Cascada Seca, el curioso lugar de Punilla que sorprende a quienes lo visitan
Entre San Antonio de Arredondo y Villa Carlos Paz se esconde un sitio tan curioso como su nombre. La Cascada Seca combina vistas panorámicas, senderismo y una formación natural que solo revela su verdadera identidad después de las lluvias.
En las notas que he publicado en esta sección durante varios años, he compartido mi experiencia por muchísimos lugares. Entre ellos, hubo muchos destinos que eran raros, ya sea por su paisaje fuera de lo común como por la propuesta que presentaban. Pero nunca antes había ido a un lugar como este, cuyo nombre es casi una contradicción en sí misma.
La “Cascada Seca" la llaman y no se ha escuchado mucho de ella porque, si bien está en un lugar de fácil acceso, es un sitio que unos pocos frecuentan.
Llegué a ella por estar buceando en Google Maps -siempre tratando de encontrar esos destinos ocultos para acercarles-, y terminé de confirmar su existencia por el relato de personas de la zona que suelen visitar este sitio.
Cómo llegar a la Cascada Seca
Por supuesto, usé Google Maps para guiarme hasta el lugar, ya que figuran ahí las instrucciones para llegar.
Pero, para que tengan una referencia, se trata de un lugar que está en la zona serrana entre San Antonio de Arredondo y Carlos Paz.
Para llegar hasta allí hay que ingresar por la costanera de San Antonio y dirigirse en el punto contrario a la Ruta 14, es decir, en dirección a las sierras. Justo donde termina la zona urbana de San Antonio, sale una calle que se interna en la serranía y comienza una pendiente ascendente que lleva a varios metros de altitud.
Hace unos tres años, esta zona sufrió un gran incendio que afectó localidades cercanas como Tala Huasi, Icho Cruz, Mayu Sumaj y el barrio conocido como “Las 400 viviendas” de Carlos Paz que limita justo con estas sierras.
Aún hoy se pueden ver secuelas de ese incendio en los árboles secos, en los troncos quemados y en el color de la tierra que se quedó más oscura en algunas partes.
Mucho monte nativo sufrió el avasallamiento de las llamas y se perdió, aunque varios han logrado sobrevivir y muestran sus brotes jóvenes.
Si bien yo llegué en vehículo hasta la última calle de la zona urbana y luego hice caminando el trayecto que sube por las sierras, se puede continuar en vehículo hasta la entrada del campo donde está el sendero a la cascada, pero es conveniente hacerlo con precaución, con un auto alto o camioneta todo terreno, porque es un camino de montaña, con pozos y piedras sueltas.
Al finalizar el camino se llega hasta la tranquera del campo de Justo, un hombre que heredó el campo de su abuelo y que hoy está acondicionando el lugar para recibir a turistas. Espera que en la próxima temporada de verano pueda tener dos cabañas para alquilar y una proveeduría donde abastecer de pan casero y bebidas.
Actualmente, Justo no cobra entrada para ingresar a hacer el sendero que lleva a la Cascada Seca y recibe con una sonrisa y mucha amabilidad a quienes se acercan cada fin de semana.
La Cascada que no tiene agua
A unos metros de la tranquera de ingreso, arranca el senderito que comienza a internarse en el campo de Justo. Está bien señalizado y circula a la par de un arroyo pequeño.
Luego se divide en dos y hay que seguir por la derecha. Al poco tiempo, se llega al filo de una pared rocosa que corta el paisaje con su morfología. Desde allí se pueden ver las ciudades de San Antonio y Carlos Paz, el Lago San Roque y hasta el Cerro Pan de Azúcar de las Sierras Chicas.
Hay que bajar por un costado de esta mole de piedra porque en su base se encuentra la Cascada seca, que es fácil identificarla porque en medio de un paisaje seco de otoño, una parte de las piedras está oscura y húmeda. Incluso, en su entorno se ha formado un ecosistema con diferentes variedades de helechos y musgos. Una pequeña postal cuasi selvática que es toda una rareza.
Según me contó Justo, en algunas ocasiones, cuando la lluvia es muy abundante, suele llegar el agua hasta volver a formar la cascada.
Este lugar es una rareza entre los múltiples rincones que nos ofrecen las sierras cordobesas, de esos que hay que conocer para creer.