La Chaya, una fiesta con multiplicidad de atrayentes matices  

Casi como el colorido paisaje riojano, la máxima fiesta popular de la provincia exhibe una gama de matices muy atrayentes, que vale la pena conocer. Tradición, gastronomía y bellezas naturales son la oferta de La Rioja para el tiempo de febrero.  

Febrero es sinónimo de Chaya en la provincia de La Rioja. La máxima fiesta popular de la región se renueva año tras año, convocando a multitudes, no solo en el predio del Autódromo de la capital provincial, sino también en cada barrio, en cada localidad del interior.

Todo pasa por esa voluntad de compartir, a partir de una vieja tradición que con el paso del tiempo y los criterios de la modernidad ha cobrado un significado nuevo. La historia de amor no correspondido entre Chaya y Pujllay se transforma en una historia de amor al pueblo, resaltando nuevas miradas sobre las relaciones humanas. La albahaca y la harina son el común denominador para la convocatoria a vivir en cada febrero el encuentro que permite expresar la pasión por la tierra y la gente.

Un éxito total

El Festival de la Chaya también es un hecho político, porque involucra en su organización al gobierno y porque se plantea como la oportunidad de proyectar a La Rioja como un destino turístico atrayente y promover la cultura y la economía provincial.

Gustavo Luna, el ministro de Turismo y Culturas de La Rioja, calificó al festival  que acaba de finalizar hace pocos días como “un éxito total”. Para el funcionario este evento es la vidriera principal que tiene la provincia para mostrarse al país y al mundo. El desafío para el gobierno riojano es perfeccionar la organización y tratar de darle al público un espacio con mejores condiciones. El “Chayódromo” es el próximo objetivo para jerarquizar a una fiesta que es mucho más de lo que se ve sobre el escenario en cada noche.

Una fiesta y mil fiestas

La Chaya no se agota en una convocatoria multitudinaria para ver a las figuras nacionales y los artistas locales. El escenario montado en el Autódromo de la ciudad de La Rioja es apenas una parte de la fiesta popular. En cada barrio, cada institución, la gente se reúne para chayar, celebrándose a sí misma y a su tierra. Cada pueblo del interior provincial monta sus espectáculos, sus encuentros, en los espacios públicos.

La Chaya es amistad

“Yo lo hago por una cuestión de tradición y gusto nomás…”, dice Pino Romero, un referente de la cultura riojana que convoca al rancho familiar a celebrar La Chaya. A algunos kilómetros del centro de la capital, en medio de la vegetación autóctona, propia de una región árida, está enclavado el rancho. Un escenario improvisado sirve a los artistas que se llegan al lugar para que muestren su arte, mientras la concurrencia cumple con los rituales de la festividad. Vuela la harina, se alzan las voces cantando, se baila sobre el piso de tierra, se comparte el pan.

“La Chaya significa amistad, respeto, recuerdos, orgullo”, explica Romero, agregando que “es una cuestión de que al riojano no solo le gusta el folclore para La Chaya, la gente desde chiquita hace folclore”.

A La Chaya hay que vivirla

La Rioja posee numerosos atractivos que la erigen como un destino turístico interesante. Atractivos que van desde la Cordillera de los Andes hasta Los Llanos, pasando por valles sembrados con vides, olivos y nogales, que conforman las rutas gastronómicas y del vino. Atractivos que muestran tesoros paisajísticos forjados por los elementos naturales, tesoros arqueológicos que develan la historia del planeta. Atractivos que relatan historias  profundas y un sentimiento de amor a la tierra que se refleja en la irrenunciable vocación federal heredada de los próceres de antaño.

Si el calor de febrero abrasa, el pueblo riojano en febrero abraza, en el inagotable ritual de amistad y hermandad que evoca la festividad de La Chaya, una experiencia para vivir y atesorar.

 

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