Cultura Por: Miguel Apontes24/09/2026

El cine de acá y el secreto (si lo hay) para lograr el reconocimiento internacional

“A veces me entra tristeza, otras veces rebelión” se alzó con el premio mayor en las Giornate degli Autori. “La noche está marchándose ya” cosechó premios en cada festival donde se proyectó. 
    Cordobeses galardonados en "Le Giornate degli Autori" de Venecia. Eva Bianco (protagonista); Ana Apontes (productora); María Aparicio (directora); Rodrigo Guerrero (productor); Ramino Sonzini (montajista) y Roger Koza (protagonista). Foto: gentileza. 

     

    Dos producciones con claro acento cordobés, de las que se está hablando y mucho. Pero no son las únicas que destacaron en los últimos tiempos en términos del reconocimiento toda vez que se proyectaron en festivales del país y, fundamentalmente, del exterior.

    Días atrás el filme dirigido por María Aparicio descolló en la 23ª edición de las Giornate degli Autori. “A veces me entra tristeza, otras veces rebelión” logró el máximo galardón en la sección autónoma y paralela del prestigioso Festival Internacional de Cine de Venecia. Por estos días se proyectó con éxito en el Festival de San Sebastián; participa en la sección competitiva Zabaltegi-Tabakalera.

    En tanto, “La noche está marchándose ya”, dirigida por Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini, viene acumulando desde el año pasado importantes distinciones. Premios y reconocimientos DocLisboa (Portugal); Seminci de Valladolid (España): FICValdivia (Chile);Internacional Cinéfila; FICER (Entre Ríos), FICH (Chile) y el Festival de Cine del Uruguay.

    Conversaron con Cultura en la aldea quienes están detrás de estos trabajos. Nombres que se repiten en las sucesivas películas de Aparicio y de otros realizadores. Y escuchar a Rodrigo Guerrero y Ana Apontes (productores); Ramiro Sonzini (editor) y Eva Bianco (actriz), permite acercarnos a “la cocina” de estas producciones y entender un poco las razones de su éxito. Sólo restó dialogar con el debutante Roger Koza, que nos tenía acostumbrado a su rol de crítico. En la lista, no es posible eludir la tarea de Ezequiel Salinas, en cámaras y fotografía, su sensibilidad siempre plasmada en el resultado final.

    "Nos hace feliz hacer cine y pensar el mundo a través de las películas", sostuvo a LNM Aparicio tras obtener el galardón en Venecia. Toda una definición. 

    Roger Koza, María Aparicio y Eva Bianco. En la 23ª edición de las Giornate degli Autori, alcanzaron con su película el máximo galardón del festival realizado en Venecia. Foto: gentileza.

    Hacer cine independiente desde Córdoba

    Producir un largometraje independiente hoy importa, desde agudizar la capacidad de resiliencia, hasta buscar alianzas estratégicas apelando a la creatividad para reunir recursos.

    Ante nada prima la obsesión de hacer el cine que se quiere hacer, a pesar de los presupuestos limitados y el contexto socioeconómico adverso, donde incluso la cultura, con las distintas áreas y organismos del Estado que deben promoverla son, si no desmantelados, claramente desfinanciados en medio de furibundos ataques a la actividad montados en una supuesta “batalla”.

    “Producir en Córdoba es algo muchas veces complicado, pero a la vez muy gratificante. Generalmente las producciones, al menos estas películas que venimos haciendo, son de escala más pequeña, responden a una idea de cine autoral, independiente. De ahí que nos exige adoptar estrategias para resolver su financiación”, explicó Rodrigo Guerrero, productor de “A veces me entra tristeza, otras veces rebelión”.

    La película se hizo con recursos mínimos, con aportes del propio equipo. Y destacan que ya en el proceso de postproducción el proyecto obtuvo en junio el premio principal en el ECAM Forum, el mercado internacional de coproducción que organiza la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid. Eso implicó la incorporación de coproductores españoles y una inyección de recursos.

    ¿Cuánto cuesta hacer una película? “Es difícil ponerle un número. Nosotros tenemos algo que se repite en todo el cine que se hace en Córdoba, y es que los productores, incluso los directores, cumplimos más de un rol dentro de las películas. Esta película se filmó con un equipo muy pequeño, de siete, ocho personas, incluyendo los actores. Entonces Ramiro es productor y montajista, yo soy productora ejecutiva junto a Rodrigo, pero Rodrigo fue asistente de dirección y yo jefa de producción y Maru también monta”, cuenta Ana Apontes.

    El “núcleo duro” se repite en distintas producciones. “Trabajamos con muy pocos recursos técnicos, la película se filmó prácticamente con luz disponible. Obviamente, hay un gran trabajo enorme de Ezequiel Salinas, con su mirada y poética visual le da un gran valor a la película”, amplía Rodrigo.

    El Estado y sus programas de fomento

    El Polo Audiovisual Córdoba se lanzó para impulsar y desarrollar la industria del cine y los contenidos digitales en la provincia. Además de promover la generación de empleo, se plantea atraer inversiones, nacionales e internacionales.

    -¿Qué incidencia tiene en estas películas el Polo Audiovisual?

    Ramiro Sonzini: “Ahora que el Incaa está entre desarticulado y completamente reducido, las ayudas regionales son fundamentales. El Polo Audiovisual es una de ellas, de hecho recibimos un fondo de incentivo a la producción, muy importante para que los técnicos que trabajaron en la película pudieran cobrar, porque además de hacer cine somos todos trabajadores. El gran problema que tiene el Polo institucionalmente es que cada año por ahí lo poco que se logra está al borde de desaparecer. Hay un pre proyecto de modificación del fomento, que ya es limitado pero sirve; lo quieren cambiar hacia una especie de incubadora de desarrollo de proyectos. Para hacer cine cordobés como el que hacemos, los recursos deberían ir creciendo y así poder mejorar las condiciones de producción para alcanzar más visibilidad, llegar mejor al público. Nuestro trabajo depende mucho de la creatividad, pero también depende del dinero. Por eso es importante que quienes diseñan las políticas públicas para incentivo del cine en Córdoba entiendan que lo que necesitamos es que nos cuiden en términos materiales, que haya un fomento que crezca, que se nutra, que sea cada vez más grande, concretamente que haya más dinero destinado a más producciones.

    Ana Apontes: Hay un fomento específico para directores, guionistas y productores independientes, locales; y después existen otras líneas para otro tipo de proyectos, como el ‘Cash Rebate’, que tienen que ver con inversión extranjera o gente que viene de otras provincias y filma en Córdoba. En este caso, lo que a nosotros nos ayudó a terminar la película fue este fondo específico, y ése es el fondo que tiene que crecer”. 

    La reivindicación de la condición de trabajadores y trabajadoras es recurrente. “En todas las películas, los documentales, pagamos a quienes participan. Son trabajadores igual que nosotros dentro del proceso. Siempre está previsto, y en esta película se pagó un poco cooperativamente, todos cobramos en relación al tiempo insumido”, amplió Ana. 

    Tercia en la conversación la gran Eva Bianco, la protagonista del filme junto a Roger Koza, parte indiscutible del “núcleo duro” de estas producciones. “Con semejante reconocimiento, que haya sido noticia Maru con el premio en Venecia, obliga al Gobierno de la Provincia a acercarse a esta directora, porque a veces se da que no tienen idea que existe su cine y toda esta gente que trabaja en sus producciones. Es un buen momento para escuchar las voces de esta gente y que los recursos que brinda el Estado se mantengan y se amplíen. El Estado debe entender lo estratégico de su apoyo, y a partir de lo que está pasando apoye mejor este trabajo”, añadió la actriz.

    Decime cuál es el secreto

    El disparador lleva a pensar Córdoba, con su Escuela de Cine en la Facultad de Artes de la UNC, su tradición de cineclubes, la cinefilia.

    “Hay algo muy particular en Córdoba en la forma de hacer cine. De alguna manera nos formamos como comunidad, sobre todo los directores y productores independientes. Durante mucho tiempo se fueron armando pequeñas agrupaciones ya desde la época de la Universidad, a pesar de que no cursábamos juntos. Con Rodrigo, por ejemplo, participamos de organizaciones como ‘Córdoba produce cine’, estuve con Cine Nómade, Cine Club La Quimera. Después en agrupaciones como el Colectivo de Cineastas, la Asociación de Productores Audiovisuales de Córdoba (APA)”, señaló Ana Apontes. 

    -Esa tradición de organizarse y trabajar colectivamente, como una marca…

    Ana Apontes: Desde esas organizaciones se llevaron adelante acciones conjuntas. En Córdoba, además, todos venimos de una tradición de más de 20 años, desde la universidad. Con las primeras películas, a partir del fomento que impulsaron quienes estuvieron al frente del Polo Audiovisual. Así pudimos acceder a algunos concursos del Incaa, pudimos concursar nuestros largometrajes sin tener antecedentes previos. A partir de ese momento se realizaron películas en Córdoba que abrieron el camino a una profesionalización de los técnicos y realizadores. Y también está esa tradición de documental, que incluso en las películas de Maru está muy presente, ese cruce con el documental, por caso en ‘Las Calles’, su primer trabajo, pero también en ‘Sobre las nubes’ o ‘Las cosas indefinidas’. 

    -¿Qué tan importantes son los espacios públicos?

    Ana Apontes: Córdoba tiene una gran tradición de cineclubismo, y gran parte de nosotros viene de la formación allí. Un espacio como el Cineclub Municipal, una fuerte formación en la cinefilia. Todo eso, de alguna manera, nos une para sostener tantas ideas en común.

    Rodrigo Guerrero: “Llevamos muchos años trabajando juntos”

    -Lograron conformar un grupo sólido, ¿cuánto incide conocerse tanto?

    -Sin dudas ayuda a la dinámica que tenemos de producción el conocernos desde hace años, siempre haciendo películas que tienen una dimensión similar. Estamos acostumbrados a rodar con recursos mínimos, con pocas personas y optimizando las posibilidades de realización en situaciones muchas veces no del todo favorables, con lo disponible en lo que tiene que ver con locaciones, iluminación, incluso las cuestiones de ambientación. Hemos trabajado en diferentes roles. Reuniendo todo eso, con la experiencia acumulada, todo fluye más rápido. Cuando nos conocemos después de tantos años de filmar, hay cosas que no hace falta hablar tanto, porque, solo con organizarlas y preverlas ya suceden naturalmente. Conozco bastante el modo de filmar de Maru, más allá de la confianza que tenemos en ella, en su mirada, en su capacidad para narrar y para poner en foco su sensibilidad al servicio de una película y contagiar el entusiasmo en un equipo. 

    -Son un equipo que juega de memoria…

    -El arte se cruza con la vida, la producción de las películas se cruza con la vida. Somos amigos, compartimos muchas cosas, y eso hace muy gratificante la experiencia de los rodajes. Creo que el secreto está ahí. Y ojalá que, a partir de esta oportunidad, podamos tener un poco más de recursos para seguir haciendo películas. Estamos agradecidos de trabajar juntos, mucha gente comparte experiencias de rodaje, y después no vuelven a elegirse para hacer películas. En nuestro caso, nos volvemos a elegir, confiamos en cada uno y nos admiramos mutuamente.

    -Para la película “A veces me entra tristeza…”, ¿cómo fue filmar en España?

    -No hubo mucha diferencia con filmar en Argentina. Nos contactamos con la comisión de filmaciones de Madrid, porque teníamos que rodar en la calle, hay muchos exteriores en la película. Averiguamos cómo era la movida de rodajes, el movimiento habitual de la ciudad, los permisos. Filmar en un espacio público, sobre todo en una ciudad turística como Madrid, implica no obstruir el movimiento habitual. Nuestro equipo es reducido así que lo pudimos hacer.

    Eva Bianco: “Que podamos seguir filmando”

    Eva fue convocada por María Aparicio de manera recurrente para sus películas. Una suerte de alter ego, mucho más allá de su colaboración continua. Eva se convirtió en la mujer que se introdujo en las historias, una extensión física y emocional de la directora. 

    -El premio en Venecia, ¿es un empujón para seguir haciendo cine?

    -Es una gran satisfacción haber hecho la película y una gloria que haya sido reconocida en Venecia. A futuro, pienso que puede influenciar este premio para que vengan más películas, para que se siga filmando. Me encanta este tipo de cine, el modo de trabajar tan cercano que hemos construido con todo el equipo. Anhelo que ellos sigan filmando y que en algún momento piensen que algún personaje sea para mí y crean que yo pueda hacerlo. El reconocimiento a Maru abre una oportunidad para que el Gobierno de Córdoba conozca, escuche y apoye al cine local, manteniendo y ampliando los recursos.

    -¿Qué tan importante es el apoyo del Estado?

    -Lo que está sucediendo no es que el Gobierno nacional quite fondos para hacer cine o a la cultura en general, sino que está desmantelando las áreas, los organismos para promover y difundir la cultura, que es muy distinto. No es solamente que saca dinero y recursos. Si pudiera, cerraría todo lo que es el instituto de Cine, las bibliotecas, el Instituto del Teatro, las editoriales. Que todo entre en el ámbito privado y nada más. Eso está pasando. Lo que hacemos necesita apoyo del Estado. Por supuesto que podemos avanzar sin ese apoyo, pero eso se va a agotar prontamente. Tengo 60 años, me jubilé hace un año. Mi jubilación es bastante elemental, pero no es magra porque los últimos 10 años que yo filmé en Argentina se filmó en blanco, hubo aportes. O sea, fui beneficiada de estar legalmente trabajando. Esto se está terminando en este momento en Argentina. 

    Notas relacionadas:

    Cine cordobés: la película “A veces me entra tristeza, otras veces rebelión” fue premiada en Venecia
    María Aparicio: "Nos hace feliz hacer cine y pensar el mundo a través de las películas"

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