Cosquín: celebrar a un músico más que necesario
“Hay que vivir la vida. La vida es hoy“, decía y sí que lo sabía Mario Carabajal, con su trayectoria dedicada a la música folklórica. La escena era siempre la misma: un músico que ingresaba cuidadosamente al escenario, con su guitarra y/o bombo legüero, dando muchas veces la voz de aura diciendo con una “a” arrastrada chaaaacarera.
Mario Rolando Carabajal, integrante de una de las familias referentes –y señeras- del folklore de nuestro país, llegó a la vida un 2 de junio de 1952 a orillas del río Dulce, en la ciudad de La Banda, Santiago del Estero.
Hijo de Romelia Brandán, a quien le decían María o “Doña Niña” y Enrique Carabajal; segundo hijo, de los 12 hermanos, de la prolífica familia de artistas Carabajal, siendo Cuti el menor, y el único que vive. Desde entonces a Mario le decían el “Musha”, término quichua que significa gato, sobrenombre que le puso un amigo del padre cuando lo conoció a meses de nacer.
El artista santiagueño dedicó toda su vida, en el género folklórico, a la música popular, en la búsqueda de ritmos no sólo de raigambre de su Santiago natal, sino también de la poesía y el canto de cada región en las ricas variantes que conforman el país federal. Tenía 14 años cuando ingresó al grupo junto a sus hermanos, tíos y primos. Era el año 1968, y desde entonces grabó cincuenta y tres discos.
Mario Carabajal es uno de los grandes referentes del folklore nacional, quien con firme compromiso social y a sabiendas de la incidencia de la capacidad transformadora de la música, defendió y acompañó la formación de numerosos grupos musicales, realizó talleres para jóvenes y encendió el fogón de peñas populares.
Trabajador de la cultura
El “Musha” era un trabajador incansable de la cultura. Desde lo artístico musical se encargó de llevar adelante diversos proyectos para la promoción del género. Poseía una mística ligada a la tradición, pero también acompañó a las nuevas tendencias y alentó la formación de grupos emergentes.
Cultor de la amistad, ingenioso y de charla amena, con sencillez y sabiduría en sus relatos, promovió numerosos encuentros con músicas y músicos, bailarines, y poetas; también de los clásicos partidos de fútbol entre periodistas y folkloristas que se realizan los días jueves durante el festival, con asados largos y cafés de madrugada. Para quienes lo conocían, a Mario no le alcanzaba con ser artista: era el protagonista y motor de esa cofradía de cultores de la música folklórica.
De un carisma singular, de bajo perfil, amante del fútbol. Hincha perro de Boca y del Club Sarmiento de La Banda - equipo en el que jugó su padre y dirigió-, aunque había sido jugador del Club Mitre de Santiago del Estero, tenía innumerables amigos y era una persona muy querida en el ambiente artístico. Convidaba con su palabra a hacer rondas, en donde las enseñanzas y discusiones de los diferentes desafíos y disquisiciones que se daban en torno al folklore nacional encendían los debates. Con su bombo legüero animaba y acompañaba la música en el escenario o en guitarreadas de encuentros. Un músico generoso, que en su trayectoria promovió y apoyó a jóvenes artistas y compositores de distintos puntos del país.
Entre las iniciativas que anheló y fue partícipe, fue la de crear una asociación (ONG) para fundar escuelas de música en Santiago. Pero luego redobló la iniciativa, apoyando, junto al periodista César Tapia, la iniciativa de la senadora Magdalena Odarda de llevar el folklore a las escuelas. Propuesta que se tradujo en la normativa 27.535, Ley de Folklore en los establecimientos educativos, que vio la luz el 20 de noviembre de 2019.
En su obra musical, dejó composiciones con referentes del folklore nacional tales como Pablo Trullenque, Mario Alvarez Quiroga, don Sixto Palavecino, Marcelo Berbel. Composiciones como “Pan y silencio” (chacarera), letra de Mauricio Capaccio y Mario Álvarez Quiroga; “Mi ave sin dueño” (Chacarera), letra de Pablo Raúl Trullenque; “Yo quiero ser la causa” (canción) de Marcelo Berbel; “Pa’ que se borren mis penas” (chacarera), letra de Marcelo Perea; “Mi voluntad”, de don Sixto Palavecino; “Santiagueños por demás”, letra de Rodolfo Lucca; “No hay amor sin vos en mi zamba”, letra de Bebe Ponti; “Canción a Santa Clara” y “Chacarera de las clarisas”, con letra de Bebé Ponti. Estas últimas integran la obra Cantata a San Francisco, de Los Carabajal y Bebe Ponti.
Hechizo del encuentro
Los eneros coscoínos tenían para Musha la alquimia del encuentro. En el escenario mayor Atahualpa Yupanqui, en las peñas, los cafés, en los balnearios del río Cosquín, las plazas, era fácil hallarlo conversando en medio de la marejada de personas que van y vienen por las calles de la capital del folklore en las sierras cordobesas.
La Nueva Mañana dialogó con su compañera de vida, Miriam Talone, quien acompañó y trabajó en diversos roles vinculados a la trayectoria artística de Musha Carabajal, y latió a la par de él vivencias inéditas. Entre ellas, la de protagonizar el primer casamiento folclórico celebrado a orillas del río Cosquín, aquél mediodía del 28 de enero de 2020.
En un sulky llegó la pareja al repiqueteo de bombos y tambores, para celebrar la vida. La fiesta fue organizada por un grupo de periodistas que, en complicidad y amorosidad genuina, ultimaron los detalles para la inolvidable jornada que convocó a familia, personalidades del mundo folk, y público curioso.
Miriam Talone recuerda y trae a su memoria el legado de Mario: “El amor a lo nuestro, a cada región, a la identidad y raíces. Como él decía, para saber de dónde venimos y a dónde vamos, tenemos que conocer y reconocernos”.
Su legado es muy amplio porque no sólo dejó canciones, sino que apoyó y aportó a la declaración de la Ley de Folklore en las Escuelas. Algo que siempre le ha interesado, e incluso tenía un proyecto de hacer escuelas sobre el tema, en Santiago y otras localidades”.
“Otro rasgo importante por el que se distinguía, es que era promotor e impulsaba el crecimiento de artistas emergentes. Él tenía varias aristas: la de músico, integrante del conjunto Los Carabajal durante 58 años, la de haber conducido el programa “Carabajales” en radio Nacional desde el 2009 hasta el 2023, con diálogos y entrevistas en las que daba espacio a las y los consagrados y a quienes se iniciaban en el camino musical. Celebraba la palabra, el diálogo fraterno. Si bien fue siempre un defensor de la identidad santiagueña, él respetó y valoró mucho la producción de las distintas regiones del país. Le gustaba recorrer la Argentina y lo hizo a lo largo y ancho de toda nuestra extensa geografía”, añadió Miriam.
¿Qué significaba el folklore para Mario?
Era su forma de vida, su manera de contar quién era, quiénes eran, su historia. Todo lo relataba desde la música folclórica de su región. Cuando aparecía alguien con su música era como el DNI de la persona.
Muy puntilloso, profesional, le gustaba la puntualidad, el conocimiento no solo desde lo académico, sino también de la raíz genuina de los saberes populares de la tierra.
Fue un trabajador de la cultura que bregó por la música popular con un sello y estirpe propia.
¿Cuál es el sentido del homenaje en el festival?
Cosquín era un lugar que él amaba. La iniciativa es un reconocimiento a su trayectoria, por su contribución a la cultura, la identidad y sus raíces. Mario valoraba todos los festivales que se hacían, en cada pueblo o región. No se cansaba de decirlo. Pero el de Cosquín era un lugar especial, el lugar de encuentros y reencuentros.
Y siempre lo hacía desde diversos roles, porque participaba en el escenario como artista, o bien como jurado en los espectáculos callejeros, o incentivaba a jugar el partido de fútbol de periodistas y artistas, o por haber tenido peña durante quince años y organizarlas para el conjunto o con el conjunto. Él se preparaba, durante muchos meses, para venir a Cosquín.
¿Cómo surgió esta celebración a “Musha”?
El homenaje surgió como una propuesta de los organizadores del festival. Para ello fueron convocados los productores Daniel Nazer y Norberto Baccon para la organización e hicieron partícipe a Miriam Talone.
“La dirección artística está a cargo de Hugo Casas, los textos son de Bebe Ponti, las imágenes de Martín Cáceres y tendrá la participación de artistas que creo que Mario hubiera querido que estén desde lo familiar, lo afectivo, la empatía, lo que en algunos se proyectó y ayudó a proyectar desde el inicio del grupo, lo que dejó formado antes de partir”, cuenta Miriam Talone.
Los artistas que formarán parte del homenaje de este jueves son Cuti y Roberto Carabajal, Peteco Carabajal, el Dúo Coplanacu, el dúo Orellana-Lucca y El Canto que Emerge, que es el grupo que dejó armado antes de partir, y con quienes venía tocando en algunas presentaciones.
Fue en enero del año pasado cuando Musha Carabajal se despedía del escenario mayor, casi intuyendo, o sabiéndolo. El gran artista falleció el 13 de abril de 2025.
“Voy a correr por la costa / de mi querido río Dulce / bajo mi sol santiagueño / donde mi cielo reluce. Voy a entregarle a la arena / mis huellas mis pies descalzos pa que se borren mis penas / y mi alma viva en descanso", dice la letra de “Pa que se borren mis penas” de Marcelo Perea, y música de Mario Carabajal.
Ese mismo aire de chacarera que corre en el cauce del río Cosquín y hace que hoy se mantenga viva su obra en un homenaje más que necesario.
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